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28 de Enero,  Salta, Centro, Argentina
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El nuevo mapa de las góndolas: boom de alimentos importados, marcas que regresan y precios más bajos

La apertura comercial reconfiguró la oferta en supermercados y mayoristas del país. Vuelven marcas históricas, aparecen nuevos proveedores y se profundiza una competencia de precios que impacta tanto en el consumo cotidiano como en la industria local. 
Miércoles, 28 de enero de 2026 09:53
Los productos importados van ganando lugar en las góndolas de los supermercados argentinos.
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El recorrido por una góndola ya no es el mismo. Entre etiquetas conocidas y envases familiares aparecen banderas extranjeras, idiomas que no siempre están en castellano y precios que, en más de un rubro, sorprenden por ubicarse por debajo de los productos nacionales. La apertura del comercio exterior impulsada por el Gobierno de Javier Milei aceleró un fenómeno que se insinuaba desde fines del año pasado y que hoy se consolida: el boom de alimentos importados en el consumo cotidiano.

Lejos de tratarse de artículos gourmet o de nicho, el cambio se percibe en productos básicos. Lácteos, pastas, conservas, café y galletitas provenientes de Uruguay, Brasil, Italia, Ecuador o incluso Albania ya compiten de igual a igual con marcas históricas de la industria local. En muchos casos, lo hacen con una ventaja decisiva para el consumidor: precios más bajos.

Uno de los regresos más simbólicos es el de Conaprole, la cooperativa láctea uruguaya que durante años fue un clásico en las heladeras argentinas. Su manteca, dulce de leche y crema volvieron a las góndolas tras haberse retirado de manera progresiva por las restricciones cambiarias y trabas a las importaciones.

De galletitas danesas, café italiano y atún ecuatoriano

En el segmento de dulces reaparecieron las tradicionales galletitas danesas en lata azul, un ícono del consumo de los años 90, con marcas como Jacobsen Wonderfull y Dan Cake. También se sumaron cafés italianos como Lavazza y Viaggio, además del chocolate Feastables, la marca creada por el youtuber MrBeast, que desembarcó con fuerte respaldo de marketing internacional.

La clave del fenómeno está en la estructura de costos. Con menos barreras para importar, muchos productos llegan al país con mayor escala de producción, menores cargas impositivas relativas y costos logísticos que, aun con flete internacional, resultan competitivos frente a la industria local. En categorías como conservas, pastas, café y galletitas, la diferencia de precios oscila entre 15 y 30 por ciento.

Los relevamientos en supermercados muestran ejemplos concretos. Marcas ecuatorianas de atún se venden a valores sensiblemente más bajos que las nacionales. En pastas secas, los fideos albaneses Pasta Bella rondan los $1.498, frente a precios cercanos a $1.800 de marcas líderes argentinas. En salsas, un puré de tomate italiano de mayor gramaje resulta más económico que opciones locales. Incluso en galletitas, algunas alternativas brasileñas cuestan menos que los clásicos nacionales.

Frutas y carnes importadas

El impacto no se limita a los productos industrializados. En los mercados concentradores se observa una mayor presencia de frutas importadas, como naranjas españolas, manzanas chilenas y bananas ecuatorianas. El dato más sensible aparece en el rubro cárnico: las importaciones de carne vacuna, principalmente desde Brasil, crecieron 580 por ciento interanual en 2025, un salto que encendió alertas en frigoríficos y productores.

Mientras el Gobierno defiende la apertura como una herramienta para bajar precios y contener la inflación, la industria alimenticia advierte sobre una competencia desigual. Desde la COPAL señalan que las empresas locales enfrentan alta presión tributaria, costos laborales elevados y problemas logísticos, factores que reducen su competitividad frente a los productos importados.

En provincias como Salta, donde la industria alimentaria regional tiene peso en el empleo y en las economías locales, el fenómeno se sigue con atención. El nuevo mapa de las góndolas puede aliviar el bolsillo del consumidor en el corto plazo, pero también plantea interrogantes sobre el impacto a mediano plazo en la producción nacional y el trabajo local.

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