Duelo de pesados: el invicto campeón Oleksandr Usyk vuelve a desafiar a Anthony Joshua

Un título olímpico, una carrera profesional inmaculada y el reinado indiscutido en la división crucero eran motivos suficientes para posicionarlo como un púgil de elite. Sin embargo, la figura de Oleksandr Usyk, quien este sábado expondrá ante Anthony Joshua los cinturones de los pesados de la Asociación Mundial de Boxeo, la Federación Internacional de Boxeo y la Organización Mundial de Boxeo, adquirió una dimensión mucho mayor en los últimos 11 meses. En parte, por un logro deportivo. Y en parte, porque la guerra entre su país y Rusia lo convirtió en un símbolo de resistencia para los ucranianos. “No es la guerra en sí lo que me motiva, es la gente de Ucrania que está luchando duramente para defender nuestra independencia, nuestra libertad, nuestra cultura”, explicó el monarca en una entrevista publicada el martes en el Daily Mail inglés. Carismático hasta el extremo, Usyk se mostró tan extrovertido como de costumbre desde su llegada a Yeda (Arabia Saudita), donde se desarrollará el combate, pero algo menos sonriente y bastante reflexivo. El contexto ha motorizado este cambio.

Muy distinto era el mundo el 25 de septiembre del año pasado, cuando el entonces retador batió sin discusiones a Joshua en el Tottenham Hotspur Stadium de Londres ante 66.267 espectadores y le quitó las tres fajas que podrá en juego el sábado. Por entonces, muy pocos podían ubicar Mariúpol o Donetsk en un mapa y solo un puñado de dirigentes con altísimo nivel de responsabilidad y algunos analistas políticos concebían que la disputa entre las vecinas Rusia y Ucrania, que llevaba años, desembocaría en una guerra hecha y derecha. Antes de esa noche consagratoria, el zurdo Usyk había conseguido el oro olímpico de la categoría pesado en Londres 2012 (en esos Juegos, Joshua fue campeón superpesado) y, ya como profesional, había barrido la división crucero. En su camino hacia las cuatro coronas, se acostumbró a pelear y ganar lejos de su casa: obtuvo el título de la OMB ante el polaco Krzysztof Glowacki en Gdansk, el del Consejo Mundial de Boxeo frente al letón Mairis Briedis en Riga y los de la AMB y la FIB contra el ruso Murat Gassiev en Moscú.

Ya sin desafíos en las 200 libras, decidió ascender de categoría en 2019, pese a que su cuerpo resulta pequeño en ese universo copado por mastodontes que lo superan en altura y tonelaje. Hizo dos combates de adaptación frente a los veteranos Chazz Witherspoon y Derek Chisora antes de dar el campanazo ante Joshua. Así, emuló a dos compatriotas, los hermanos Wladimir y Vitali Klitschko, dominadores de la división máxima durante tres lustros; y se sumó a Evander Holyfield y David Haye en la corta lista de campeones crucero que también lograron reinar entre los completos. Fue el 24 de febrero, justo el día en que Yelizaveta, su hija mayor (además tiene dos varones: Kyrylo y Mykhalio), cumplía 12 años. “Ella lloró un poco, por supuesto. Mi esposa le habló, le explicó lo que había pasado. Fue difícil, pero entendió muy bien a qué nos enfrentábamos todos en Ucrania”, relató en una entrevista con The Guardian.

