“Lo más doloroso no son los golpes, sino no saber de qué lado está la policía”, de esta manera el ingeniero Oscar Bazán se refirió al errático procedimiento policial que lo envió a él, a su hijo y a un cuidacoches, al interior de una ambulancia del Samec para ser atendidos de los golpes que la fuerza pública le propinó luego de un operativo contra una patota. 

Un nuevo capítulo de polémica envuelve a la Policía de Salta con otros funcionarios separados a días apenas de que varios efectivos del 911 de General Güemes fueran sumariados por entregar a un niño para que fuera ajusticiado en la propia comisaría, por terceras personas.
Esta vez ocurrió en pleno centro de la capital, cuando una persona salió en defensa de un joven que recibía un salvaje castigo callejero.
El Gobierno salteño, poco después que El Tribuno hiciera público el reclamo del ingeniero Bazán, salió a reconocer nuevamente los errares del personal de seguridad.
 “Serán sancionados”. Así lo confirmó ayer a la mañana a El Tribuno el ministro de Seguridad Alejandro Cornejo D’Andrea, quien informó que la división de Asuntos Internos “ya se encuentra investigando lo ocurrido”. 
Desde prensa de la Policía, señalaron que la orden emanada del Ministerio de Seguridad dispone que los efectivos sean separados hasta que se aclare la investigación. 
El hecho ocurrió en la madrugada del domingo en las inmediaciones del corredor Balcarce. Alrededor de las 5, cuando la esposa de Oscar Bazán lo alertó por los ruidos que producía una pelea en la calle Necochea, esquina Zuviría. Al tanto de la situación, el hombre vio que varias personas estaban agrediendo a un cuida coches y a medio vestir intentó separarlos. Lo insólito es que Bazán comenzó a ser golpeado salvajemente por los uniformados. 
“Cuando todo termino veo que sólo quedamos las víctimas, los agresores habían huido”, reflexionó el entrenador de rugby. 

La opinión
El respeto y el temor 

por Daniel Chocobar

El respeto y el temor no son sentimientos de una misma raíz en las emociones humanas. El respeto se gana y el temor se impone. Este razonamiento le cabe a instituciones como a la Policía de Salta; hoy esa fuerza no infunde respeto sino temor, no tanto por sus cualidades de disciplina y poder disuasivo, si­
no por sus errores procedimen­tales que se repiten una y otra vez. Queda esa sensación en la gente que la Policía nunca está cuando se la necesita y que cuando aparece, ya es demasia­do tarde o bien atrapan a la víc­tima y no al ladrón. La crisis de credibilidad de la fuerza es un punto neurálgico 
en el mapa de la inseguridad en Salta. Los casos de torturas y linchamientos en Güemes, los juicios contra efectivos por ex­cesos policiales, el levantamien­to popular en barrio Sarmiento o aquel emblemático caso del joven rugbier brutalmente gol­peado luego de una persecución por toda la ciudad, son algunos ejemplos que la opinión pública no olvida.

 

 

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