El gobernador Juan Manuel Urtubey conmovió ayer bien temprano a las redes sociales cuando utilizó los medios rentados por el Estado para agraviar al candidato opositor José Ibarra con un insulto de inequívoco sello homofóbico.

Al parecer, el gobernador no toleró que Ibarra se refiriera al acuerdo que aquel selló con el diputado y candidato a senador Alfredo Olmedo como “un pacto de chicos malcriados”.

Exaltado, a partir de las ocho de la mañana y sin que el inicio de la veda electoral significara un freno, Urtubey, ensayó una respuesta que con el condimento típico de los programas de chimentos. Dijo que Ibarra, gremialista del sindicato de taxis y oriundo de Guachipas, “volvió con su pareja hace un par de años a Salta, con el juez Noberto Oyarbide, que era pareja y por eso venían tanto para acá. Pero cuando se rompió esa relación el juez no vino más a Salta”.

Además, lo calificó de “mamarracho”.

A esa llamativamente temprana hora, Urtubey no reparó que tanto el juez federal Norberto Oyarbide como Ibarra son oriundos de Guachipas y que ese es el pueblo de las madres de ambos. El juez Oyarbide, quien actualmente tiene una pareja homosexual formalizada, vino a Salta en muchas ocasiones y en más de una acompañó al actual gobernador en ceremonias religiosas.

No es la primera oportunidad en que Urtubey e Ibarra protagonizan ásperos cruces en público. Hace unos meses discutieron a viva voz cuando el gobernador se ofuscó porque Ibarra denunciaba los favoritismos en la distribución de viviendas en el barrio Lomas de Medeiro.

Urtubey intentó negar una vez más el acuerdo por el cual el candidato sojero vota siempre en el Congreso de acuerdo con las indicaciones que le hace llegar el gobernador a través de su hermano Rodolfo. “Esas declaraciones son de mínima una falta de respeto a la gente”, expresó Urtubey, quizá sin medir el tenor de lo que había dicho segundos antes.

Ibarra contestó, horas después, que “el gobernador debería actuar con madurez, poniéndose a la altura del cargo que ocupa, y no comenzar la veda electoral con pavadas” dijo, y agregó: “Debió haber tenido una noche complicada”.

“Es increíble que en vísperas de una elección esté tan preocupado por agraviar, lo que no solo muestra que es un homofóbico lleno de prejuicios, sino que revela su total incapacidad para conocer y resolver los problemas de la provincia”; dijo y agregó: “Sería mejor que se serenara”.

Al referirse a su vínculo con el juez Oyarbide, Ibarra reiteró: “Urtubey habla de lo que no sabe, cargado de resentimientos. Norberto Oyarbide es mi hermano de la vida; lo admiro como persona y lo respeto, porque gracias a Dios no tengo la mente retorcida. Usar la vida privada de la gente para hacer política es rastrero, sea que lo que se dice sea verdad o, como en este caso, un invento propio de quien no mide sus palabras ni afronta los problemas verdaderos”.

“Creo que hay que buscar otra explicación a los disparates de este personaje”, agregó Ibarra.

Un debate nada republicano

Hablar de un “pacto de chicos caprichosos” supone apelar a la ironía para definir un acuerdo implícito u oculto. Es una chicana de campaña, habitual, si se quiere, aunque impropia de un debate de alto vuelo.
Hacer referencia a la vida privada o imputarle ciertos vicios a una persona ya no es una chicana, sino un golpe bajo.

Gran parte de los epítetos cruzados del intercambio que ayer pobló las redes sociales representa la negación de lo que se puede esperar en la vida democrática.

La sanción de leyes como el matrimonio igualitario o la identidad de género merece diversas opiniones desde el punto de vista ético, jurídico y filosófico, pero se trata de leyes constitucionales cuyo resultado ha sido que la vida íntima quede reservada al juicio de Dios y de cada cual. Sobre todo, gracias a esas leyes, hay mucha gente que se siente incluida, respetada y contenida. Atribuirle a alguien una relación homosexual supone una descalificación que ya no está en las leyes ni en la cultura. Si esa relación es inventada, la cuestión se desliza hacia zonas escabrosas, donde a los prejuicios se suma la voluntad de injuriar.

De constructivo, nada. 

 

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