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Cuando el gobernador Pablo Latorre le perdonó la vida a Napoleón Güemes

Se dice que la niña Tránsito, hija favorita del gobernador, fue quien intercedió a favor de los condenados a muerte.
Domingo, 30 de noviembre de 2025 01:28
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Aun andan muchos recuerdos de los tiempos bravos de Salta, de cuando las pasiones políticas nos dividieron profundamente, sobre todo años después del asesinato del General Güemes. Eran tiempos en que las diferencias se resolvían a los tiros o a puro cuchillo y además, cuando los mandamás de turno tenían los fusilamientos a la orden del día.

Una de esas tantas "diferencias" contada por Cesar Perdiguero, ocurrió cuando era gobernador de Salta don Pablo Latorre (1785-1834) -padre de Aniceto- hombre bravo y corajudo que en sus años de gobierno debió enfrentar varias revoluciones de entrecasa pero no por ello menos sangrientas. La primera asonada ocurrió a días de asumir su cargo a fines de 1831. La encabezó su opositor José Güemes Goyechea (1805-1880), hermano de don Martín Miguel, y a quien derrotó en Cerrillos. Más tarde, en 1833, Latorre se las tuvo que ver con Dionisio Puch (cuñado del difunto Güemes) a quien enfrentó en Pulares. Y otro intento del cual salió airoso fue cuando en ese mismo año 33, puso en fuga al general Pablo Alemán, luego que este intentara desalojarlo del poder provincial.

Y en ese clima belicoso de andar tratando de sofocar conjuras y arriesgando el pellejo, el gobernador Latorre un día se enteró que de nuevo le andaban urdiendo una revolución. Ya curtido el hombre, de inmediato mandó a pesquisar y prender a los cabecillas de la conspiración "sean quienes sean" para después y cortando por lo sano, pasarlos por las armas.

Luego de una breve investigación cayeron los promotores principales de la revuelta quienes resultaron ser nada menos que Dionisio Puch y Napoleón Güemes. El primero, hermano de doña Carmen Puch de Güemes y el segundo, el menor de los Güemes y Goyechea. Y como la orden era prenderlos, los policías fueron tras ellos y así fue que a Puch -según Perdiguero- lo sacaron de su casa en paños menores y de esa manera fue llevado hasta el Cabildo para encerrarlo en una celda. En cuanto a Napoleón Güemes Goyechea no se sabe cómo fue su captura pero lo cierto es que también fue detenido y enviado al Cabildo para su encierro. Ya en el calabozo, Puch y Güemes fueron juzgados por sedición y ambos condenados a muerte.

Luego de conocidas las condenas, Latorre ordenó que los detenidos fuesen enviados a Castañares, casona donde el gobernador tenía su cuartel general y donde, según lo dispuesto, los revoltosos serían ejecutados. Y así fue que desde el Cabildo, Puch y Güemes fueron conducidos a Castañares con escolta reforzada mientras las campanas de las iglesias de la ciudad tañían lúgubremente tocando lentamente a agonía, tal como se acostumbraba por entonces. Y obviamente, los dobles de las campanas causaron una profunda consternación en el vecindario que de a poco comenzó a reunirse y organizar un pedido de clemencia por los revolucionarios. Reuniones que seguramente deben haber sido alentadas por muchos de los compañeros de Puch y Güemes.

El hecho es que la sentencia debía cumplirse el 15 de agosto, "Día del Tránsito" (hoy Asunción de la Virgen), fecha muy respetada por la grey católica y para más, día del cumpleaños de una de las hijas de Latorre, quien se llamaba Tránsito, uno de los nombres de su madre, doña Petrona Tránsito Sierra. Y para celebrar el aniversario de su hija, don Pablo venía organizado desde varios días antes un gran "banquete de mantel largo" a realizarse en aquella histórica casona, con bailes y otros regocijos y para más, amenizados por la banda de música. Todos esos preparativos estaban ubicados cerca del sitio donde debían instalarse los banquillos para Dionisio Puch, Napoleón Güemes y varios de sus cómplices. Y ya no había nada que hacer, todo estaba listo y la sentencia se iba a cumplir "chille quien chille" y "se oponga quien se oponga".

