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18 de Marzo,  Salta, Centro, Argentina
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Rodolfo Aredes: "Pepito es Salta. La historia de la provincia no se puede contar sin mencionarlo"

En una entrevista emotiva, nostálgica y reflexiva, Rodolfo Aredes recordó sus inicios y el nacimiento de su "amigo" Pepito. Luego de varios años de haberle dado tanto a la sociedad, su creador agradece el cariño y los reconocimientos que recibe.
Viernes, 23 de enero de 2026 15:59
Historia de Salta: Rodolfo Aredes y su muñeco Pepito.
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Rodolfo Aredes brindó una entrevista a El Tribuno. En la misma contó detalles de sus inicios y de su relación amistosa con Pepito. El reconocido genio del espectáculo, dió detalles de su vida profesional y cómo fueron esos años de brindar risas y alegría a las distintas escuelas, casas y familias de la provincia.

Además, habló sobre la propuesta que recibió desde Kentucky, Estados Unidos y como se siente respecto a la misma. En una conversación, donde no faltaron risas y reflexiones, Rodolfo Aredes se mostró conmovido por haber impactado de forma tan positiva en toda una generación y el cariño que le transmiten en la calle. 

Rodolfo Aredes: desde sus 14 años se dedica a ser ventrílocuo.

Desde el museo Vent Haven Museum, se conmovieron frente a la posibilidad de tener a Pepito bajo su resguardo y darle un lugar entre sus aclamadas vitrinas. De forma categórica, Aredes brindó su respuesta a este medio en una charla con lujo de detalle.

¿Cómo descubrió su talento? 

 Me descubrió el representante de un circo. Uno muy conocido en Argentina por vender espectáculos de circense. En la época no había otro espectáculo, ahora los representantes venden espectáculos artísticos de todo tipo. En esos tiempos, nada más que los circos y los parques representaban. Así que él me descubrió como ventrílocuo cuando tenía poco más de 5 años. La primera vez que yo trabajé con un muñeco fue en junio de 1950, teniendo 7 años en el circo Mercurio de la ciudad de Mendoza. Era de mis tíos. Fue él quien me permite hacerlo, porque él vio en mi un número más para su espectáculo. Entonces inmediatamente pidió que me hicieran un muñeco, me fabricaron un pequeño libreto escolar y me mandaron a la pista. Y tuvo tanto éxito, que en muchos de los pueblos donde el circo anduvo, me convertí en la figura principal.

 

 

¿Por qué se le ocurre a usted que no tuvo algún sucesor o reemplazante?

Bueno, tal vez porque no lo busqué, ¿no? No pensé en un sucesor ni en un reemplazante. Pero si lo hubiera buscado acá, capaz que lo habría encontrado. Tuve un par de simpatizantes, como Luis Di Stéfano, que hace del Chavo del Ocho aquí en Salta. Un día, en Córdoba, me enfrentó y me dijo que quería ser como yo. Pero él quería ser como yo haciendo cosas para la gente, o sea, la parte solidaria. Él decía que cantaba como Ricky Maravilla y yo, siendo amigo de Ricky, le pedí que me diera una pista. Me la dio y, sí, él canta como Ricky Maravilla. Luego apareció diciendo que quería ser ventrílocuo. Le digo: bueno, hasta ahora no lo he visto como ventrílocuo, pero sería el más cercano de todo lo que he tenido antes, ¿no? Y después, los pocos ventrílocuos que aparecieron en Salta, muy pocos, no tuvieron suerte porque creo que Pepito los apocaba, ¿no? 

Recuerdos de la infancia: cientos de niños miran el show de Rodolfo Aredes.

¿Sintió en algún momento que Pepito era su amigo? ¿Le daban ganas de conversar con él?

