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En diálogo con El Tribuno, una de las madres de los niños afectados, que prefirió mantener su identidad reservada, relató con angustia cómo descubrió lo que sucedía con su hijo en el jardín maternal. "Mi hijo, Martín, me decía que la señora Nicole le pegaba. Al principio, pensé que podía ser algo inventado por su edad, que a veces se confunden con sus juegos, pero cuando vi que otros niños también mostraban signos de angustia, supe que algo no estaba bien", contó la madre.
La situación comenzó a fines de 2023, cuando su hijo, de aproximadamente un año y medio, empezó a mostrar comportamientos inusuales al regresar de la institución. A pesar de las explicaciones de la docente y de la directora, la madre decidió mantenerse alerta, pues algo no le cerraba. Su intuición no la engañó, ya que, poco después, la madre descubrió que otros niños presentaban signos similares de maltrato.
"Al principio todo parecía estar en orden, pero luego noté que mi hijo se negaba a ir al jardín, se ponía muy ansioso y me decía cosas raras, como que la ‘seño’ le pegaba. Un día vi a otra niña con marcas visibles en su cara. Pregunté a mi hijo y él me confirmó que también le pegaba. Ahí me alarmé, porque no era la única. Otros padres me contaron lo mismo, que sus hijos no querían ir, que habían vuelto a usar pañales o que mostraban miedo. Fue cuando nos reunimos para hablar con la directora", relató la madre.
Pero el maltrato no se limitaba solo a agresiones físicas directas. "Venían con pellizcones, un juego raro de la ‘avispa’, que sí, es así, el juego te pellizca. Entonces, mi hijo lo vivió, y otras mamás que tenían hijos con hermanitas más grandes también vivieron lo mismo", explicó la madre, describiendo uno de los juegos que la docente utilizaba para agredir a los niños. Este tipo de prácticas, aparentemente inofensivas, resultaban ser una forma de violencia física que dejaba marcas en los menores y generaba temor.
Ante la creciente preocupación de los padres, decidieron hacer una reunión con la directora. "La directora se molestó conmigo, como si yo lo estuviera exagerando. Me dijo que ya habíamos hablado sobre esto antes, pero yo sentía que no podíamos dejarlo pasar", recordó la madre. A pesar de la molestia de la directora, ella accedió a poner a disposición las grabaciones de las cámaras de seguridad del aula.
Sin embargo, la situación dio un giro inesperado. "Uno de los papás, que es técnico en cámaras, fue con otro papá a revisar las grabaciones, y efectivamente, el día y la fecha en que mi hijo sufrió ese episodio, el 9 de septiembre, no estaban filmados. El papá nos dijo que eso podría haber sido por un corte de luz o algo similar", explicó. Esta irregularidad aumentó las sospechas, pero lo que finalmente ayudó a confirmar el abuso fue un video grabado por uno de los padres. "Uno de los papás de las niñas logró grabar un video en el que se ve claramente a la maestra empujando a una niña sin razón. Ese video fue el único que quedó y fue crucial para la denuncia", detalló la madre.
La resolución de la justicia
El proceso judicial culminó con la condena de Nicole Isa López, quien fue sentenciada a tres años de prisión de ejecución condicional por las agresiones físicas y psicológicas que ejerció sobre los niños. Los testimonios de los padres y las pruebas presentadas, como las grabaciones y el video, confirmaron que la maestra no solo golpeaba a los niños (empujándolos y golpeándolos), sino que también los sometió a un daño emocional significativo, manifestado en miedo, angustia y rechazo hacia el jardín.
El fiscal Ramiro Ramos Ossorio, interino en la Fiscalía Penal 2, resaltó que este caso es un avance en el reconocimiento de la violencia infantil. “Es un fallo histórico porque se considera tanto el daño psicológico como las lesiones físicas. Los niños sufrieron maltrato evidente que afectó su desarrollo emocional y su bienestar”, destacó el fiscal.
López fue condenada a tres años de prisión condicional y deberá someterse a tratamiento psicológico, además de cumplir con la prohibición de mantener contacto con menores de edad durante el período de su condena.
La necesidad de una regulación más estricta en los jardines maternales privados
En conversación con El Tribuno, la madre comentó: “Creo que los jardines maternales privados deben ser más regulados. No es solo la formación que deben tener las personas que cuidan a los niños, sino también las evaluaciones psicológicas previas. No podemos permitir que más niños pasen por lo que mis hijos vivieron”.
Aunque la directora del jardín no fue directamente responsable de las agresiones, la madre subrayó que su papel como supervisora del establecimiento debería haber sido más riguroso. "La directora tuvo una función clave, pero no fue efectiva en la supervisión. En este tipo de lugares donde los niños están tan vulnerables, la responsabilidad es de todos, desde los directores hasta los docentes", agregó.
A pesar de la gravedad de los hechos, el jardín no fue clausurado ni intervenido, dado que es una institución privada. La directora fue imputada por su falta de supervisión, pero no se le atribuyó responsabilidad directa en las agresiones. La madre finalizó: "A pesar de todo, el jardín sigue funcionando, aunque con otro enfoque y después de hacer varios cambios en la estructura. Nosotros ya no confiamos en ese lugar".
Por su parte, la madre mencionó que, aunque no ha necesitado tratamiento psicológico para su hijo, sigue recordando lo sucedido. “Él me dice: ‘¿Te acuerdas mamá cuando la seño Nicole me pegó?’ Aunque no ha tenido grandes consecuencias emocionales, seguimos atentos. Quizá el tiempo lo dirá”, expresó.
Este caso ha sido un recordatorio de la importancia de mantener una vigilancia constante sobre los lugares donde los niños pasan una parte significativa de su tiempo. La violencia en los entornos educativos, especialmente en los primeros años de vida, no solo afecta físicamente a los menores, sino que también puede dejar cicatrices emocionales de largo plazo. La lucha contra este tipo de violencia, según los padres afectados, debe comenzar con una regulación más estricta y una vigilancia más cercana de los entornos educativos para proteger a los niños.