Ser madre ya era difícil, cómo es hoy en cuarentena

¿Cuántos roles cumplen las madres? Son compañeras de juegos, rectoras de conductas, enfermeras nocturnas, ayudantes en la tarea... Si se tiene que hacer una lista, se puede ocupar más de una página tabloide del diario. Pero en cuarentena, las madres debieron reformular sus vidas. Aquellas que no tienen trabajo fuera de casa debieron aprender a ser docentes, a generar juegos entretenidos, a sacar de la crisis del encierro a sus pequeños o adolescentes. Las que trabajan se quedaron sin acompañantes para sus hijos y además sin abuelos, los eternos colaboradores de la crianza, y debieron hacerle frente a buscar el equilibrio entre la crianza y la educación de sus hijos con el trabajo. Las que dieron a luz a sus pequeños en cuarentena todavía no pueden acercarlos a una plaza o parque o parieron y pasaron el posparto sin el acompañamiento de otras mamás. Por cierto, los padres fueron más que nunca el otro pilar en este proceso que todavía no llega a su final y sobre el que aún no se tiene fecha de término. 
Buscando historias y relatos de estos momentos, El Tribuno se contactó con algunas madres para que cuenten en primera persona cómo fue esto de ser mamá en cuarentena. 
Nancy Noelia López es maquilladora y en esta pandemia la falta de trabajo la llevó a buscar nuevas formas de sobrevivir. Emprendió un negocio de producción y venta de joyería simbólica, pero además es madre de dos niñas, de 8 y 3 años. “Fue bastante difícil, vivo en casa y aunque tengo patio, las chicas se aburren. Con el tema de las tareas, con la más grande estamos a mil, porque tiene cientos de tareas y la ayudo a terminar los trabajos prácticos y presentarlos. La más chica hace tratamiento con una fonoaudióloga y estuve enseñándole motricidad y vemos series de aprendizaje. A veces se torna aburrido y pesado pero buscamos hacer cosas diferentes. Ahora les estoy enseñando a hacer actividades con plastilina y temperas. Además nosotras vivimos con mi abuela y ella tiene una huerta, así que todo lo que ven plantan. Ahora tienen arveja, tomate, poroto y coreanito. Aprenden un poquito de todo”, agregó. 
Noelia es madre sola, así que le resulta un poco complicado darse tiempo para todos los roles. “Tengo que ser maestra, mamá, de todo en la casa. Es cansador sobre todo cuando no quieren hacer la tarea, ya están aburridas, pero vamos llevándola”, concluyó.

 

Cien por ciento ocupada

Malvina Aguirre tenía otra vida antes de la pandemia. Trabajaba de 10 a 20 y sus hijas quedaban en la compañía de su madre y de su hermana. “Era mi hermana quien las veía cuando salían de la escuela, se quedaban en la casa de mi mamá y después mi esposo ya las pasaba a buscar cuando salía del trabajo”, detalló esta mujer de 37 años que tuvo cambios inesperados en su vida. 
Con la cuarentena todo cambió. El día a día de Malvina se transformó. Ahora se queda en casa, se levanta a las 7 para ayudar con las tareas de la escuela a sus hijas. 
Una es preadolescente. Está recién en los 13, cursando el primer años de la secundaria, con clase por vía zoom todos los días. 
La más pequeña tiene 5 y realiza las tareas del jardín de infantes. “De golpe me encuentro haciendo de nuevo la secundaria y de nuevo el jardín, tratando de ordenar las tareas y hacer los trabajos prácticas y, al mismo tiempo, haciendo pinturas con acuarela”, relata esta mamá, que vive su vida envuelta en actividades que pensó que ya había dejado atrás hace un par de décadas. 
A fines de 2019 Malvina y su esposo recibieron una noticia inesperada: un nuevo integrante de la familia se estaba gestando. Y en cuarentena, llegó este bebé que ya cumplió tres meses de vida. 
“Acostumbrada a estar en mi trabajo casi todo el día, la nueva maternidad me costó mucho más. Con la pandemia, el control del embarazo fue diferente. No tan estricto como los anteriores. Mi esposo me acompañó hasta el segundo control, y el resto tuve que ir sola”, recordó Malvina. 
Una maternidad diferente sin dudas. Un bebé esperado pero que no se pudo compartir con toda la familia como en otras ocasiones. Con controles distanciados, solo para asegurarse que todo vaya bien. Y, como dijo Malvina, sin el acompañamiento del padre o la abuela. Las consultas, como lo exige el protocolo de salud, deben ser con la menor cantidad de gente posible. 
“Esto sigue siendo una locura. Termino muy cansada y además hay que cumplir con la elaboración de comidas saludables para toda la familia, que está toda en casa”, agregó Malvina, que reconoce que se volvió una cocinera experta, pese a todo. 



