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Pero Carlitos no olvida sus raíces. "Soy ciento por ciento villero", enfatizó en varias entrevistas al hablar de su vida de niño criado en Fuerte Apache. "En ningún otro lado existe tanta humanidad como en una villa", asegura. Pero de inmediato afirma: "Si no fuera por el fútbol, yo hubiera terminado como muchos chicos de mi barrio. Estaría muerto o en cana (en la cárcel), o tirado en la calle por ahí, drogado".
Y muy lejos de las frivolidades faranduleras, más de una vez abordó un tema que es de plena actualidad: la imputabilidad de quienes ingresan tempranamente al delito. "Yo pienso que nadie nace para ser chorro (ladrón) y que toda esta desigualdad hace que muchos pibes salgan a robar. En la pobreza se hace difícil vivir, uno puede caer en la plata fácil", afirma. Y advierte: "la realidad de las villas y de los chicos que roban hay que conocerla por dentro".
Tévez habla con la autoridad que da esa experiencia.
El jurista Martín Etchegoyen Lynch opina que bajar la imputabilidad de 16 a 14 años no resuelve nada. ¿Qué haremos con el próximo caso cuando un menor de 13 años mate o viole?, se pregunta,
El espanto que genera un crimen cometido por un chico de 15 años no debería apurar a los gobernantes a adoptar medidas apresuradas, que no resolverán el problema.
Lucidez
¿Algún legislador tuvo la iniciativa de convocar a Tévez a que les diera su opinión sobre el proyecto en tratamiento?
No, de la misma manera que tampoco se consulta a las maestras y maestros que educan en las áreas donde, por síntomas sociales, se sabe que los niños y las niñas sufren enorme vulnerabilidad. Y ese espacio va mucho más allá de los barrios "pesados". No de debe olvidar que más del 50% de los menores viven en la pobreza y, entre ellos, son innumerables los que crecen en hogares que ya registran tres generaciones de desocupados o subocupados. Un enorme sector de la población infantil y juvenil que crece con la certeza de que la única herramienta con la cuentan es la capacidad de supervivencia. Crecen sintiéndose sobrevivientes. Y si la ley es un obstáculo, la rompen.
Entonces, lo que hace falta, es que quienes ejercen el poder en cualquier estamento del Estado empiecen a trabajar en las causas de la violencia y la marginalidad juveniles.
La pedagogía
Y para lograrlo, hay que recurrir a las ciencias sociales y, especialmente, a la pedagogía. Hay que construir escuelas que vayan sacando a los chicos de la violencia y espacios de contención y educación, con educadores y psicólogos que se hagan cargo de los chicos desde el mismo momento en que se detecta que consumen drogas o alcohol, que protagonizan hechos de violencia grave o que son detectados como laderos de criminales. Y trabajar para sacarlos del pozo.
Pero, como dice Tévez, "a la realidad hay que conocerla de adentro". En otras palabras, con la imputabilidad de menores de nada sirve hacer "fulbito para la tribuna"
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