El lunes 19 de julio de 1965, Cesar Perdiguero y un fotógrafo de El Tribuno partieron rumbo a La Casualidad, el Establecimiento Azufrero Salta de Fabricaciones Militares.
Después de 10 horas de viaje por la ruta a Chile, en medio de la cordillera vieron que en el horizonte se levantaban columnas de humo. "Es Caipe -advirtió el chofer-, ya falta poco...". De pronto, el andar del vehículo se suavizó. Es que ya rodaban sobre el camino pavimentado más alto de mundo, a 4.200 metros sobre el mar.
Ya de noche y luego de 12 horas de viaje, llegaron al portón de La Casualidad, (4.180 m). Se abrió y comenzaron las sorpresas: luces por todas partes, ruidos de motores, vehículos y hombres que iban y venían por las calles de la miniciudad. Sin duda, el silencio de los Andes había quedado tras el portón.
Era de noche y La Casualidad, de 1.500 habitantes, no dormía. Los grandes camiones iban y venían a Caipe. Llevaban azufre hasta la estación de trenes, desde donde luego sería transportado hacia el sur del país. En los talleres los mecánicos velaban los motores, que no paraban de resoplar. Pese a todo, mucha gente dormía.
Al día siguiente bien temprano se presentó en el hotel de los periodistas el director de la planta, el teniente coronel Miguel Muñoz. Era para invitarlos a recorrer el establecimiento. Muñoz, además de militar, era un ingeniero químico que tenía una dilatada experiencia en dirección de plantas industriales. Y así fue que con una temperatura bajo cero salieron a recorrer la planta.
De recorrida
"A esa hora -cuenta don César- se moviliza toda la población. La actividad tempranera tiene un solo rumbo: la proveeduría, donde el abastecimiento de la canasta familiar se realiza a precios sorprendentes. Varios productos están más baratos que en Salta. Y mientras caminamos, por arriba nuestro las vagonetas del cablecarril van y vienen desde 16 kilómetros de distancia, desde la mina La Altiva; traen azufre seleccionado hasta la estación de descarga.
Ya en la planta, cerca del hervor de un autoclave "Orchard" nos detenemos y comenzamos a preguntar. Y entonces nos enteramos que el establecimiento produce 100 toneladas diarias; que hay stock permanente; que se podría producir más si se contara con trenes suficiente y que el personal ferroviario de Caipe estaba haciendo a todo vapor.
Después pasamos a los almacenes -sigue don César- que proveen todos los materiales que necesita la planta. Ahí encontramos profesionales, técnicos, obreros de fundición, torneros, electricistas, carpinteros y herreros. Eran más de 700 hombres afectados a la producción".
En el almuerzo en el casino, el director invitó a El Tribuno a conocer esa misma tarde la mina La Altiva.
La mina
"A las dos de la tarde -cuenta don César- partimos hacia La Altiva, a 16 kilómetros de distancia. Por el serpenteante camino se nos cruza por el aire la danza de las vagonetas que cuelgan del cablecarril. Al costado del camino hay manchones de nieve que quedaron de las primeras nevadas del año. Cuando llegamos apenas caía una nevisca pero en seguida se desató la tormenta, implacable. Frente nuestro una impresionante montaña de azufre. De ella salen hombres recios, enmascarados, herramientas en manos. Vienen a saludarnos. Luego vemos que a pocos metros repta un cable largo que miramos con curiosidad; uno de ellos advierte y nos dice: "Es la raya". Era la línea fronteriza con Chile, a 5.020 metros de altura. Después, mientras caminamos, nos enteramos que allí arriba trabajan 60 mineros que después de cada turno se refugian en un casino donde matan el aburrimiento con el billar, el ajedrez y la espera.
Finalmente visitamos la playa de cargas de vagonetas, punto de partida del complejo proceso que termina en la estación Caipe.
De vuelta visitamos la escuela, el parque infantil, el templo en construcción y el hospital, donde nos recibe su director, el médico tucumano Víctor Canelada" concluye.

Los orígenes del nombre La Casualidad
Esta historia de La Casualidad fue contada a El Tribuno en 1965 por el director de La Casualidad, el teniente coronel Miguel Muñoz: "Todo comenzó cuando don Eusebio Quiroga llegó por estos lugares y se quedó sin agua. Sediento hizo noche donde ahora está la administración del establecimiento. Al día siguiente, cuando aclaró, se dio con la novedad de que había pasado la noche justo al lado de una vertiente. ¡Que casualidad! dijo don Eusebio, y desde entonces llamó así a este lugar.
Luego, los hermanos García Pinto hicieron aquí las primeras exploraciones en 1941 a través de la Compañía Azufrera Argentina, que era de ellos.
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Estatal
En 1948 la firma pasó al Estado nacional y se transformó en "Industrias Químicas Nacionales Mixta". Así evolucionó hasta 1951, cuando pasó a integrar el Grupo Minero Industria del Azufre, conjuntamente con la Fábrica Militar de Acido Sulfúrico de Berisso (Buenos Aires), dependientes ambas de la Dirección General de Fabricaciones Militares. Después, el 10 de agosto de 1953, se creó el Establecimiento Azufrero Salta, también dependiente de Fabricaciones Militares", concluyó.

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