VIDEO Llevaron durante meses materiales en mulas para construir su puesto sanitario

Cuando escuchamos hablar de aquella gente que “hace patria” o que vive en zonas alejadas de las ciudades, muchas veces creemos que es la distancia el único escollo que deben enfrentar para acceder a los servicios y las comodidades de la vida urbana. Pero es mucho más que eso. Son horas y horas de caminar o cabalgar para llegar solo al punto desde donde se puede tomar un colectivo o un remís, para luego viajar otro largo tiempo hasta el primer pueblo en el que se puede acceder a la atención de un médico en un hospital, comprar mercadería o hacer un trámite. Este es el caso de los pobladores de La Capilla - Las Mesadas, un pequeño caserío ubicado entre la Quebrada del Toro, departamento Rosario de Lerma, y La Poma
Allí, precisamente, se terminó de construir hace pocos días un puesto sanitario con todas las condiciones necesarias para que personal de salud preste atención en la zona y la gente pueda ser asistida ante una emergencia. 
El desafío de levantar allí esta dependencia no fue solo presupuestario. Hasta podría decirse en sentido amplio, que es una cuestión secundaria, sino que el verdadero sacrificio fue trasladar hasta esos inhóspitos rincones de la provincia los materiales. De estos menesteres se hizo cargo don Paulino Sulca, un vecino del lugar, quien suele hacer de nexo entre los lugareños, el municipio de Rosario de Lerma y la ciudad de Salta

 

El proyecto se puso en marcha hace cuatro años. Y fue Sulca con algunos “changos” que lo ayudaron, los que llevaron los ladrillones, áridos, cables, cemento, hierros, herramientas y todos los implementos de construcción en verdaderas caravanas de mulas, burros y caballos. 

 


“No fue tarea fácil. Tuve que quedarme a dormir muchas noches donde descargaban el material, para después acomodarlos en los animales y así partir hasta Las Mesadas. Son más de 8 horas de andar y andar por estrechos senderos que dan a profundos precipicios”, relató el hombre. 
Paulino afirmó que se trata de un trayecto que solo pueden cubrir “animales baquianos. Ellos conocen la zona y nosotros también. Cualquier otro se desbarranca, se va abajo. Es muy peligroso para el que no está hecho aquí”.

Para dimensionar el esfuerzo que se hizo, solo basta mencionar que para llevar tan solo un metro de áridos, entre arena y ripio, utilizaron 24 burritos.

Hubo ocasiones en las que ocuparon más de 30 animales. El lugareño recordó que al poco de comenzar la construcción del puesto de salud, la empresa encargada de los trabajos quebró. Luego llegó la pandemia y el proyecto quedó trunco. Tras normalizarse la situación, tuvieron que comenzar nuevamente con las gestiones para que se reanudara la puesta en marcha del proyecto.

 

“Me ayudaron mucho el senador Dany Nolasco y el concejal Lucky Cruz. Ellos me acompañaron a Grand Bourg a explicar el tema y a  pedirles que se reanude la obra. Uno es del campo y muchas veces en las oficinas de la ciudad no nos tienen mucho en cuenta, pero con la ayuda de Nolasco y Cruz conseguimos que se continuara levantando el puesto”, detalló Paulino.


La comunidad es muy pequeña y vive dispersa en la inmensidad de las montañas. Se sostienen con la cría de cabras, algunas vacas, el cultivo de papas andinas, habas y arvejas, entre otras legumbres. Elaboran quesos y todo lo hacen para consumo propio. Lo que sobra lo venden cuando bajan hasta Alfarcito o el Valle, como suelen llamar a los pueblos cercanos a Quijano o Rosario.
El lugar cuenta con una pequeña escuela, la Rosa Alvarado de Vera 4.595, que hace pocas semanas cumplió 100 años, pero debido al frío que hace por estos meses en el lugar, lo celebrarán en noviembre próximo. “Los chicos hacen la primaria aquí, después algunos van al secundario de montaña de Alfarcito, y la mayoría ya no vuelve por la falta de posibilidades. Es muy triste”, expresó Paulino.

 

 

Vivir y morir en la montaña

También los inconvenientes que presenta la geografía de la zona hace necesarios grandes esfuerzos a la hora de dar cristiana sepultura a los seres queridos. Hace un tiempo, Paulino perdió a su mamá, doña Lucía Tolaba, de 90 años de edad. Tal como como lo marca la tradición fue sepultada en el cementerio de Las Capillas, no sin antes “bajar” hasta la ciudad a buscar el féretro que tuvo que, al igual que todo lo que llega hasta allí, ser transportado a lomo de mula. 


Tanto la vida y la muerte, conlleva un enorme sacrificio para estos salteños que habitan las quebradas.

 


Trámites y más trámites

El papá de Paulino, también de 90 años, debe dar fe de vida todos los meses. Su avanzada edad y su frágil salud, hacen que sea imposible mantenerlo estable para captar las imágenes que requiere el trámite online. “Intentemos una y otra vez mantenerlo inmóvil para poder tomar las fotografías, pero el sistema por celular es muy sensible y no logra captarlo. Llevarlo todos los meses a Salta es imposible por su avanzada edad y porque son horas y horas a caballo o a pie. Queríamos ver la posibilidad de que el banco pueda hacerlo por videollamada o algo más accesible para nosotros”, contó el hombre preocupado, ya que de no hacerlo su papá no podrá percibir los haberes jubilatorios.
Pese a las distancias, por gestiones de Paulino y de su hermano Wenseslao el poblado cuenta con wifi, para estar comunicados ante a cualquier emergencia.

 

El último paso

El edificio del Puesto Sanitario y la vivienda para el personal ya están listos. Ahora solo resta que se designe un enfermero o agente sanitario y es aspiración de los lugareños que sea estable. “Tienen todo aquí para trasladarse con la familia. Porque pasa que si vienen solos, por la distancia, después extrañan a la familia y se van. Aquí les vamos a brindar lo que necesiten, para que puedan cuidarnos. Es nuestro máximo anhelo”, concluyó Paulino.


 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de Municipios

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...