Boca Juniors se consgragó campeón de la Supercopa Argentina, luego de vencer por penales a Rosario Central, 6 a 5, tras la igualdad sin goles durante los noventa minutos, en el partido que se llevó a cabo en Mendoza.

El xeneize fue superior al conjunto canalla en el tiempo reglamentario, pero no pudo superarlo ni aún con tres tiros en los palos y una jugada polémica con un gol anulado. Es que Rosario Central planteó un partido metido en su campo, esperando alguna oportunidad de contragolpe, lo que terminó saliendo bien y por eso se dio el empate.

En la ronda de un penal por bando, el arquero Esteban Andrada desvió el remate de Fabián Rinaudo, mientras que Carlos Izquierdoz marcó el suyo para darle el título al conjunto que dirige Gustavo Alfaro.

Esta Supercopa se definió entre el ganador de la Superliga 2017/2018, que el Boca que dirigió Guillermo Barros Schelotto, y el campeón de la Copa Argentina, que fue el Rosario Central que estuvo bajo el mando del Patón Bauza.

Boca pareció sacarse una pequeña parte de la profunda espina que le quedó clavada tras la final perdida en la pasada Copa Libertadores ante River Plate.

Es que si bien las circunstancias y la calificación de esta Copa no está ni cerca de lo que es la Libertadores, la mochila era grande para los boquenses, y por eso tanto los futbolistas como sus hinchas, que fueron amplia mayoría en el mundialista de Mendoza, lo vivieron como un verdadero desahogo. 

Además, la historia del entrenador Diego Cocca contra Boca Juniors en general y ante su colega Gustavo Alfaro en particular sonaba casi a premonitoria para el partido de esta noche, ya que nunca había perdido frente a ninguno de los dos.

Cocca había dirigido hasta ayer en seis ocasiones contra Boca, sumando tres triunfos con Racing, uno con Gimnasia, otro con Godoy Cruz y el restante una igualdad también con los mendocinos, mientras que frente a Alfaro registró tres victorias y un empate.

Y esta noche Cocca también superó a "Lechuga" en un ítem, el táctico, porque Central no solamente realizó una presión alta, sino que también supo apretar a su rival en la media cancha con jugadores rápidos como el caso de Rodrigo Villagra, reemplazante de un mucho más lento Néstor Ortigoza, junto a Leonardo Gil y Fabián Rinaudo.

Mientras que adelante Cocca también eligió dejar afuera a Fernando Zampedri, también de desplazamientos lentos, para que se movieran Maximiliano Lovera y especialmente Claudio Riaño, un ex Boca que tiene más predisposición para correr a los defensores rivales. 

A partir de eso fue que Central jugó siempre a la segunda pelota, y solamente con eso y con la habilidad de Lovera le bastó para complicar a una inconexa defensa boquense, que hasta tuvo dificultades en un par de oportunidades cuando el arquero Esteban Andrada salió a rechazar con los pies y sendos pelotazos terminaron rebotando en un compañero y generando chances de gol a su adversario.

Es que Boca no encontraba la pelota en ese mediocampo tan hostil como el propio terreno de juego del estadio Malvinas Argentinas y al que más le pesaba esta situación era a Iván Marcone, que nunca podía jugar a dos toques sencillamente porque jamás pudo encontrar la pelota.

Tampoco la consiguieron ni Nahitan Nández ni, muy especialmente, Emmanuel Reynoso, la fuente generadora de fútbol que tiene este equipo de Alfaro, en el que solamente inquietaban los desbordes por derecha del colombiano Sebastián Villa y, por ráfagas, los ataques anárquicos de Mauro Zárate.

En el segundo período las características del juego no se modificaron pero Boca, quizá impulsado por la llegada en el entretiempo de su barra brava, que se retrasó a raíz de que uno de los cuatro ómnibus que la trasladó desde Buenos Aires hasta Mendoza se rompió en la zona de Las Heras y no pudieron repararlo, se fue plantando de a poco cada vez más cerca del arco de Jeremías Ledesma, una de las figuras de la cancha, hasta que decididamente Central terminó parándose de contraataque.

Entonces fue que empezaron a generarse las mejores posibilidades de gol para los auriazules porteños, con un par de cabezazos en el travesaño de Darío Benedetto y Carlos Tevez y un remate de Cristian Pavón que tras pegar en el horizontal pareció ingresar por detrás de la línea de gol, aunque esto no fue advertido por el árbitro Fernando Rapallini.

Pero no hubo historia para Boca en su intención de ganar en los 90 minutos regulares y al final Central, que ya se sentía vapuleado, terminó llegando a una honrosa definición por tiros penales. Y allí, uno de sus más experimentados, Fabián Rinaudo, falló su remate para que Boca, infalible en seis disparos, se consagrara para el primer título del ciclo Alfaro, que compartió la conquista con su antecesor, Guillermo Barros Schelotto.
 

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