El 8 de diciembre es, para gran parte de la humanidad, un día que anticipa la celebración de la Navidad. En muchos hogares se arma el arbolito en un clima de fiesta. Sin embargo, hubo un 8 de diciembre en que todo fue diferente y triste. En 1980 Mark David Chapman asesinó a John Lennon. Cinco veces le disparó al líder de Los Beatles en la entrada del edificio Dakota, en Nueva York.

Lennon fue declarado muerto en sala de emergencias del Roosevelt Hospital a las 11.15 PM. Y no sólo la música, sino todo el mundo se vistió de luto.

Lennon es uno de esos pocos hombres a los que la historia cataloga de imprescindibles. Pacifista por antonomasia, se oponía a la guerra de Vietnam y era uno de los máximos enemigos de Richard Nixon, quien gobernó Estados Unidos durante los últimos años del conflicto.

El músico de los inconfundibles anteojos respondía a los ataques y las ofensas con poderosos llamados a la paz. Muchas de sus canciones mencionan el tema: “Dale una oportunidad a la paz”, “Feliz Navidad (La guerra se terminó) son algunos ejemplos, pero sin dudas el verdadero himno a favor de la paz es “Imagina”. Allí aparece el emblemático verso: “Pueden decir que soy un soñador, pero no soy el único”.

Los fabulosos cuatro

A los 17 años, John formó The Quarrymen. Le pidió a Paul Mc Cartney que se uniera a la banda y aceptó hacerle una audición al amigo de Paul, George Harrison.

Un año después se separaron y se reagruparon como Johnny And The Moondogs y después The Silver Beatles. Pete Best entró como baterista y The Silver Beatles partieron de Inglaterra a Hamburgo en donde tocaban ocho horas continuas en el Indra Club. En 1960 ya eran Los Beatles, la banda más famosa de la historia de la música.

Con giras interminables y discos memorables como “Déjalo ser” o “Abbey Road”, entre otros la magia de John, Paul, George y Ringo, fue breve, pues no superó la década. Paul McCartney presentó una demanda para la disolución de los Beatles el 31 de diciembre de 1970, aunque la banda había dado su último show el 30 de enero de 1969 en la terraza de Apple Corps en Londres. Aquella ocasión es hasta hoy recordada como “El concierto de la azotea”.

En primera persona

Enamorado de la artista plástica japonesa, Yoko Ono, en 1970 Lennon editó su primer trabajo como solista John Lennon/Plastic Ono Band. Hasta su asesinato siguieron seis placas. Su último trabajo “Fantasía doble” se hizo esperar por cinco años y salió a la luz en 1980.

Sobre esa larga pausa, Lennon confesó, en una entrevista a Playboy: “Había estado bajo obligación o contrato desde que tenía 22 años y hasta después de cumplir 30. Después de esos años, eso era todo lo que conocía. No era libre. Estaba enjaulado. Mi contrato era la manifestación física de estar en prisión. Fue más importante encararme a mí mismo y encarar la realidad que continuar una vida de rock 'n' roll y seguir bajo los caprichos de tus actuaciones o de lo que el público opina de ti. El rock 'n' roll dejó de ser divertido. Decidí no tomar las opciones estándar de este negocio -ir a Las Vegas y cantar tus éxitos, si tienes suerte, o ir al infierno, que es a donde Elvis se fue”.

Una vida difícil

La vida de Lennon no fue sencilla: su madre lo dejó al cuidado de su tía Mimi, su padre fue desertor en la Segunda Guerra Mundial. John tuvo grandes vacíos afectivos hasta que conoció a Yoko. Junto a ella, movilizaron al mundo cuando pasaron largas jornadas en “En la cama por la paz”.

Sobre el hecho, en 2009, Ono opinó que había más de romanticismo que de movilización política, pero destacó: “"Todavía vivimos tiempos convulsos. Pero estoy segura de que desde entonces hasta ahora el 99 por ciento de la humanidad está convencida de que la guerra no es la solución”.

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