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Una remera, un vinilo y una sincronicidad absoluta: la visita de León Gieco a Charly García sorprendió a todos

León fue a visitar a Charly con un regalo muy especial, una remera de “Aja”, el mítico álbum de Steely Dan. Al llegar, descubrió que Charly estaba escuchando precisamente esa banda. Una coincidencia que volvió a encender la mística entre dos leyendas del rock nacional.
Sabado, 21 de febrero de 2026 10:03

Hay amistades que no necesitan demasiadas palabras. Se sostienen en los años, en la música compartida, en silencios que dicen más que cualquier discurso. Algo de eso ocurrió en las últimas horas cuando León Gieco decidió visitar a Charly García y llevarle un regalo pensado con cariño y memoria musical. Lo que no imaginaba era que esa elección tendría una respuesta casi mágica del otro lado.

La escena parece guionada, pero fue real. León contó la historia en sus redes sociales, con la espontaneidad que lo caracteriza: “FUI A VISITAR A CHARLY… habíamos arreglado para vernos y así fue…”. Hasta ahí, una visita entre colegas y amigos de toda la vida. Pero lo interesante vino después.

Mientras se preparaba para salir de su casa, Gieco se hizo una pregunta sencilla, qué le puedo llevar de regalo a Charly. No era una decisión menor. Se trata de uno de los músicos más influyentes de la historia del rock nacional, un artista que lo escuchó todo y lo transformó todo. No era fácil sorprenderlo.

De repente, la respuesta apareció, una remera de “Aja”, el emblemático álbum de Steely Dan. Un disco de 1977 que marcó época por su sofisticación sonora, su perfeccionismo técnico y su mezcla de jazz, rock y pop. Un álbum que músicos de distintas generaciones siguen considerando una obra maestra.

Con el regalo bajo el brazo, León llegó a la casa de Charly. Y ahí ocurrió lo inesperado. Mientras entraba, empezó a sonar música desde el interior. No era cualquier música. Era Steely Dan. Justamente Steely Dan.

“Gratísima sorpresa me llevé, mientras entraba a su casa descubrí que Charly estaba escuchando la música de Steely Dan. Coincidencia y sincronicidad absoluta”, escribió León, todavía sorprendido por lo que parecía una conexión invisible entre ambos.

La anécdota, simple en apariencia, tiene algo más profundo. No se trata solo de que dos músicos compartan gustos similares. En el caso de Gieco y García, hablamos de dos referentes que construyeron buena parte de la identidad cultural argentina desde la música. Dos artistas que atravesaron dictaduras, exilios, regresos democráticos y transformaciones sociales, siempre con canciones que funcionaron como banda sonora de varias generaciones.

Que ambos conecten con una banda como Steely Dan no es casual. El dúo estadounidense, liderado por Donald Fagen y Walter Becker, se caracterizó por un nivel de detalle casi obsesivo en sus grabaciones. Arreglos milimétricos, músicos de sesión extraordinarios y una búsqueda constante de excelencia sonora. Esa obsesión por el sonido perfecto fue también una marca registrada de Charly García en muchas etapas de su carrera.

La coincidencia, entonces, parece menos azarosa y más reveladora. Habla de una sensibilidad compartida. De una formación musical que va más allá del folclore, del rock criollo o de la canción social. Habla de una generación que escuchó el mundo entero y lo tradujo a su propio idioma.

La imagen es potente. León entrando con una remera de “Aja” como regalo y Charly, del otro lado, escuchando exactamente esa música. No hubo coordinación previa. No hubo mensaje anticipando nada. Solo una intuición que encontró eco inmediato.

En tiempos donde las redes sociales suelen estar cargadas de polémicas y discusiones, la historia se volvió viral por motivos bien distintos, la emoción y la admiración mutua. Muchos usuarios hablaron de “telepatía musical”, otros de “amistad verdadera” y algunos simplemente celebraron que ambos sigan activos, compartiendo momentos.

La conexión entre Gieco y García siempre tuvo algo especial. Aunque sus estilos sean distintosM uno más ligado a la canción social y al folClore, el otro a la experimentación rockera y sinfónica, ambos comparten una mirada artística amplia, curiosa y sin dejarse encorsetar por fronteras rígidas.

Quizás por eso la anécdota no es solo una coincidencia simpática. Es un recordatorio de que la música, cuando se vive con intensidad, crea puentes invisibles. De que ciertas generaciones no solo compartieron escenarios, sino también obsesiones, discos, influencias y búsquedas.

León llevó una remera. Charly estaba escuchando el mismo universo sonoro que inspiró ese regalo. Entre ambos no hizo falta explicación.

A veces la música habla antes que las palabras y en esa casa, en ese instante preciso, Steely Dan fue el idioma común de dos gigantes del rock nacional.

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