Por entonces, ya se hablaba del desquite con Joshua que se había confirmado apenas dos semanas después de su victoria en Londres (el contrato para el primer duelo contemplaba una cláusula de revancha automática). Sin embargo, Usyk se incorporó al Batallón de Defensa Territorial de Kiev y su carrera quedó en pausa. "Mi país y mi honor son más importantes que cualquier título. Ahora debo luchar contra (Vladimir) Putin por la libertad de mi nación. Mi alma le pertenece al Señor y mi cuerpo y mi honor pertenecen a mi país, a mi familia”, argumentó el campeón, un devoto cristiano, durante una entrevista brindada a CNN desde un sótano de la capital ucraniana.Sin embargo, a fines de marzo abandonó su país para iniciar su preparación para el enfrentamiento con Joshua. Lo hizo pese a que cuando comenzaron las hostilidades militares, el Gobierno de Volodímir Zelenski había decretado la movilización general por 90 días, por lo que todos los hombres de entre 18 y 60 años debían permanecer en suelo ucraniano pues podían ser reclutados en caso de necesidad. Usyk recibió una autorización del ministro de Deportes, Vadym Gutzeit. Para las autoridades, era más valioso el aporte que podía hacer como figura pública que como miliciano.

Desde el inicio de la guerra, el apoyo del boxeador a la política y la figura de Zelenski ha sido incondicional. “Cuando se produce una situación difícil, mucha gente intenta huir. Nuestro presidente no huyó. Le ofrecieron ayuda para escapar, para salir de Ucrania, pero él se quedó. Se negó a dejar a su pueblo sin esperanza. Estoy bastante seguro de que si hubiéramos tenido a otra persona como presidente, no habríamos avanzado en la dirección positiva que lo hemos hecho”, aseguró esta semana.

En estos meses, el campeón puso en marcha la Fundación Usyk, “creada para ayudar a los ucranianos afectados por la agresión rusa”, según explica en su página web (aunque sus donaciones han ido direccionadas no solo a civiles, sino también a las Fuerzas Armadas de su país) y se asoció con la plataforma británica Blockasset, que lanzó una colección de obras de arte digitales de 2.000 artículos con su imagen. El objetivo es recaudar dos millones de dólares para su fundación. Además, negoció para que la velada del sábado, que en buena parte del planeta se comercializará bajo el formato de pago por evento (en el Reino Unido costará 26.95 libras), pueda verse por televisión abierta en Ucrania. Conforme fue acercándose la fecha de la pelea, Usyk fue elevando su perfil y aprovechó cada aparición pública para reforzar la posición de su Gobierno. “Algunas personas no están haciendo lo suficiente para ayudar a Ucrania. Mucha gente se esconde y espera que la guerra no la afecte. Pero no es posible porque tocará a todo el mundo de alguna manera. Todos deberíamos prestar atención a lo que está pasando y hacer algo”, demandó estos días, en sintonía con los constantes reclamos de Zelenski a la comunidad internacional.

Una remera celeste y amarilla con la leyenda “colores de la libertad” fue su prenda omnipresente hasta el miércoles, cuando elevó la apuesta y asistió a la última conferencia de prensa vestido con un atuendo tradicional cosaco. Después del cara a cara con Joshua, se apoderó del centro de la tarima y entonó, a capella y a coro con su equipo, "Oi u luzi chervona kalyna", una canción folclórica cuya letra fue compuesta por el poeta Stepan Charnetsky hace más de un siglo y que se convirtió en un himno de la resistencia ucraniana.
En sus últimas presentaciones en Medio Oriente, donde lo acompaña su esposa Yekaterina (están casados desde 2009), este invicto campeón de 35 años (ganó sus 19 combates profesionales), curtido en la dureza del boxeo desde la infancia y en la crueldad de la guerra en este último tiempo, cargó en sus brazos un muñeco de peluche. ¿Quién es? Lelik, el burro de su hija Yelizaveta.

“Lo compramos cuando estuvimos juntos en Disneyland París -contó Usyk-. Cuando salimos de Ucrania y nuestros caminos en Europa se separaron, ella me lo dio para que fuera mi talismán. Me dijo que tenía que tenerlo junto a mí. Por eso siempre está cerca. Duermo con él. No sé si estará en mi rincón en el combate porque podría asustarse, pero sin duda estará en mi vestuario”.

Fuente: Clarín

Aparecen

Últimas Noticias

Últimas Noticias de Deportes

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...