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Cuando el Hospital de General Mosconi anunció que había incorporado la primera mujer-chofer de ambulancia al sistema sanitario provincial (El Tribuno 03/02/2026) la noticia causó una agradable sorpresa. Quizá tanto como cuando la señora Liliana Leiva se convirtió en el año 2015, en la primera mujer que pudo conducir colectivos en Salta, tras un largo proceso que concluyó en la Corte de Justicia. Sin dudas, un importante logro en la larga lucha de la Mujer por sus derechos. Pero resulta que esas luchas tienen hitos. Algunos aún están frescos en la memoria colectiva pero otros se perdieron como es el caso de la primera mujer que condujo en la provincia, un “auto de alquiler”, un taxi o un coche de plaza, si la hubo. Y algo de esto es lo que ocurrió en el ámbito del Ministerio de Salud Pública o Bienestar Social, donde hay un caso anterior a doña Elsa Villalba de Gral. Mosconi y que, por el tiempo transcurrido, pasó al olvido. Es el de María Teresa “Macaferri” Guaymás (1930-2016) que mecánica y chofer de los tres talleres de automotores que tuvo el organismo. Primero en la Asistencia Pública (Belgrano y Sarmiento), luego en el Hospital San Bernardo y por último en España y Brown donde se jubiló con más de30 años de servicios. Como chofer de ambulancia su primer destino en 1958, fue el hospital de la localidad de El Tala, departamento La Candelaria, durante el gobierno de don Bernardino Biella. Por entonces, el gobierno recibió ambulancias que el gobierno de facto anterior había importado de EE. UU.
Estudios
Pero veamos más en detalle la vida de esta primera mujer-chofer de ambulancia de la provincia. Como ya dijimos, se llamaba María Teresa Guaymás, hija de doña María Guaymás. Pero como ambas vivían en la casa que en Cerrillos tenía el Ing. Juan Macaferri, la gente del pueblo, le adosó espontáneamente a la pequeña el apellido del dueño de casa, algo muy habitual por entonces. Y así por costumbre, ella comenzó a ser “Teresa Macaferri” pero en realidad era Guaymás. Y en esa casona, que aun está en pie frente a la plaza principal del pueblo, Teresa vivió su infancia y su adolescencia. En edad escolar, ingresó a la única escuela del pueblo pero a poco le dijo a su tutor -el ingeniero- que no quería ir más a esa escuela porque “los changos me pelean”. Pero como su tutor quería que siga estudiando, habló con una docente del pueblo que enseñaba en la Escuela Nacional N° 148 de “La Falda”, distante a unos 4 kilómetros. Y así fue que Teresa, viajando todos los días en el coche de tiro de la maestra, terminó el primario en “La Falda”. Cuando eso ocurrió, la “Seño” que se había hecho cargo de llevarla a la escuela, se presentó ante Macaferri y le dijo: “Don Juan, Teresa acaba de terminar la primaria”. El italiano, luego de gradecer la dedicación de la docente, le dijo a la recién egresada: “¿Qué quieres que te regale?” Y ella respondió: “Una camiseta de River, un pantalón de jugador y una pelota de fútbol”. Y así fue que la jovencita, ya casi adolecente, comenzó a trajinar los colores del Club Atlético Cerrillos (River), y a jugar al fútbol con los changos a principios de los años de 1940. Admitamos entonces, que ella fue también una de las pioneras del fútbol femenino.
Y ya sin compromisos de estudios, Teresa comenzó a trabajar como un peón más en la finca del patrón, siempre vistiendo ropa masculina. A los 15 o 16 años por su voluntad propia, ya cargaba carros con bolsas de maíz o poroto para llevarlos a la estación de trenes. Y aunque los carros tirados por bueyes tenían sus carreros –uno de ellos don Félix López- Teresa casi siempre se las ingeniaba para arrebatar las riendas y conducir a los bueyes o a las mulas, según sea.
Escuela de Manualidades
Cuando en 1949 se creó en Cerrillos la filial de la Escuela de Manualidades, el Ing. Macaferri la inscribió a Teresa pero esta se negó ya que una de las exigencias era que las alumnas debían asistir con delantal y obvio, sin pantalones. Fue el párroco Zangrilli quien la convenció para que aceptara las reglas de la escuela. Y así fue que terminó inscripta en Cocina, aunque luego sumó Corte y Confección, especializándose en “zurcido invisible”. Fue por entonces que quien escribe estas líneas, vio por primera a Teresa como una alumna cualquiera.
