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“Familias atravesadas por la lógica de esta época”

Por Vicente Di Francesco Psicólogo - Psicoanalista
Domingo, 15 de marzo de 2026 12:18
Imagen generada por IA.

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Nos es cotidiano el encuentro con cada vez más casos de situaciones de agresión por parte de los hijos a los padres (o a quienes cumplen dicha función). Es necesario que más allá de una valoración moral o exigencia punitiva podamos abordar la problemática desde los orígenes para así arrojar un poco de luz al fenómeno y enfocarnos en las posibles soluciones. ¿Cuáles serían las posibles causas de estos actos?

- Expresión sintomática de conflictos psíquicos: el sujeto presenta una problemática psíquica compleja lo cual deriva en la violencia hacia los padres u otros familiares, siendo un efecto de dicha patología.

- Dinámica familiar organizada desde la violencia o que incluye la misma: en este caso los integrantes de la familia han naturalizado el uso de la violencia para la resolución de conflictos.

- Inversión de los roles entre padres e hijos: acá son los hijos los que ocupan el lugar de autoridad y en algunos casos someten a sus progenitores para que se cumplan sus designios.

- Consumo problemático: el consumo problemático de sustancias muchas veces puede generar situaciones de ansiedad o euforia extremas, que pueden derivar en actos de violencia en las que el sujeto no distingue a quien la dirige, siendo muchas veces los padres los depositarios de la misma.

La primera causa mencionada, o sea, cuando un sujeto presenta una patología psíquica, está ligada a la singularidad de ese paciente y es muchas veces inevitable, esta situación requiere como única solución la intervención profesional para un abordaje psicoterapéutico y en algunos casos, también psiquiátrico. En cuanto a las otras causas, podemos aseverar que poseen un origen común relacionado con la forma de vivir la época actual.

“Cada casa es un mundo”

La relación familiar y filial está generalmente atravesada por un sinfín de dificultades, es así que se popularizó

“La perdida de la autoridad de los padres es una de las característi cas principales de la modernidad, y eso pone en jaque la organización familiar”.

la frase: “Cada casa es un mundo”, lo cual evoca que cada familia es distinta. La familia aparece como la célula fundamental de la sociedad, ya que es el lugar en donde el sujeto inicia el proceso de socialización, adopta valores, forja una ideología, asimila normas, etc. Ahora bien, la familia en tanto núcleo primario de lo social, no es ajena a los cambios que observa la época ni viceversa; es decir, ambas instancias están atravesadas por una influencia recíproca. Entonces, si bien cada familia es única y distinta, todas están atravesadas por la lógica de la época.

“Dios ha muerto”

Esta frase, más allá de su espectacularidad, no tiene nada de religiosa; sino que es una aseveración del filósofo Frederich Nietsche, quien con esto hace referencia al final de los tiempos teocéntricos que dominaban la Edad Media. En tiempos medievales, el lugar del “padre” (entendiéndose esto como el lugar de la autoridad), estaba garantizado con el consecuente cumplimiento de la norma en general. Sin embargo, luego de la época conocida como ilustración, se genera un cambio en distintos ámbitos de la vida humana, principalmente en el arte y el conocimiento. Con el nacimiento de la ciencia y el racionalismo, los designios humanos dejaron de ser de procedencia divina para convertirse en asunto de la ciencia. La familia no es ajena a estos cambios. En este contexto la autoridad de ambos padres, que en tiempos anteriores permitía la organización familiar, pierde peso e inicia su declinación.

“Su majestad el niño”

En efecto, la perdida de la autoridad de los padres será una de las características principales de la modernidad. La frase del título de este apartado y que fuera acuñada por Sigmund Freud, hace referencia al lugar central que, a instancias principalmente de la medicina, la psicología y la educación, adquiere el niño en la época que denominamos modernidad, y que cambia el concepto de familia y de la niñez. El hijo se posiciona en el centro de la escena y los actos de los padres apuntarán en todo momento a satisfacer sus deseos. Esto, sumado a la perdida de autoridad de los padres, pone en jaque la organización familiar.

Búsqueda de la felicidad

Ya con la organización familiar en el abismo, nos encontramos hoy con gran cantidad de avances tecnológicos y grandes modificaciones en la estructura social. Los ideales son otros, la mayoría basados en el discurso capitalista, el cual nos convoca en todo momento al consumo como un fin en sí mismo. El sujeto se pierde en la masa. Desorientado, comienza a adquirir objetos buscando la plenitud, pero estos objetos sólo producen una pseudo felicidad efímera. Los objetos que el mercado propone no completan al sujeto ni lo acercan a la felicidad; solo lo confrontan constantemente con la frustración y lo distraen de lo realmente importante. Es así que la angustia (que es el motor de la vida del sujeto) está tapada con los objetos de consumo y las personas cada vez se preguntan menos por el amor, la familia, el trabajo, el arte, etc.

Las consecuencias de esta falta de cuestionamientos más profundos, son lo que en psioanálisis denominamos pasaje al acto y acting out. Los actos de violencia dirigidos a uno mismo tales como autolesiones, flagelaciones, intentos de suicidio o suicidio, han crecido exponencialmente y son claros efectos de la modernidad. También lo son la violencia filial, familiar y callejera, los asesinatos en ámbitos escolares o sociales. Y es en este contexto donde ocurren los actos de violencia contra los padres o quienes cumplen esa función.

No todo está perdido

Aunque la realidad parezca desalentadora, siempre existe la posibilidad de un cambio positivo, sobre todo en la relación entre padres e hijos. Para esto tener en cuenta lo siguiente:

- La importancia de la escucha sin juzgar.

- La crianza sin buscar evitarles en todo momento la angustia.

- Entender que una crianza amorosa no está exenta de límites.

- Como padres, poder transmitir un deseo y no dejar librado al sujeto a sus propias elecciones.

Este último ítem no significa no permitir que el hijo pueda elegir su propio camino, sino que se trata de mostrar un camino que luego él podrá cuestionar o desandar pero que le permitirá organizar su subjetividad tanto en la infancia como en la adolescencia.

Es la posición deseante la que permitirá al sujeto ir más allá de los avatares de la época, esto a veces puede lograrse en el marco de la familia, otras veces es necesario la indagación de la propia subjetividad en un marco terapéutico. Sea como fuese, el encuentro con el deseo excede toda satisfacción que pueda ofrecer el mercado.

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