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El sabio naturalista alemán Hermann Burmeister (1807-1892), autor de la magnífica obra "Viajes por los Estados del Plata", dedicó algunos comentarios elogiosos sobre el vino de Salta que resultan de interés desde el punto de vista histórico por la valía del observador. Presentamos en este artículo al insigne naturalista junto a una selección de sus mejores frases sobre los vinos cafayateños. En nuestro país castellanizó su nombre por el de Carlos Conrado Germán Burmeister y fue una figura mundial de la ciencia del siglo XIX.
Amigo personal de Alejandro von Humboldt (1769-1859) estaba fuertemente influenciado por éste y subyugado por las descripciones que se hacían de la naturaleza virgen de la América del Sur. Antes de llegar a la República Argentina ya era un sabio reconocido en Europa por el volumen y la calidad de sus libros e investigaciones. La obra que le daría mayor fama sería su "Historia de la Creación" (1843), que recuerda escritos de alto vuelo de la época originada por una mentalidad en los más elevados estratos del conocimiento.
Además, había profundizado en Europa sobre el estudio de los trilobites y a él se debe la creación de varios órdenes, familias y géneros. En su obra "Die Organisation der Trilobiten" (1843) no solo nombró taxones, sino que también detalló su morfología, sugiriendo relaciones y evoluciones, sentando las bases para la trilobitología moderna. Al llegar a las tierras del Plata pasó a interesarse en las ricas faunas de mamíferos fósiles de la megafauna sudamericana. Su obra clásica sobre "Los Caballos Fósiles de la Pampa Argentina" fue presentada por el gobierno argentino en la exposición de Filadelfia en 1876.
En nuestro país chocó frontalmente con el sabio local Florentino Ameghino (1853-1911) quien realizaba los mismos estudios. Pero el choque fue más bien ideológico ya que Burmeister era creacionista, mientras que Ameghino adhería a las doctrinas evolucionistas de Charles Darwin.
Domingo F. Sarmiento, que lo admiraba, le encargó la creación de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba. Burmeister investigó la flora, la fauna y la gea de nuestro territorio, destacándose sus trabajos en El Plata y en Tucumán. En sus obras pinta lo mejor de nuestra tierra con amenidad, agudeza y profundidad de observación.
A Tucumán la amó especialmente, al punto de casarse en segundas nupcias con doña Petrona de Tejeda. Como científico brilló en ramas tan diversas como entomología, mastozoología, ornitología, carcinología, paleontología y nos dejó también profundos estudios en geografía, geología y meteorología.
Por su gran obra en la ciencia argentina, Buenos Aires lo honró con nombres de calles, colegios, bustos y un importante monumento en mármol de carrara en el Parque Centenario. Burmeister escribió en alemán sus "Viajes por los Estados del Plata, 1857-1860", traducida y publicada en tres tomos (1943-1945) por la "Unión Germánica en la Argentina".
Elixir de nuestros valles
En el tomo II, publicado en 1944 en Buenos Aires, Burmeister relata su viaje y estadía en Tucumán en 1859. En las páginas 138 y siguientes se refiere al vino y entre otros conceptos menciona: "El vino sin excepción, se recibe de afuera, en parte de Buenos Aires, siendo franceses o alemanes, que yo mismo he bebido aquí, especialmente un pretendido Liebfrauenmilch, que sin embargo no pasaba de ser un buen Niersteiner; pero principalmente se traen de la vecina provincia de Salta, donde en las proximidades del pueblo San Carlos de Cafayate, situado, según indica el mapa, junto a la frontera norte de la provincia de Tucumán, se cultivan muchas vides".
Precisamente Burmeister hace un recorrido por el sur del Valle Calchaquí mapeando las formaciones geológicas. Luego declara: "Este vino de Cafayate era mi bebida habitual en Tucumán; lo encontraba sano y de buen paladar, comparable con un Petit-Borgoña, pero más suave. A éste le atribuyo el extraordinario bienestar físico de que gocé durante mi estada en Tucumán".
Tal como dijimos el sabio alemán se enamoró de la tucumana Petrona de Tejeda y Reynaga, nacida en 1845, con quien se casó en 1865 y tuvo cuatro hijos: Carlos, Amelia, Federico y Gustavo. Vino y amor parecen haberse conjugado perfectamente en ese romance.
Hace luego un análisis de los precios de venta (dos y medio reales la botella) y de cómo se fraccionaba. Y continúa: "La región de Cafayate es muy renombrada en el país por su vitivinicultura y provee además de buenos vinos no sólo a Tucumán sino también a Salta y Catamarca; es el mejor vino que he tomado en la Argentina y decididamente superior al que he conseguido después en Catamarca, siendo este último una bebida ordinaria que no podía compararse con el buen Cafayate".
