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Esilda, la religiosa de 99 años que investigó la vida de la próxima beata argentina

Pertenece a la congregación Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Desde hace 25 años reside en Salta.
Domingo, 14 de mayo de 2017 00:00

"Una claridad y una transparencia en todas sus palabras". La religiosa Esilda Bustos define así, escueta y contundente, a la madre Catalina María de Rodríguez, que está a un paso de la beatificación en la Iglesia Católica.

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"Una claridad y una transparencia en todas sus palabras". La religiosa Esilda Bustos define así, escueta y contundente, a la madre Catalina María de Rodríguez, que está a un paso de la beatificación en la Iglesia Católica.

Esa claridad en las palabras que Esilda pondera son las mismas cualidades que la describen a ella, aún hoy, con sus 99 años. Décadas atrás, a Esilda el Vaticano le encomendó una investigación histórica sobre la vida de la madre Catalina, la religiosa cordobesa que fundó en 1872 la congregación Esclavas del Corazón de Jesús y a la que se le adjudica un milagro en Tucumán, en 1997.

El Colegio Sagrado Corazón de Jesús, ubicado sobre la avenida Belgrano entre Mitre y Balcarce, forma parte de esa congregación. Sobre una silla de ruedas, en la capilla de esa institución educativa, Esilda recuerda con El Tribuno sus orígenes, el llamado de Dios, la misión del Vaticano, su llegada a Salta hace 25 años, repasa de memoria y sin fisuras poemas y poesías. A sus 99 años goza de una lucidez admirable.

"Pregúntaselo a Dios, porque yo no hice nada", responde sobre cómo logró mantener indemne su capacidad de razonamiento y la elaboración del pensamiento al ya casi pisar el siglo de vida.

"Siempre le pido a Dios que me haga encontrar su voluntad". Y una de las voluntades que, a través de la Santa Sede, le tocó fue hacer la presentación de la madre Catalina, su comprovinciana, en el entonces incipiente camino a la beatificación.

Cuando se enteró días atrás que el papa Francisco aprobó un milagro que sucedió hace unos 20 años con una mujer que sobrevivió tras una muerte cerebral en Tucumán debido las peticiones de sus allegados a la ya difunta madre Catalina, Esilda dijo: "Sentí que cumplí lo que se me pidió". Sus ojos se pusieron vidriosos, su mirada se perdió en la profundidad.

A los segundos relató que una madre general la había llamado para ir a Roma con el fin de recibir instrucciones para comenzar el trabajo de la causa. "Así fue, fui y me encontré con el postulador", detalló.

Allá se le pidió realizar la presentación de la madre no solo en cuanto al aspecto histórico sino también al teológico, enfocado en el punto de las virtudes. La madre Catalina nació en 1823 y falleció en 1896.

"Lo primero que hice fue buscar los archivos donde había algo de la madre Catalina, fui hasta el Ejército. Su esposo era militar y en Buenos Aires encontré datos de este señor Manuel Antonio Zavalía, con quien ella se casó (en 1852) con todo sentimiento. Zavalía quedó viudo y puso los ojos en ella. Le dijo el confesor de ellos que si ella no lo aceptaba, se mataba", narra con detenimiento la madre Esilda. Al costado de ella, un grupo de monjas la sigue con atención en la capilla del colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La madre Catalina María de Rodríguez, tras la muerte de su esposo, atiende el llamado para servir a Dios.

Esilda se refiere a las personas que ingresan en ese etapa de la beatificación dentro de la Iglesia Católica como extraordinarias por "su de virtud superior al común de la gente".

"Son las virtudes que se conocen como heroicas. No por tener un heroísmo retumbante sino por algo superior que no lo hacen otros. Aprobada esas virtudes, tenemos el adjetivo de venerable. Es el primer paso para la beatificación", contó la religiosa durante la entrevista con El Tribuno.

La vida de la hermana Esilda está entrelazada con el legado de la madre Catalina. Cuando era joven, conoció a quien escribió las memorias de la próxima beata. "Yo era alumna cuando me cruce a la hermana Ana de la Cruz, la viejita que había trabajado sobre la madre Catalina", agregó.

