Esta vez fue para Central Norte. El clásico y la clasificación quedaron en barrio norte, porque el cuervo superó a Gimnasia con lo justo, no le sobró nada y le alcanzó con la firmeza defensiva de Armella, la entrega inclaudicable de Chávez, la potencia de Perillo y la contundencia de Weiner.
Central, además, comenzó a cambiar su imagen y se impuso sin ser muy superior; abrió el clásico con tibios remates de Perillo y Manzano a las manos de Mulieri. Un anticipo de la mejor predisposición que tuvo el cuervo para atacar. Aunque, por momentos, el clásico parecía que se iba a jugar de arco a arco, porque Maino tuvo que salir a reventarla apurado por Agudiak, y un tiro de Gómez casi sorprende al arquero.
El equipo de Jorge pasó a ser definitivamente mejor a partir del gol que nació de una guapeada de Perillo y un toque sutil de Manzano: habilitó a Weiner que castigó abajo. Central ganó en confianza, creció la presencia de Perillo, Weiner siguió enchufado. Gimnasia solo tiró centros y mostró extrañamente grietas en defensa; al menos mantuvo una de sus virtudes, la paciencia y así terminó arrinconando al cuervo en la primera etapa.
El complemento se abrió con un pequeño tumulto, Felipe acusó un codazo de la Chancha y el clásico pasó a jugarse con dientes más apretados. Y Central no le aflojó, sin demasiada claridad, pero con el empuje de Perillo. El reloj apretó a uno y exigió al otro. El Tano mandó a Ceballos a la cancha y pasó a defender con tres. Ni así el albo pudo superar el trabajo ordenado del equipo de Jorge. Inclinó la cancha en casi toda la segunda etapa, pero Zárate nunca le pudo ganar a los centrales y Agudiak fue absorbido por la marca. El juego del albo murió en tres cuartos de cancha, apeló al juego aéreo y tampoco le resultó. Por esto no pudo evitar su tercera derrota en fila mientras que el cuervo consiguió algo de alivio y seguir en la Copa.

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