Sí, pasa que yo, cuando era joven, unos 30 o 35 años —ahora tengo 82—, solía ponerlo al lado mío cuando viajábamos, para ir charlando con alguien, por lo menos. No se olvide que en los vehículos de antes, pasabas El Portezuelo y ya se terminaba la radio. Existía el cassette, pero no todos tenían cassette como para tener música. Entonces yo lo ponía a Pepito y charlaba con él. Así que siempre hemos conversado, hemos hablado. Las cosas que a uno le pasan siempre las he dialogado con Pepito. Él tiene un lugar, una habitación, tiene su equipo completo, como tendría cualquier persona. No es que esté loco, sino que para mí Pepito existe, vive y habla. No soy yo, es él. El día que yo me convenza de que soy yo, dejaré de ser ventrílocuo, porque, aparte, pensamos distinto y dialogamos distinto. Muchas veces, en el escenario, él dijo cosas que me hicieron matar de risa y no podía continuar, no podía. Estaba tan tentado de risa que no podía seguir trabajando. Y más de una vez también me causó un problema: me puso mal. Lo sentía desubicado en el momento, sentía que era un insulto para los demás, pero era parte del humor que tiene Pepito. Normalmente, los políticos siempre han tenido que soportar la opinión de mi personaje.

¿Pepito fue siempre el mismo o hubo varios?, ¿tuvo otros muñecos?

No, no, él fue siempre el mismo, el único. Yo tuve ocho muñecos antes que Pepito. Pero claro, en la locura de todos, quise tener algo nuevo y empecé a hacerme otros. Cuando encontraba a alguien habilidoso que me pudiera tallar un personaje, lo hacía. Y así tuve Payasín, a Chirola y a Don Juan, que era una copia de Perón: era político y era un viejo. Bueno, a todos esos los tuve hasta 1957. Cuando nace Pepito en 1957, entró al país y me encuentro con Fumanchú y su espectáculo. Él vino a Argentina, inclusive a Salta. Le gustó mucho mi trabajo, que tengo fotos con él de la época. Y él me dijo que tenía que ser nada más que ventrílocuo, porque no podía hacer muchas cosas. Cuando alguien hace muchas cosas, no es nada. En cambio, si vos haces una sola cosa, te descata. Y tal vez, ese consejo de Fumanchú, que me llevó a ser únicamente ventrílocuo y crecer como ventrílocuo.

El muñeco Pepito con los chicos en una fiesta de cumpleaños.

¿De dónde salió el nombre Pepito?

Es una larga historia que amerita una nota aparte. Pero, resumidamente, puedo contar que el nombre surge durante la primera función que dimos. Yo tenía 14 años y estaba en Lima, Perú. Cuando el presentador me estaba anunciando y me entregan el muñeco, salgo a escena y me doy cuenta de que tenía un personaje que no era de aquí: no tenía libreto para él. Entonces le pregunté cómo se llamaba y él me dijo Pepito. Ahí nació el nombre. Él mismo se puso el nombre. Esto impactó muchísimo, porque yo no lo conocía.

¿Es consciente que marcó a toda una generación?

Recién ahora, en viejo. Cuando me encuentro con personas que tienen mi edad o un poco menos. Un hombre de 60 años me ve en la calle y me abraza.Veo que llora y entonces me doy cuenta que no solo hice un espectáculo,  he calado hondo en el sentimiento de la gente, que pertenezco a su familia. Soy parte de la historia de estas personas. Entonces me doy cuenta que el espectáculo en sí tiene eso, deja mensajes en el subconsciente. Este era un espectáculo gratuito. Había muy pocos en la ciudad en ese  entonces y menos áun gratuitos. Muchos chicos venían con sus abuelos caminando desde todos los barrios hasta el Paque San Martín.

Rodolfo Aredes en una presentación.

A los chicos de hoy en día no les atrae lo mismo ¿ellos se la pierden no?