Casi cien años

Llegó el momento de hablar sobre su vida. Esilda -dijo- pregunte lo que quiera. Es oriunda del norte cordobés, nació el 17 de febrero de 1918. "­Esperemos a ver si llegamos a festejar los 100!", bromeó.

La religiosa era la menor de nueve hermanos, y hoy ninguno está vivo. Comentó que su familia tenía un buen pasar económico y social, ya que su padre era un exitoso comerciante. No había presiones por conseguir trabajo a edades tempranas.

La vocación de servir a Dios se despertó en Esilda en la adolescencia. "Me sentí llamada a los 14 años, era una inspiración interior", describió. ¿Qué le atraía? Ante esa pregunta respondió: "Es muy difícil expresarlos con pocas palabras. Cuando uno siente una vocación, básicamente no le interesan otras cosas".

Sus familiares no vieron con buenos ojos que la menor de los hijos se entregara a los conventos religiosos. El llamado debió esperar. "En ese entonces cumplíamos la mayoría de edad a los 22 años", acotó.

En ese lapso, Esilda estudió y se recibió de profesora de Letras. Contaba cada día llegar a ser mayor de edad. Su vocación verdadera estaba latente. "Cuando cumplí 22, hice lo que se me dio las ganas", dijo orgullosa.

Y esas ganas contenidas tenían que ver con una atracción: el corazón de Jesús. En Córdoba tuvo dos años y medio de formación y otros cinco más de prueba. Ingresó así en la congregación las Esclavas del Corazón de Jesús y cumplió misiones en Buenos Aires, Mendoza, La Rioja y Santiago del Estero. A Salta llegó en 1992 y desde ese entonces sigue en un lugar donde se siente estimada y contenida. "Si caes bien, quedate me había dicho la madre de la casa que está en Córdoba", relató.

"No me entusiasmó lo material porque eso iba a terminar con mi vida. Yo me asomaba al balconcito de mi pieza y miraba a la gente que pasaba por la calle y decía: "¿valdrá la pena todo esto?'. No me atraía lo que se hacía afuera", recordó. Sorteó así posibles dudas sobre el camino que había elegido.

Esilda hace notar la prudencia que, dicen en su entorno, la caracteriza. Prefiere no dar definiciones sobre los progresos o retrocesos que hubo en Salta desde que llegó. "Yo me cuidé de hacer juicios. Es muy embrollada la cosa. No hay que juzgar sin tener pruebas", apuntó. No obstante, reflexionó: "Vivimos en una sociedad que se cree gran cosa".

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida/ porque nunca me diste ni esperanza fallida,/ ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;/ porque veo al final de mi rudo camino/ que yo fui el arquitecto de mi propio destino;/ que si extraje la miel o la hiel de las cosas, /fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:/ cuando planté rosales coseché siempre rosas.

Esilda recita ese poema de Amado Nervo casi al pie de la letra. "Tengo la mente bastante lúcida", admitió y contó que le gusta leer como toda profesora de Letras. Al ser consultada sobre su autor favorito, no duda: Dios. "Es el único que no se equivoca", remató.

En el Apostolado de la Oración, Esilda ocupa su tiempo y dedicación. "Algunos dicen que es un conjunto de viejas (sonríe), pero surgió con la intención de ayudar al Papa. El Apostolado fue creado por jesuitas y justo ahora tenemos a uno en el Vaticano", afirmó.

¿Tiene esperanzas en el papa Francisco? Con pocas palabras, la madre determina: "Lo veo como quien ha sido elegido por Dios. A mí no me entusiasma y digo que está bien elegido".

Sobre la posibilidad de que las mujeres desempeñen el sacerdocio, Esilda concluye: "No. Jesucristo ni a la Virgen le dio atribuciones de ese tipo. Está bien que el sacerdocio sea para hombres. Los hombres son más terminantes para decir las cosas".

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