El chaco requiere estrategia

El diario El Tribuno de Salta publicó el sábado pasado dos notas que referían a la región del chaco salteño. Una hacía referencia a los últimos 250 yaguaretés que quedarían en el país, sólo 20 de los cuales se mantienen en el área chaqueña y que es necesario preservar. El otro artículo, con varias notas de opinión, refería al potencial de desarrollo ganadero que presenta la región del chaco salteño de alguna manera afectados en su crecimiento por el ordenamiento territorial vigente.

En principio ambas notas podrían ser interpretadas como dos alternativas antagónicas de visualizar la realidad y las prioridades regionales, si la miramos desde una mirada exclusivamente sectorial, cuando en realidad ambas cuestiones son dos caras de una misma moneda que no es otra que el desarrollo sustentable.

En primer lugar hay que aclarar que la supervivencia del yaguareté no está limitada por los desmontes, sino por el conflicto histórico de los ganaderos con el tigre, conflicto obvio y entendible, porque este animal persigue y mata sus rebaños. Cuando los hermanos Leach, fundadores del recientemente siniestrado Ingenio La Esperanza en Jujuy, navegaron el Bermejo en 1893 durante 20 días buscando una salida a su producción azucarera, divisaron sobre la costa una casi treintena de tigres pescando en las márgenes, en solitario o en pequeños grupos familiares. Hoy sería una hazaña el ver alguno. Pero justamente abundan en las Yungas (unos 200 de los 250 mencionados en la nota) donde la intensificación agroindustrial generó una importante concentración humana en el pedemonte dejando amplios espacios silvestres en las montañas donde reina el yaguareté. Esto es así porque no hay actividades humanas permanentes en gran parte de este amplio territorio de más de un millón de hectáreas de selvas subtropicales. Estas montañas, si bien están habitadas y su ganado representa conflictos permanentes con el tigre, su baja densidad y amplio territorio permiten su coexistencia. Recuerdo lo indignado que estaba un habitante ancestral de estas montañas al ver al yaguareté en el billete de $500. Para él era como si se nos hubiera ocurrido ­colocar al "petiso orejudo" u otro asesino serial en nuestros billetes!

En cuanto a la intensificación ganadera, como bien se menciona en las notas previas, existen más de 5 millones de hectáreas en "amarillo" (en la jerga de la Ley de Bosques) que sin duda pueden dedicarse a la intensificación productiva, no sólo por parte de los grandes productores sino también para los medianos y pequeños ganaderos. Ello requiere la búsqueda de nuevas formas de producir manteniendo los bienes y servicios ambientales y ello se puede lograr con nuevas ideas, con innovación tecnológica, pero fundamentalmente con diálogo intersectorial, con una plataforma que reúna a quienes piensan distinto, pero que tienen al chaco como un ambiente relevante para el futuro de la región. La buena noticia es que hay espacio para todo, para producir, para conservar y para resolver los múltiples problemas de titularidad del territorio. La construcción de un triángulo cuyos lados tengan la misma magnitud, productiva, ambiental y social, que es la base del desarrollo sustentable. Salta puede hacerlo y puede ser un ejemplo de ello, puede lograr que la intensificación ganadera del gran chaco signifique también conservación de la naturaleza y progreso social, para que entre otras cosas los mercados del mundo, deseosos de productos con compromisos ambientales y sociales, sigan abiertos para los salteños y demás provincias del Gran Chaco argentino.

 

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