“Lo único que le falta a mi Salta es tener mar,  e incluso así no la cambio por nada”

A los 14 años, Cristian Soldano (40) dejó Salta con la firme guía de su entrenador Oscar Zenklussen. Ambos fueron a Santiago del Estero, donde Zenklussen asumía un cargo en el Santiago Lawn Tenis. Aquí Cristian había comenzado a nadar en Gimnasia y Tiro y la Unión Sirio Libanesa, y la simple perspectiva de que entrenara a tiempo completo en una pileta climatizada santiagueña llevó a sus padres, Jorge y Susana, a darle permiso para ir detrás de su estrella. 
Dotado de cualidades brillantes, a los 17 ingresó en la Selección argentina, donde permaneció hasta los 35. Resultó campeón argentino de primera categoría en más de 50 ocasiones. Obtuvo más de 15 medallas en campeonatos sudamericanos (absolutos). Integró la Selección argentina absoluta desde 1994 hasta 2008. Participó de siete campeonatos Sudamericanos (absolutos), dos juegos Panamericanos (Santo Domingo 2003 y Río de Janeiro 2007) y los Juegos Olímpicos de Atenas (Grecia 2004). 
Hoy se encuentra en Indaiatuba, en el interior del estado de San Pablo, que fue elegida en 2013 como la mejor ciudad para habitar en Brasil por la Federación de las Industrias de Río de Janeiro, atendiendo las variables de empleo, renta per cápita, salud y educación. Allí, acreditado por su experiencia olímpica, Cristian trabaja para la Asociación Deportiva Indaiatubana, donde tiene a cargo al equipo principal de natación de la ciudad, formado por 15 nadadores y becarios de competición. 
Un salteño con semejantes credenciales no debería de sorprenderse cuando lo convoca la prensa, pero Cristian se asombró de recibir el llamado de El Tribuno, más aún cuando fue puesto a reflexionar acerca de sus emociones por estar lejos del pago. 
Cristian relató que en Santiago del Estero estuvo hasta los 18 años, cuando se fue a Córdoba, donde permaneció hasta los 24. Luego, con el título de licenciado en Administración de Empresas y en Comercio Exterior se estableció en Buenos Aires. En la gran ciudad solo estuvo un par de meses y en 2001 se radicó por primera vez en Santos (San Pablo, Brasil). Allí fue becado por la Universidad de Ribeirão Preto hasta 2008. Entre 2008 y 2011 se fue a vivir a Barcelona (España) y luego volvió a Brasil, donde recibió la propuesta para ser entrenador en Indaiatuba. 
Aunque Cristian naturalizó desde adolescente la experiencia de desarrollarse profesionalmente fuera de la ciudad de origen, él recordó la sensación que le produjo dejar para siempre su hogar. “Yo estaba pensando en la posibilidad de entrenar, de hacer cosas nuevas, así es que para mí fue una adrenalina total y tuve la suerte de estar siempre acompañado por Oscar, mi entrenador. Estuve siempre bien cuidado en ese sentido y en los estudios también. Ahora me parece que quienes en verdad sufren son los padres al ver al hijo tan joven que se va lejos de casa, más siendo hijo único y que nunca volví”, comentó. 

Menor contacto 

En aquel momento el desarrollo de las comunicaciones no permitía mantener contacto con los familiares con la asiduidad que le demandaba el corazón. “No había internet y esas cosas, así es que acababa siendo más difícil la adaptación. Iba sintiendo los cambios culturales, pero también intentaba sacar lo mejor de cada uno de los lugares donde estaba”, señaló. Sin embargo, Cristian dijo que dos frases del acervo popular “Casa de herrero cuchillo de palo” y “Nadie es profeta en su tierra” fueron un lastre en su vida deportiva. 
“Siempre fue así, pero nosotros los argentinos tenemos memoria corta y me parece que también un poco de envidia en estas cosas. En vez de tener a alguien al que le va bien como un espejo en el que se miren las generaciones futuras, lo que nosotros hacemos es tratar de tapar ese espejo, para que de ese atleta no se hable más o no se lo escuche. Lamentablemente, creo que es una cuestión cultural que va a ser difícil cambiarla”, manifestó. Cristian conoció el trato y la remuneración de profesional cuando fue contratado por el Corinthias en 2003. 
“Ahí empecé a vivir lo que verdaderamente es una carrera profesional, donde vos tenés un sueldo y beneficios para dedicarte solo a entrenar. Ese fue uno de los grandes cambios que hubo en mi carrera y fue gracias a eso que di un pasito mayor: la clasificación a los juegos olímpicos y a los panamericanos”, señaló. 
Además responsabilizó por sus logros a su mentor, Oscar Zenklussen, “que siempre estuvo un paso adelante de toda la natación argentina”. 
“Con lo poco que teníamos en el Noroeste, él pudo colocar a un atleta siendo yo en su momento el único campeón sudamericano absoluto masculino, sin tener pileta de invierno. Él hizo cosas 25 años atrás que ahora se están haciendo. En su momento decían que era un loco y de nuevo caemos en lo que te dije: la falta de memoria”, dijo Cristian. 