 El desafío de transmitir algo de “normalidad”

Los meses en esta cuarentena se siguen sumando y en el camino los chicos vivieron las primeras semanas con una gran angustia. Dejar la escuela, donde apenas estuvieron dos semanas; no ver a sus amigos, dejar de compartir los deporte y los juegos, que en la niñez y también la adolescencia son claves para el desarrollo emocional y el crecimiento. 
A estas situaciones también tuvieron que enfrentarse las madres. Y en medio de la tormenta, incluso con miedos interiores, llevaron tranquilidad a sus hijos. Una de estas historias es la de Eugenia Rocha. 
Esta mamá es trabajadora de prensa. Tiene dos hijos, una de 21 y otro de 11 años. “La cuarentena al principio resultó muy difícil. Poder adaptarnos y transmitirles a los chicos sobre cuándo volvería todo a la normalidad, para los padres fue el gran desafío el poder entretenerlos. El más chico quería saber cuándo volvían las clases, cuándo vería a sus compañeros, y tener una respuesta reiterativa siempre fue tedioso para ellos. El otro lado de la cuarentena fue que me permitió estar más tiempo con ellos, no importa cuál fuera la causa, los disfruto más y los valoro mucho. Sé que mucha gente la pasa mal con la cuarentena y yo también. Pero puedo compartir mañanas con ellos que otras veces no”, relató Eugenia, que también salía en las primeras horas de la mañana hacia su trabajo y volvía después del mediodía. En el medio dejaba a su hijo más chico en la escuela y se comunicaba con él cuando salía. Hoy la cuarentena, pese a todo, la llevó a vivir las 24 horas junto a sus hijos. 
“Esta situación me obligó a estar presente en las clases virtuales y acompañarlo, porque era nuevo también para ellos” destacó Eugenia.
En este duro proceso que vive no solo Salta, sino el mundo, todos los días debía ingeniárselas para decir es un día menos o un día más para disfrutar de tu hijo. 
“La vorágine del trabajo muchas veces no te daba el tiempo para acompañar a los hijos en el aprendizaje. La cuarentena en mi caso me lo permitió. Estoy agradecida porque me dio el tiempo para estar más con ellos”, afirmó. 
Verlos crecer, acompañarlos en una forma que no se puede cuando se está trabajando. La maternidad muchas veces llega y no de la forma en que uno se la imagina. El no perder la paciencia y la posibilidad de estar y compartir, es  un resultado de esta etapa de aprendizaje para todas. 

 

Creando roles e inventando mundos

 


Marianela Pereyra es periodista y tiene dos hijos: una nena de 6 y un varón de 4. “No van a la escuela y la verdad es que se aburren. Están muy ansiosos, entonces comen todo el tiempo. Cuando están aburridos los saco a andar en la bici o a caminar”, contó Marianela y destacó que se extraña mucho la escuela. “Si bien se dan clases virtuales, no son suficientes”, agregó, y contó que pese a estar encerrados, tuvieron coronavirus, sin necesidad de internación y con remedios caseros. “Esto hizo que tuviéramos mucho miedo, pero de todo se aprende y con esto aprendimos a estar más unidos y apoyarnos entre nosotros. La fe nos mantuvo y nos ayudó a salir adelante”, agregó esta mamá de 30 años. 

 


Lourdes Del Castillo es bioquímica y describió su maternidad en cuarentena. “En la primera etapa, cuando pensamos que era por un tiempo, lo tomamos con mucha energía. Mi marido siguió trabajando y en mi caso me dieron licencia y la señora que trabajaba en casa estaba embarazada, así que se tomó la licencia que le correspondía. De pronto era ama de casa, maestra, mamá y sin ayuda”, detalló Lourdes, que a todo esto se sumó el aburrimiento de la chicas. 
De a poco se buscó ordenar un poco las tareas y fue la oportunidad de aprender muchas cosas solas, desde bañarse a tender la cama. “Y como yo antes no estaba en casa, no dependían de mí. Y ahora pusimos horarios, nos levantamos, desayunamos, ponemos orden y a hacer las tareas”, recordó esta farmacéutica que creó el personaje de la señorita Lourdes para que sus hijas la vean como docente y no como mamá. “Pero fue un reencuentro con mis hijas. Me hizo acordar     otras épocas”, reflexionó. 
 

 


 
 

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