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24 de Febrero,  Salta, Centro, Argentina
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El último guardián del monte: el oso de anteojos camina por Salta y Jujuy

En el Día Internacional de los Osos, imágenes y proyectos de conservación en cinco países renuevan la esperanza sobre el futuro del oso andino. En Argentina, su presencia marca un hito y obliga a mirar de frente el desafío de proteger su hábitat.
Martes, 24 de febrero de 2026 10:02
Fotografías de oso andino. Gentileza: Mongabay

Hay animales que uno imagina lejos, en documentales, en selvas espesas, en montañas que parecen intocables e inaccesibles. Sin embargo, el oso de anteojos, ese de manchas claras alrededor de los ojos que parecen lentes naturales, también camina por suelo salteño. De manera silenciosa, esquiva y casi fantasmal, está, marca presencia.

El oso andino, conocido también como oso frontino, ucumari o jucumari, es el único oso de Sudamérica. No es un detalle menor, es una especie clave para la salud de los bosques. Donde él pasa, el monte respira. Se alimenta de frutos, trepa árboles, dispersa semillas y ayuda a que la selva se regenere. Sin exagerar, es el jardinero gigante de los Andes.

Cada 21 de febrero se conmemora el Día Internacional para la Protección de los Osos del Mundo. Este año, las imágenes difundidas por el sitio especializado Mongabay Latam no solo expone su belleza, muestra algo más potente y más urgente, y es que todavía estamos a tiempo. Porque la realidad es dura, ya que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo clasifica como Vulnerable. "La fragmentación de su hábitat, el avance de la frontera agrícola, los conflictos con actividades humanas y la cacería lo acorralan", señalan los especialistas en Mongabay. En criollo, el monte se achica y el oso retrocede.

Pero en el extremo sur de su distribución continental, en Argentina, una noticia cambió el mapa. El Proyecto Juco logró confirmar que el área del oso andino llega hasta las provincias de Salta y Jujuy. Durante años hubo dudas, registros aislados y huellas inciertas, pero hoy existen certezas.

El oso de anteojos forma parte oficialmente del listado de mamíferos presentes en el país, y esto es algo que viene repitiendo desde hace algunos años el biologo salteño Fernando Del Moral.

Detrás de ese logro hay trabajo de campo, paciencia y hasta perros entrenados para rastrear huellas. Del Moral y su equipo fueron pioneros en seguir el rastro del oso con ayuda del olfato canino. En una provincia como Salta, donde la biodiversidad es inmensa pero muchas veces poco conocida, la confirmación obliga a repensar políticas y prioridades.

Porque el oso no vive en cualquier lado, necesita bosques bien conservados, conectividad entre áreas naturales y corredores biológicos que le permitan desplazarse. En el norte salteño, donde conviven yungas, selvas de montaña y presión productiva, el equilibrio es frágil.

"Lo que pasa en otros países de la región también deja lecciones. En Colombia, comunidades cafeteras del Valle del Cauca liberaron áreas de bosque y nacederos de agua para que el oso recupere su hábitat sin afectar los cultivos", relataron los especialistas en un artículo de Mongabay. Así nació “Guardianes del Oso Andino”, el primer café en Sudamérica con certificación Andean Bear Friendly. Es un ejemplo de que la producción y la conservación pueden ir de la mano.

En Venezuela, un sistema interconectado de 12 parques nacionales y un monumento natural protege el hábitat del oso de anteojos. En Perú, la ciencia avanza con cámaras trampa, telemetría y ADN ambiental para entender cómo se mueve y cómo podría afectarlo el cambio climático. En Bolivia, nuevas investigaciones ampliaron en un tercio el área conocida de distribución del oso, incluso en bosques secos interandinos donde antes no se lo consideraba presente.

Todas estas experiencias develan que, cuando hay decisión política, ciencia y trabajo con las comunidades, la conservación es posible.

En Salta, donde muchas veces el debate ambiental queda atrapado entre discursos y urgencias económicas, la presencia del oso de anteojos debería funcionar como un llamado, un indicador de salud ecológica, porque donde hay oso, hay bosque vivo.

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