Hace 200 años, el general José de San Martín, al mando de algo mas de 5.000 hombres, intentaba vencer la cordillera de los Andes. A principio de enero de 1817, se había puesto en movimiento una parte de su ejército desde el campamento El Plumerillo. Y con el fin de desorientar y dividir al enemigo atrincherado al otro lado de los Andes, ordenó que primero se adelantaran partes de las tropas por los pasos secundarios -Come Caballos y Guana al norte-; y por Portillo y Planchón, al sur. Por el centro, es decir por Uspallata y Los Patos, lo haría días después el grueso de las fuerzas.
Pero antes de que se iniciara la tan esperada partida, el futuro Libertador se despidió del pueblo cuyano. Le dijo entonces: "Se acerca el momento en que derretidas la nieves de la cordillera que nos separa de Chile, se presenta el peligro de una invasión al lado del triunfo que me promete vuestro patriotismo. Preparaos a nuevos sacrificios para evitar el riesgo.Yo no he dispensado fatigas ni aún en las horas del descanso por acreditar mis desvelos en obsequio de vuestra conservación.
Toca a vosotros en la gran lucha, conquistar una paz permanente, en que la agricultura y el comercio tomen un vuelo capaz de reparar las pérdidas indispensables de la guerra. La patria y vosotros nada tienen que temer, si la cooperación del pueblo es precedida de un esfuerzo grande de desprendimiento y de unión íntima, condición precisa de la empresa de salir con la victoria. Yo me atreví a presidirla contando con vuestro auxilio bajo la protección del cielo, que mira con horror la causa injusta y sangrienta de los opresores de la América".

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Finalmente, el día antes de la partida, San Martín ordenó a los soldados, previo aviso al Cabildo, que saliesen a recoger ropa vieja por las calles de la ciudad. Fue entonces que el generoso vecindario de Mendoza, principalmente integrado por mujeres y niños -los hombres se iban a la guerra- salieron a las puertas de sus casas y entregaron ponchos, frazadas y cobijas para que los soldados se abrigasen en las alturas por donde debían pasar.

La partida

Finalmente en los primeros días de enero de 1817, el Ejército de los Andes, compuesto por indios, negros y criollos, se puso en marcha comenzó a penetrar las gargantas orientales de la cordillera.
El 6 de enero, dos divisiones se encaminaron hacia el paso de Los Patos, actual departamento de Calingasta, San Juan; el 12, dos columnas al mando del teniente coronel Juan Manuel Cabot, partieron hacia el paso de Guana, con la misión de ocupar los pueblos chilenos de Copiapó y Coquimbo; el 18, fue el turno de la tercera división, bajo las órdenes de Juan Gregorio de Las Heras, camino a Uspallata; el 19, partió la columna del comandante José Melián; el 20, las fuerzas del teniente coronel salteño, Rudecindo Alvarado; el 21, partió el comandante Bernardo de O''Higgins; el 22, el brigadier mayor Manuel Estanislao Soler que iba con el Estado Mayor y la escolta del general en jefe; el 23, el coronel Matías Zapiola; el 24, el comandante Pedro Regalado de la Plaza; y finalmente el 25, lo hizo el general en jefe José de San Martín. Junto a él, iban 9 piezas de artillería, el hospital de campaña, el parque y la maestranza. Y ese mismo día, desde Guandacol, La Rioja, salía otra compañía bajo las órdenes de Francisco Zelada y el teniente coronel Nicolás Dávila. Esta tomó rumbo hacia el paso de Come Caballos (4.400m), con la misión de ocupar el pueblo de Copiapó.
En síntesis, el avance frontal del Ejército de los Andes tenía 800 kilómetros de norte a sur, e involucraba cerca de 5.200 hombres, entre soldados, arrieros y barreteros.

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