Sigue su análisis con los vinos de la región y remarca: "El mejor de todos me pareció el Cafayate tinto, pues no he encontrado en los Estados del Plata, un vino de mejor paladar de elaboración criolla".
Con semejante declaración Salta puede sentirse honrada y en la cúspide del buen vino. Pero agrega todavía más: "La elaboración del vino es realizada por extranjeros, principalmente por italianos; los hijos del país no saben hacerlo, proceden en todas partes en la misma forma desaseada que ya mencioné al tratar de Mendoza. Por esta razón, en ninguna parte el vino producido por los habitantes del interior es bueno. Tanto en Catamarca como en Copacabana y en La Rioja he hallado solamente malos vinos. Del último de estos se me ofreció en Córdoba, y era muy mediocre; de los demás bebí en sus sitios de producción, pero todos, aún los mejores, contenían ácido acético y dejaban un gusto avinagrado o agrio".
Luego añade: "En todas partes prefería el mosto cocido, espeso, al vino fermentado; pero no se puede beber mucho de este, porque es un vino de postre y no de mesa, para lo que se presta admirablemente el Cafayate". Los conceptos de Burmeister sobre el vino de Cafayate considerándolos como los mejores de Argentina no dejan de ser un valioso testimonio para la provincia. De su prosa se rescata claramente que Burmeister era no sólo un gran observador y naturalista sino también un fino degustador y bebedor de los vinos del país a mediados del siglo XIX. Tal vez podría ser honrado y recordado con una etiqueta de vino calchaquí.
Burmeister estaba trabajando con unas vitrinas en el Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires cuando sufrió un accidente que le costó la vida, desangrado por un vidrio roto. Falleció el 2 de mayo de 1892 a los 85 años.
Era tal su figura científica que el propio presidente de la Nación, el Dr. Carlos Pellegrini (1846-1906) fue una de las personalidades que portaron el féretro. Sus restos mortales descansan desde 1967 en el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" en Parque Centenario.
Todos estos hechos fueron expuestos y recordados durante la conferencia del suscripto en el cierre de las "Jornadas Bodegas de Salta 2025" bajo el lema "La Génesis del Vino", llevadas a cabo en el Centro de Convenciones de Cafayate la primera semana de diciembre de 2025 gracias a la gentil invitación de Belisario Saravia Olmos y los empresarios bodegueros del Valle Calchaquí.
Unanimidad de los científicos
Y para abonar a esta historia del vino Calchaquí viene bien recordar los elogiosos conceptos de otro sabio decimonónico, el italiano Paolo Mantegazza (1831-1910) quién nos visitó en la década de 1850 y casó con la salteña Jacoba Tejada.
En su obra sobre el "Viaje al Río de la Plata", publicado en Italia en 1876, señala: "Los valles pedregosos, al occidente de la capital, producen vinos famosos, que avergonzarán a los más célebres de Francia cuando entren en el torrente de la circulación europea. El rojo de Cafayate, es un Borgoña elevado a la quinta potencia, un tesoro de energía, de sabor, de voluptuoso amargor". Y agrega "El ilustre zoólogo alemán Burmeister reducido a mal estado por los desarreglos de sus largos viajes por la América meridional, y consumido por la diarrea, fue restituido a la ciencia por el vino de Cafayate, al que presta, desde entonces, acatamiento de reverencia y gratitud" (p. 231).
La historia natural y cultural del vino Calchaquí espera aún ser escrita a pesar de los muchos y valiosos aportes dispersos en cientos de libros y artículos. La historiadora Mónica Lorenzi de Ruiz Moreno rescató un interesante dato del jesuita español Pedro Lozano (1697-1752) quien menciona que las primeras viñas del Valle Calchaquí las habría plantado el maestre de campo Lorenzo Arias de Velázquez, en La Paya, cerca de Cachi, en 1550. Recuérdese que por allí entraron al Valle Calchaquí, en la primera mitad del siglo XVI, los conquistadores españoles Diego de Almagro, Diego de Rojas, Felipe de Gutierrez, Nicolás de Heredia, Juan Núñez del Prado, entre otros. Uno de los objetivos eran los metales preciosos, conquistar territorios, fundar establecimientos e imponer la religión, para lo cual curas y vino eran esenciales. La historia registra al padre Juan Cedrón como el primero en traer sarmientos desde Chile y plantarlos en el norte argentino en 1556.
Sea como sea, la historia del vino en Salta se remonta a más de 470 años atrás.