Yo creo que los chicos de hoy se pierden de muchas cosas porque, lamentablemente, esta maquinita moderna —el teléfono celular— tiene mil cosas ahí adentro, por lo que no comparten con otros niños o familiares. Los chicos de hoy no tienen una necesidad espiritual de las cosas. Están alejados hasta de la familia. En nuestros tiempos teníamos la vivencia humana, las experiencias, no historias contadas. Lamentablemente, el chico que hoy juega ve cosas violentas; nosotros teníamos nuestros jueguitos, que eran muy sanos. Entonces el espectáculo artístico para niños era muy lindo porque nosotros los divertíamos y los hacíamos compartir uno con el otro. Juegos de barrios que incorporábamos al espectáculo donde eran protagonistas ante los otros chicos. Hoy no es lo mismo aunque el niño es siempre niño. Antes, chicos de 12 o 13 años le creían en Pepito, y hoy, con más de 4 o 5 años, ya no le creen, ¿entienden? Dicen: “No, no habla el muñeco, habla usted”. Años atrás, incluso gente grande se me acercaba a hablar, pero no conmigo, sino con Pepito. Estaban convencidos de que él hablaba.

Mi Mamá aún se acuerda entre risas y nostalgia cuando Pepito no quería entrar en su maletín...

Sí, ese fue el final del espectáculo. No sé por qué lo empleé; lo debo haber hecho de manera inconsciente y tuvo mucho éxito en el escenario. De ahí lo repetimos, como otras mil anécdotas que podría contarle. Alguna vez Pepito lloró cuando se iba a la valija y la gente se levantó para aplaudirlo. Ahí noté que ese era el final que tenía que hacer: era el más fuerte. Pero la primera vez que se hizo, le aseguro que fue inconsciente. Tan espectacular era ese cierre que una vez grabé la voz del muñeco pidiendo ayuda desde dentro del maletín, y al final del espectáculo se me acercó una señora y me dijo: “Usted es muy cruel”, refiriéndose al llanto de Pepito.

Muñeco Pepito: recuerdo del año 2001.

Un tema muy importante es la invitación que recibió desde Estados Unidos: ¿cuál fue su reacción al enterarse? ¿qué siente respecto al homenaje que le quieren hacer?

Bueno, la reacción es lógica, es una alegría, una satisfacción. Es el logro, es el triunfo, es el premio, es la devolución por un trabajo. Es saber que uno llegó a conmover a otros. Es la misma situación que con el monumento que se me hizo acá en Salta. Esto es un homenaje más que me quieren hacer. Me están pidiendo que yo les de mi personaje -Pepito- y todo lo de él para el museo (Vent Haven Museum). Y aún lo estoy pensando. Me sorprendió, me dio una alegría muy grande que alguien de Estados Unidos sepa quién soy y que soy de Argentina; un país para ellos hasta desconocido tal vez. Porque ellos no estudian geografía y se lo digo por experiencia. Nosotros sabemos donde queda el río Nilo, ellos no saben ni dónde queda el río de su país. Para mí fue una sorpresa que me buscaran, pero… ¿en busca de qué estaban? De un objeto para el museo. Buscan la mayor variedad y casi la totalidad de los que existieron. Para mi es muy importante que yo esté en su museo porque se puede decir que no he pasado inadvertido por este mundo.

Ahora la pregunta que todos nos hacemos ¿se va a quedar Pepito en Estados Unidos? ¿qué emociones se le cruzan por la cabeza frente a esta decisón?

La desición que debo tomar implica que me tome mi tiempo. Ir a Estados Unidos y llevarlo personalmente. Ellos me pidieron que yo lo deje testado, para que lo puedan reclamar. Yo por ahora les pedí que sea una réplica para poder dejarlo a Pepito acá, porque es salteño y me debo a los salteños. No puedo ser injusto con ellos. Pepito es Salta, es parte de la historia de Salta y usted no puede contar la historia de la provincia si no comenta a Pepito en algún momento. Por eso quiero que se quede acá. 

En 2013, Pepito cumplió 57 años junto a los niños.

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