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Microbios vivos: los alimentos fermentados fortalecen la salud y el sistema inmune

Investigaciones científicas recientes advierten sobre la pérdida de microbios en la dieta moderna y destacan el rol del yogur.
Jueves, 22 de enero de 2026 00:18
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Durante millones de años de evolución humana, el contacto cotidiano con microorganismos fue una constante inevitable: estaban presentes en los alimentos, en el agua, en el entorno natural y en el vínculo con otras personas y animales. Ese intercambio permanente moldeó el sistema inmunológico y metabólico del ser humano. Sin embargo, en apenas unas décadas, el estilo de vida moderno alteró de manera profunda esa relación.

La urbanización acelerada, el uso temprano y muchas veces excesivo de antibióticos y antisépticos, el aumento de los partos por cesárea, una lactancia más corta y una alimentación dominada por productos ultraprocesados redujeron drásticamente la diversidad de la microbiota intestinal, un ecosistema clave para la salud. Así lo advierte un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, basado en evidencia científica reciente.

Distintos estudios publicados en revistas especializadas como Nutrients, mSystems y Current Microbiology coinciden en un punto central: una alimentación rica en microorganismos vivos, especialmente a través de alimentos fermentados, se asocia con menor riesgo cardiovascular, mejor respuesta inmunológica, metabolismo más equilibrado y una microbiota intestinal más diversa y estable.

"Consumimos cada vez menos microbios, y eso tiene consecuencias directas en la diversidad de nuestra microbiota, con impacto en el desarrollo inmunitario y metabólico", explicó Gabriel Vinderola, doctor en Química, investigador principal del Instituto de Lactología Industrial (CONICET-UNL) y docente universitario. En la misma línea, la médica Andrea González, jefa del Departamento de Alimentación del Hospital de Gastroenterología "Dr. C. Bonorino Udaondo", remarcó que los alimentos fermentados "son una fuente accesible de microorganismos beneficiosos y una forma concreta de reconectar con la naturaleza microbiana que hemos perdido".

Yogur: valor nutricional

Entre estos alimentos, el yogur ocupa un lugar destacado. Elaborado mediante la fermentación de la leche con bacterias vivas —principalmente Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus—, combina alto valor nutricional, seguridad alimentaria y aceptación cultural, especialmente en la infancia. Algunas variedades incorporan cepas probióticas adicionales, como Lactobacillus casei o Bifidobacterium lactis, con efectos beneficiosos demostrados en la salud digestiva y la regulación del sistema inmune.

"El yogur es un alimento de elevado perfil nutricional por su aporte de calcio, proteínas y vitaminas, pero además suma microorganismos vivos y, en algunos casos, probióticos específicos", señaló Omar Tabacco, médico gastroenterólogo pediatra y ex presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría. Destacó además que se trata de un producto seguro, elaborado con leche doblemente pasteurizada, que no representa riesgos bacteriológicos incluso ante breves interrupciones de la cadena de frío, lo que lo convierte en una opción adecuada para la vianda escolar.

La ciencia también pone el foco en el butirato, un ácido graso producido por ciertas bacterias intestinales a partir de la fermentación de fibras. Este compuesto cumple un rol clave en la salud del colon: ayuda a mantener la integridad de la barrera intestinal, reduce la inflamación y podría tener efectos protectores frente al cáncer colorrectal. Estudios recientes vinculan el consumo regular de yogur con un aumento de bacterias productoras de butirato.

Más apropiado

A diferencia de otros fermentados, como el kefir —que puede contener pequeñas cantidades de alcohol por su proceso de fermentación—, el yogur resulta más apropiado para niños y poblaciones sensibles, un aspecto relevante en términos de salud pública. "En nuestro país, es el fermentado más integrado culturalmente y el más aceptado en la infancia", subrayó Vinderola, integrante de PROFENI, un grupo de especialistas dedicados al estudio de la nutrición infantil.

Los expertos recomiendan incorporar alimentos fermentados de manera regular, idealmente a diario o al menos entre tres y cinco veces por semana. Sin embargo, investigaciones publicadas en PeerJ advierten que las dietas occidentales actuales aportan una cantidad significativamente menor de microbios vivos en comparación con dietas tradicionales basadas en fermentados naturales.

El impacto positivo de los microorganismos no se limita al aparato digestivo. Estudios recientes señalan beneficios en la salud mental, a través del eje intestino-cerebro; en la modulación del sistema inmune; en la prevención de enfermedades respiratorias y de la piel; y en la reducción de marcadores inflamatorios sistémicos. "La microbiota se comporta como un órgano más del cuerpo humano y su cuidado es esencial desde los primeros años de vida", afirmó González.

Consumo preferente

Ante una cifra global de desperdicio alimentario que supera el 30%, especialistas proponen revisar el uso de fechas de vencimiento estrictas en alimentos fermentados estables, como el yogur, y avanzar hacia el concepto de fecha de consumo preferente, una discusión que ya gana espacio en ámbitos científicos y políticos.

La idea de una "dosis diaria de microorganismos vivos" comienza a consolidarse en la investigación nutricional y podría convertirse en una estrategia de salud pública. Tal como se debatió en el encuentro científico Microbiota Buenos Aires 2025, organizado por PROFENI y la Universidad Nacional del Litoral, la necesidad de reintegrar microbios beneficiosos en la dieta cotidiana aparece hoy como una recomendación respaldada por evidencia sólida.

"Debemos dejar de ver a todos los microbios como amenazas; la mayoría de ellos son nuestros aliados. Alimentarlos, protegerlos e incorporarlos mediante la dieta es una de las formas más simples y efectivas de cuidar nuestra salud", concluyó Tabacco.

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