La comitiva

Pero mientras en Castañares todo estaba dispuesto para llevar adelante la ejecución, en la ciudad y como era de esperar, no cejaban las diligencias y gestiones tendientes a buscar ante el gobernador, clemencia y perdón para los revoltosos.

Y aunque por entonces las pasiones estaban desatadas, resulta difícil creer que Latorre no haya sospesado lo que significaba políticamente cargar la responsabilidad de hacer ejecutar un hermano del exgobernador Güemes, con quien había luchado codo a codo contra los realistas luego del "Pacto de los Cerrillos". Seguro que lo evaluó y por ello, lo que estaba madurando en la ciudad, le vino de maravillas, si es que no fue él quien lo instigó.

Precisamente el Día del Tránsito, que debía concretarse la sentencia a muerte, salió de la ciudad rumbo a Castañares una nutrida delegación de damas con el fin de entrevistar al gobernador para implorar por la vida de los condenados. Y así fue que cuando la muchedumbre arribó a la casona se dio con los preparativos del cumpleaños. Fue entonces que damas de la comitiva, aprovechando la oportunidad, intencionalmente le sugirieron a don Pablo que el mejor regalo que le podía hacer a su hija en el día de su cumpleaños, era perdonar la vida a Puch y Güemes. Dicen que a esta sugerencia, de inmediato se sumó la ofensiva de la cumpleañera, hija predilecta del gobernador, quien de esta forma ablandó el corazón de su padre que, luego de meditar aceptó el humanitario requerimiento. Y así fue que salvaron sus vidas Dionisio Puch, Napoleón Güemes y otros salteños complotados, los que al escuchar la buena nueva seguramente sintieron que el alma les volvía al cuerpo.

Los personajes

Pablo Latorre (1787-1834) nació en Salta y en los inicios del siglo XIX fue enviado a Buenos Aires para que siga la carrera de las armas. Participó de la Reconquista cuando las invasiones inglesas. Años después de 1810 integró el Escuadrón de Voluntarios que acompañó al General Belgrano hacia el Alto Perú. Participó de las batallas de Tucumán y Salta y más tarde cooperó con la organización del Escuadrón de Los Infernales con el que derrotó a los realistas en Chicoana. En 1815 prestó servicios en el Ejército del Norte a las órdenes de José Rondeau y luego del Pacto de los Cerrillos, se integró a las partidas gauchas del General Güemes hasta 1821. Después de la muerte de Güemes fue gobernador interino, luego del derrocamiento del General José Antonino Fernández Cornejo.

En diciembre de 1831, tomó nuevamente el gobierno de Salta pero a poco fue depuesto por José de Güemes y Goyechea. Un año más tarde asume por tercera vez la gobernación de Salta hasta que el 12 de diciembre de 1834 y tras un acto engañoso del coronel jujeño Mariano Santibañez, cayó prisionero cuando combatía en Castañares contra las fuerzas jujeñas al mando del coronel José María Fascio. Tras ser herido fue trasladado y alojado en una celda del Cabido, donde días después, el 30 de diciembre, el mismo Santibañez lo hizo asesinar.

Dionisio Puch. Nació en Salta el 9 de octubre de 1804 y de joven siguió la carrera de las armas. Participó de la guerra de la Independencia al lado de su cuñado, el General Güemes. Cuando ocurrieron las luchas intestinas entre federales y unitarios, se sumó a estos últimos y fue entonces que conspiró contra el gobernador federal Pablo Latorre, razón por la cual debió salir del país. Optó por radicarse primero en Bolivia y luego pasó a Lima. En 1856, encontrándose en el Perú, le fueron otorgados por ley los despachos de General de la Nación y su pase a retiro como guerrero de la Independencia. Ese mismo año fue electo gobernador de Salta, cargo al que debió renunciar un año más tarde por problemas de salud. En busca de nuevas medicinas viajó a Europa, pero falleció cuando arribó a Portugal en 1857. Sus restos fueron repatriados al país por gestiones del Dr. Luis Güemes en 1881.

 

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