“Estamos devastados pero unidos y así se fue él, con la familia unida y mucho amor”, dijo con tristeza su nieta Laura Gelfi sobre la partida de su abuelo.

El creador de la mítica frase “¿Qué gusto tiene la sal?” estaba internado desde el jueves en el Sanatorio Güemes. “Tuvo mareos en su casa, lógico de su edad, y lo llevaron al sanatorio. Los médicos decidieron dejarlo en observación”, contó su representante Maximiliano Marbuk. Durante la madrugada su salud empeoró y terminó muriendo en forma sorpresiva, ya que hasta ese momento se encontraba en buen estado de salud.

El inventor de términos como “sumbudrule” y del “chupetómetro”, que comenzó trabajando como vendedor ambulante en una línea de colectivo, se convirtió en un referente de grandes y chicos y varias generaciones crecieron a su lado y hoy lo llorarán. Había celebrado sus 97 el 13 de agosto pasado rodeado de su familia.

“Feliz cumple mi amor”, le había escrito ese día su nieta con un álbum de fotos de todos los tiempos, no solo actuales sino de cuando ella era chica: jugando con una cámara, en el teatro y cocinando, uniendo las pasiones de ambos. Cada vez que podía ella lo agasajaba con sus platos preferidos.

¿Quién por ejemplo no dejó su chupete gracias a él? “El colmo de tener de abuelo a Carlitos Baláà ¡nunca use chupete!”, contó hace unos años Laura, quien también es cocinera, en ese momento, lo definía: “Es una persona alegre, graciosa y que admiro mucho. Siempre hace chistes, jugábamos mucho. Anécdotas hay miles. Todos los veranos íbamos a Mar Del Plata y nos divertimos muchísimo”.

Más allá del personaje, contaba cómo era como abuelo: “Me malcría como casi todos los abuelos a sus nietos. Pero con la excepción que estar con él es reírse a cada segundo”.

Carlitos Balá junto a su nieta Laura Gelfi.

“¿Qué gusto tiene la sal?”, preguntaba el gran artista y todos los niños respondían con seguridad: “¡Salado!”. La idea nació en 1969, en una tarde tranquila en Mar del Plata. Un chico lo miraba atento y Balá haciendo como que no lo veía preguntó varias veces en voz alta: “¡El mar! ¿Qué gusto tendrá el mar?” El nene permanecía silencioso y el siguió: “Ahhh, el mar tiene gusto a sal. Pero, ¿qué gusto tiene la sal?” Y antes de salir corriendo el chico le respondió. “¡Pero, qué gusto va a tener la sal! ¡Salada!” Y así nació un éxito que atravesó cuatro generaciones.

Cartlitos estaba muchas veces acompañado de Angueto, el perro invisible que surgió en una tienda en Disney. Balá siempre atento encontró una correa rígida y se le ocurrió el chiste del perro. “Un turista que estaba al lado se asustó y me gustó la idea porque pensé que podía ser un buen personaje. Cuando llegué a Buenos Aires, mandé hacer una correa similar y le puse Angueto por mi hija Laura. Cuando era chica, con mi mujer le decíamos Anguetita’, una palabra inventada”, contó alguna vez.

Carlitos Balá junto a su nieta Laura Gelfi.

Como todos los grandes, estaba siempre vigente. El año pasado cuando cumplió 96 su nieta había contado sobre el cariño del público que le legaba constantemente. “El está muy contento, le estamos leyendo constantemente los mensajes de la gente, que es mucho lo que le manda y es muy emocionante. Cada año que pasa es más lo que la gente le manda, lo que lo quiere, estamos recibiendo muchos mensajes y regalos y vinimos con mi mamá desde la mañana para ayudar porque es tremendo lo que nos mandan”, contaba, en esa ocasión. 

Fuente Infobae

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