El anhelo de ser reconocido en Salta

Cristian admitió que aunque consiguió muchos de los objetivos que se había propuesto, aún aguarda una invitación de la Federación Salteña de Natación para dar una clínica en la provincia u ofrecer una charla acerca de su experiencia a los atletas noveles. 
“Fui a los Juegos Olímpicos y recuerdo que la beca que tenía de Salta no me ayudaba para nada: tenía dos pasajes al año para ir a Buenos Aires y una ayuda de 500 o 700 pesos mensuales. Considero que para un atleta panamericano eso es faltarle el respeto. Pero bueno, yo en ese momento necesitaba ese dinero y con él me compraba mis suplementos. Aquello que el hockey hizo a través de las Leonas y también el vóley hizo no vi el mismo apoyo para la natación. Aunque son cosas pasadas creo que también por eso la natación no está creciendo tanto”, opinó Cristian, único participante salteño de unos juegos olímpicos desde 2004 hasta el año pasado, cuando concursaron Gabriela Aguirre, con Las Leonas; Daniel Díaz, en ciclismo; y Guillermo Cazón como preparador físico de handball. 
Luego acotó que aunque se vean como gestos o detalles estas carencias de reconocimiento y de apoyo económico acaban resintiendo bastante las carreras de los atletas argentinos. Por ello celebra iniciativas cuyos resultados ve de cerca en Brasil. Como el proyecto social Esporte Cidadão, dependiente de la Municipalidad de Indaiatuba y que está destinado a niños y adolescentes de entre 6 y 15 años. En este marco profesores y entrenadores atienden a una población de 7.000 participantes distribuidos en 19 núcleos deportivos solo en esa ciudad. En este programa los integrantes pueden elegir entre 20 disciplinas y unos 3.000 se inclinaron por la natación. 

Siente sus raíces

Cristian contó que retorna una vez al año a Salta, donde mata la saudade por sus afectos. “Además de la familia, extraño esa tranquilidad que tiene por ser todavía una ciudad del interior que, lamentablemente, ya se está perdiendo en otras partes. El centro, la Catedral, la gente, todo extraño”, señaló. Pero el destino como amo supremo que gobierna las vidas de los hombres lo ha llevado justo a Brasil e incluso cierta vez a Europa. “Siempre digo que por suerte mantengo mis raíces. Lo único que le falta a Salta es tener mar y aun así no la cambio por nada, pero en este momento el destino me puso acá y la verdad es que estoy siendo bien cuidado y reconocido, algo fundamental”, concluyó.

Los elegidos de Cristian

Jugos naturales: como cultor de la vida saludable, él recomienda beber jugos naturales de la gran variedad de frutas de que dispone Brasil. También “para quien pueda” la caipirinha, ese cóctel de cachaça, hielo y limón.

La feijoada: como plato típico nacional recomendó la feijoada, un guiso a base de poroto negro, carne y menudos de cerdo que se sirve con arroz blanco, lechuga y gajos de naranja. Se la espolvorea con harina de mandioca.

Cultura: “El argentino y el brasileño tienen la misma pasión, la misma forma de vivir la vida. No hay diferencias culturales grandes. Aunque el idioma es diferente, yo me sentí mucho más en casa aquí que estando en España”. 

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