Luego del fallecimiento del Ing. Macaferri, aproximadamente en 1953, Teresa con 23 años se fue a vivir transitoriamente con su madre, casada con Dionisio Liendro, municipal y basurero del pueblo. Fue por entonces que ella ingresó como aprendiz al taller mecánico de don Oscar Ignacio Jora, quien era además, “Agente autorizado del Servicio Mecánico de Mercedes Benz”, automotriz que hacía poco se había establecido en la provincia de Buenos Aires. En ese taller de “Jorita”, aprendió mecánica del automotor mientras que a la par aprendía guitarra con Lito Nieva, Manuel Santos, Toto Russo y Madeo. Y a partir de entonces se hizo guitarrera, cantora y “cacharpayera”, mecánica y además, por una promesa, exclusiva florista de los Viernes Santo pues ella decoraba con flores el Calvario del Señor en la plaza del pueblo.
De serenata
Y fue por esos años que ya guitarrera de alma, se le dio por brindar serenatas a todas las mamás del pueblo para el Día de la Madre. Su periplo comenzaba apenas pasada la medianoche y terminaba al amanecer, siendo su madre la primera que recibía el saludo serenatero. A veces iba acompañada por su hermano mayor, Miguel “El Indio” Guaymás, organista y coreuta del “Coro San José de Cerrillos” que dirigía el P. Luis Zangrilli, a la sazón, director del Coro Polifónico de Salta.
Salud Pública
Desde que egresó de la Escuela de Manualidades, la vida de Teresa se alternaba entre la mecánica, las cacharpayas, la costura y hasta la peluquería masculina a domicilio. Así, hasta que en 1958 todo cambió. Tras el triunfo electoral del Dr. Frondizi en la Nación y Bernardino Biella en Salta, ingresó al Ministerio de Salud Publica provincial como mecánica y chofer del organismo. Agradecida, decía que al trabajo se lo debía a Oscar Jora quien por entonces era intendente de Cerrillos. El hecho es que a poco de ingresar a Salud Pública, llegaron a Salta por vía férrea, casi una decena de flamantes ambulancias importadas de EE.UU. Esto dio lugar a que el Ministerio destinara estos vehículos a los hospitales más alejados del interior, siendo uno de ellos, asignado al “Hospital “Santa teresa” de El Tala. Y allá fue María Teresa Guaymás para ser la primera chofer-mecánica de ese nosocomio y de la provincia, localidad donde –según Myriam contó a El Tribuno- aun se la recuerda. Pasado unos años, por la salud de su madre, debió regresar a Salta para trabajar en los flamantes talleres del Hospital San Bernardo y donde además, le dieron, por su experiencia, la responsabilidad de conducir el furgón mortuorio que trasladaba los muertos del San Bernardo hacia sus lugares de origen. Y de esta manera es que conoció casi todos los caminos, pueblos y parajes salteños. Luego pasó a los talleres de España y Brown, donde se jubiló.
Gato encerrado
Una de las especialidades culinarias de Teresa era el “lechoncitos al horno”. De este exquisito plato no hubo un solo médico del Ministerio de entonces, que no lo haya saboreado. Los invitaba a su casa de Cerrillos diciendo que por la muerte de su chancha había tenido que sacrificar las crías. Y por supuesto, quién se iba a perder la oportunidad de echar un buen bocado de “cochinillo”. Solo pedía que al convite cada uno llevara “vino del bueno”. Y como es de imaginar, nadie esquivaba el convite con guitarreada incluida. Y así, cuando ya todos los comensales estaban satisfechos, y daban y pedían aplausos para la asadora de tan exquisito plato, Teresa salía con su “domingo siete”. Y tal como un mago saca conejos de su galera, ella de una bolsa de arpillera extraía cueros y cabezas de los “michis” recién asentados con “vino del mejor”, mientras a las carcajadas espetaba a sus invitados: “¡Esto es lo que han comido, carajo!”.
Hasta el final
En su vida privada, Teresa vivió con Silvia Tello hasta su fallecimiento ocurrido el 11 de marzo de 2016.