Los trillizos Evelyn, Joaquín y Román cumplieron hace poco seis meses de vida. Es el tiempo que la vida de la joven Noelia Álvarez cambió rotundamente. De tener que ocuparse de un solo niño, Dieguito de tres años, ahora le faltan las horas en el día y las manos para atender a los tres bebés. Pero la felicidad es infinita.
En el departamento de su abuela Susana Carrizo, que prácticamente la crió, ubicado en barrio Castañares, en la zona norte de la ciudad, la joven de 19 años sueña con el futuro de toda su familia.
Del pasillo sale corriendo el pequeño Diego intentando ganarse la atención de ella a como dé lugar. De a ratos, hasta le imita el sonido a algún animal. "Quiere llamar la atención porque está muy celoso", susurra la madre. A pesar de los celos y berrinches, el nene mezquina a extraños a sus tres hermanitos.
En un coche para mellizos, uno de los tantos regalos, duerme Joaquín, el más grande de los tres, y Román, que estuvo internado unos días en octubre pasado debido a un cuadro febril. En los brazos de Noelia está la risueña Evelyn, que heredó los ojos de su mamá.
Convertirse en madre de trillizos para la joven fue una gran sorpresa que tuvo costados de desesperación, angustia y solidaridad popular. Se enteró una semana antes de parir. Al principio se sentía desbordada y hasta inútil pero con el paso de los meses se fue acomodando. De todas maneras, sin ayuda sería imposible. Anita, una de sus mejores amigas, que también tiene un bebé de meses, le saca turno con la pediatra en la salita y ese día la acompaña al control. "A pesar de su edad, ella le da mucho cariño y habla con los bebés; yo siempre le pido a Dios que Noelia no pierda la paciencia porque son muchos de golpe, más para una chica tan jovencita”, dice la abuela Susana.
La historia de Noelia conmueve. Después de una adolescencia difícil, de la muerte de su abuelo, de intentar convivir con su mamá y de tocar fondo en la vida, la joven pasó a ser madre múltiple.
La presencia de la bisabuela de los trillizos, Susana, es fundamental. De carácter implacable, pero incondicional. Es la que le marca los pasos en el día a día. “Hay que regar la plantita todos los días y con mucha paciencia para volver a enderezarla”, dice y admite que, por suerte, está dando buen resultado.
Cotidianidad
Los trillizos nacieron el 22 de junio de 2016. Durante el primer mes dormían de a ratitos o nada, recuerda Noelia Álvarez, y respirando hondo agrega: “Por lo general ya tiran desde las 12 hasta las seis de la mañana. Igual, hay días y días”, aclara.
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Noelia cambia a sus trillizos mientras su hijito mayor observa. Foto Andrés Mansilla.
A las 9, cuando se terminan de despertar bien, comienza la larga jornada. El primero en abrir los ojos es Joaquín, el más impaciente de los tres bebés a la hora de alimentarse y el único que sólo toma mamadera. Román, en cambio, combina pecho y mamadera, mientras que Evelyn sólo pecho.
El gasto de la leche es una preocupación para Noelia. Por mes, en la salita del barrio recibe tres cajas de leche entera, pero dice que los bebés ocupan una cada tres días, que hacen un total de ocho cajas y medias. Dos mamás de trillizos, una que tiene niños de tres años, y otra adolescentes de 15, no la pierden de vista. Una de ellas, unos días antes de la visita de El Tribuno, le llevó una caja. También la ayudan con pañales. Una señora de la zona todos los meses le alcanza algo de dinero. De esta forma, Noelia va saliendo adelante. Trata de administrar lo mejor que puede los casi 4.000 pesos que cobra por la asignación universal de sus cuatro hijos y unos pesos más de la cuota alimentaria que le pasa el padre de su primer nene.
El nacimiento
Noelia Álvarez se enteró de que estaba embarazada recién a los tres meses. Estudiaba en el colegio Aráoz, en el barrio Intersindical, donde cursaba el cuarto año en el turno vespertino. Hasta principios de mayo asistió a clases con su hijo, pero debido a las recomendaciones médicas por el embarazo avanzado abandonó la escuela.
Los bebés nacieron por cesárea un poco antes de lo previsto, en la semana 37, en perfectas condiciones de salud. Ese 22 de junio los nacimientos se dieron entre las 9.30 y las 9.40. La primera en venir al mundo fue Evelyn, con 2,250 kilogramos, le siguió Joaquín con 3,050, y finalmente, nació Román, con 2,050 kg. Fueron atendidos por la obstetra Claudia Anaya y un equipo médico de la Maternidad Privada.
Hacía mucho que el establecimiento privado no se revolucionaba tanto. Muchos se hicieron eco de la noticia que se encargó se difundir la doctora Anaya y se acercaron a dejarles un regalito a los recién nacidos. Unos cuantos lograron llegar hasta la habitación 307 para conocer a los trillizos y sacarse selfies con la flamante mamá y los bebés.
Ese día el estado de shock de la joven era entendible. Durante el embarazo, Noelia creyó que esperaba mellizos, pero una semana antes se enteró de que venía en camino uno más. “En la última ecografía el doctor me dijo que me prepare porque eran tres. Estaba sola y me largué a llorar. No sé... (breve silencio) pensaba en ellos”, recordó secándose algunas lágrimas que, aunque intentaba, no podía contener en aquel entonces.
En la cesárea estuvo presente la cuñada y tía paterna de los tres bebés y la obstetra filmó el triple nacimiento con su celular, un recuerdo con el que todavía no pudo reunirse.
Proyectos
Noelia anhela formar una familia junto con el padre de los trillizos. El deseo es mutuo. Debido a la situación económica por ahora cada uno vive en su casa. Primero estaban decididos a alquilar un lugar para iniciar una nueva vida, pero ella se desalentó un poco con los costos. Tiene esperanzas de poder acceder a una casa a través del Instituto Provincia de la Vivienda, donde ya se inscribió.
Esa esperanza la moviliza. Está muy entusiasmada. El por ahora hace changas y la ayuda en el cuidado diario. La abuela Susana la alienta, le dice que si tiene la oportunidad de conformar una familia con el papá lo haga por el bien de sus hijos, pero con mucha responsabilidad y firmeza.