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Un nuevo hecho de inseguridad volvió a sacudir al barrio Grand Bourg. Durante la madrugada, delincuentes desvalijaron un jardín maternal ubicado sobre avenida Los Incas al 3100, a pocos metros de una plaza y a escasas cuadras de una dependencia policial. Se trata del jardín Gulili, un espacio educativo que funciona desde hace apenas tres meses y asiste a alrededor de 100 niños y niñas del barrio.
El robo fue descubierto cerca de las 7.30 de la mañana, cuando una docente llegó para iniciar la jornada. “Lo primero que notó fue que las donaciones estaban revueltas. Ahí se dio cuenta de que algo raro había pasado”, relató Luján Muratore, directora del establecimiento, en diálogo con El Tribuno durante la cobertura realizada en el lugar. Al avanzar hacia el área administrativa, la escena fue contundente: no quedaba nada.
“Se llevaron absolutamente todo”, afirmó Muratore, visiblemente conmocionada. Computadoras, impresoras, módem de Wi-Fi, equipos de música, materiales didácticos, juguetes, sillitas, microondas, productos de limpieza, escaleras, bombas del tanque de agua y hasta cámaras de seguridad fueron sustraídos. Incluso intentaron llevarse los aires acondicionados: los arrancaron y los dejaron abandonados en el lugar al no poder desconectarlos.
Un robo sin forzar accesos
Según explicaron desde la institución, los delincuentes habrían tenido tiempo suficiente para recorrer sala por sala. “No quedó un solo lugar sin que busquen”, señaló la directora. El ingreso se habría facilitado porque dentro del edificio había un bolso con llaves que permitía el acceso a todas las dependencias. “Una vez que entrás a una sala, podés recorrer todo el jardín”, explicó.
Durante la recorrida realizada por El Tribuno, se constató el estado de cada una de las salas: muebles vacíos, estantes sin materiales y juguetes acomodados apenas para intentar ordenar el desorden que dejó el paso de los ladrones. En el patio, si bien no se llevaron los juegos, dañaron piletas plásticas y rompieron la jaula de los conejos que forman parte del espacio educativo.
Una vecina del barrio aseguró haber visto a dos personas en actitud sospechosa cerca de las 2 de la madrugada y dio aviso a la policía. Sin embargo, según relataron desde el jardín, el móvil no habría llegado en ese momento. “Cuando llamamos a la mañana, vinieron enseguida. Criminalística trabajó muy bien, pero el robo ya estaba hecho”, lamentó Muratore.
Actividades suspendidas y un golpe duro
Por disposición policial, el jardín debió suspender las actividades tanto del turno mañana como del turno tarde. “La idea era seguir, hacer como que no pasó nada, pero la policía necesitaba trabajar tranquila”, explicó la directora. Actualmente, el jardín recibe a unos 100 niños en modalidad colonia, con un número que varía por el período de vacaciones.
“Volver a empezar de cero cuesta mucho”, reconoció Muratore, aunque remarcó que lo principal es que no hubo personas heridas. “Gracias a Dios no había nadie adentro. Lo material duele, pero se recupera. Lo más importante es que los chicos y las seños están bien”.
A pesar del golpe, aseguró que el equipo docente seguirá adelante. “Nuestro mayor recurso somos nosotras. Las familias nos están apoyando mucho y vamos a buscar la forma de seguir”, sostuvo.
Refuerzo de seguridad y datos de contacto
Tras el robo, desde el jardín adelantaron que avanzarán con nuevas medidas de seguridad, como la colocación de cerraduras inteligentes con huella digital en todas las salas, similar a la que ya tenían en la cocina, único espacio al que los delincuentes no pudieron ingresar.
El jardín puede encontrarse en Instagram como Gulili Jardín Maternal. El número de contacto es 3875-001151, aunque por el momento se encuentran incomunicados, ya que el celular institucional también fue robado durante el hecho.
El reclamo vecinal vuelve a hacerse oír
El robo al jardín se dio apenas un día después de que vecinos de Grand Bourg se manifestaran y convocaran a los medios para denunciar la creciente ola de inseguridad. En diálogo con El Tribuno, Osmar Garavano, uno de los referentes barriales, aseguró que la situación es reiterada. “Seguimos con los robos, seguimos haciendo notas. El año pasado hicimos varias y este año la situación continúa igual o peor. No hay horario: los delitos se dan durante todo el día”, expresó.
Por su parte, Ana Alfaro, comerciante de la zona, manifestó su preocupación pese a estar rodeados de edificios públicos y sistemas de monitoreo. “Estamos a dos pasos de Casa de Gobierno y aun así esto pasa. Hay cámaras, hay monitoreo, pero no alcanza”, afirmó.
Los vecinos informaron que el pasado 9 de enero presentaron una nota formal al secretario de Seguridad, Nicolás Avellaneda, acompañada por firmas, solicitando una reunión urgente. Hasta el momento, no obtuvieron respuesta. También reclamaron refuerzos para la Comisaría 16, recientemente elevada de subcomisaría a comisaría. “Deberían enviar al menos diez efectivos más y eso todavía no ocurrió”, advirtieron.
Mientras tanto, el barrio vuelve a ser noticia por un hecho que golpea de lleno a uno de sus espacios más sensibles: un jardín maternal que, pese al saqueo, busca ponerse de pie y volver a abrir sus puertas.