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Ni los años de entrenamiento, ni la disciplina forjada en el combate cuerpo a cuerpo, ni los reflejos propios de un maestro de las artes marciales alcanzaron para anticipar una agresión que no llegó en forma de golpe, sino disfrazada de confianza. En Tartagal, la conmoción crece tras conocerse el caso que tuvo como víctima a Daniel Guerra, una figura emblemática del deporte local y formador de generaciones de luchadores.
El episodio no solo expuso la vulnerabilidad de cualquier ciudadano frente a métodos delictivos cada vez más sofisticados, sino que también encendió una señal de alerta sobre una práctica que avanza de manera silenciosa en el norte provincial: el uso de sustancias psicotrópicas para anular la voluntad de las víctimas.
La trampa: diez horas en la oscuridad
Según pudo reconstruir este medio a partir de la denuncia realizada por el propio Guerra, el ataque no fue ejecutado por desconocidos. El maestro confió en personas de su entorno cercano, un hombre y una mujer plenamente identificados en la ciudad, quienes durante un encuentro le ofrecieron una bebida.
Lo que aparentaba ser un gesto cotidiano terminó convirtiéndose en una trampa cuidadosamente planificada. Tras ingerir el líquido, el profesor comenzó a perder el control de su cuerpo hasta quedar en un estado de inconsciencia total, que se prolongó por aproximadamente diez horas.
Al recuperar la lucidez, el escenario era devastador: su motocicleta y varias pertenencias personales habían desaparecido. La gravedad del hecho no solo radica en el robo, sino en la extrema indefensión a la que fue sometido un hombre que ha dedicado su vida a enseñar defensa personal y valores a jóvenes de San Martín y Orán.
Análisis criminalístico: cuando el robo se vuelve químico
Desde el punto de vista de la criminalística, el caso encuadra dentro de lo que se conoce como sumisión química, una modalidad que consiste en la administración de drogas sin el consentimiento de la víctima para facilitar el delito.
Los especialistas advierten que, en estos casos, suelen emplearse benzodiazepinas de acción rápida o escopolamina, popularmente conocida como burundanga, generalmente diluidas en bebidas alcohólicas o gaseosas.
Algunos datos relevantes sobre este modus operandi en la región:
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Confianza previa: en cerca del 80% de los casos denunciados en el norte provincial, el agresor es una persona conocida o con la que se generó un vínculo reciente.
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Riesgo de vida: el consumo de estas sustancias sin control médico puede provocar paros cardiorrespiratorios, especialmente en personas con afecciones preexistentes.
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Efecto amnésico: los fármacos utilizados suelen generar lagunas de memoria, lo que dificulta reconstruir los minutos previos y posteriores a la ingesta.
El pedido de justicia del maestro
Daniel Guerra no es solo un profesor de artes marciales. Es el motor del grupo “Los Infernales”, una cantera de atletas que logró proyectar a Tartagal en el mapa internacional del MMA, y que acompañó los primeros pasos de figuras como Esteban Ribovics, hoy en la élite mundial.
Tras radicar la denuncia correspondiente, la Policía cuenta con los nombres de los sospechosos. Sin embargo, el entrenador optó también por apelar a la conciencia colectiva, solicitando la devolución inmediata de su motocicleta, herramienta fundamental para su trabajo cotidiano.
En una región donde el robo de motocicletas es una de las principales preocupaciones en materia de seguridad -con un incremento del 15% en el último año en el departamento San Martín-, este caso sobresale por el nivel de traición personal involucrado.
Recomendaciones para prevenir este tipo de delitos
Ante el crecimiento de esta modalidad, desde el ámbito de la prevención se sugieren algunas pautas básicas para reuniones sociales o encuentros casuales en Tartagal, Orán y localidades cercanas:
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Controlar los envases: evitar aceptar bebidas ya servidas, incluso de personas conocidas, si existe alguna actitud sospechosa.
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No descuidar el vaso: un segundo de distracción puede ser suficiente para que se introduzca una sustancia.
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Reconocer síntomas: mareos repentinos, visión borrosa o pérdida de fuerza desproporcionada son señales de alerta. Ante ello, se recomienda buscar ayuda inmediata o llamar al 911 antes de perder la conciencia.
Un caso que interpela a toda la comunidad
El ataque sufrido por Daniel Guerra deja en evidencia que nadie es invulnerable cuando la delincuencia apela a métodos arteros y silenciosos. La recuperación de su motocicleta y el esclarecimiento del hecho no solo representarían un acto de justicia personal, sino también un mensaje claro frente a prácticas que ponen en riesgo la vida de los vecinos.
Desde El Tribuno, seguimos de cerca el avance de la investigación y aguardamos que los responsables respondan ante la Justicia por un episodio que golpeó de lleno a una figura respetada del deporte y la comunidad del norte salteño.