Ya cansa. Sinceramente todo este contexto sociopolítico se volvió hartante y desgastante por donde se lo mire.

Todas son pálidas y más pálidas. Salgamos un rato de la COVID.

Entrás a chusmear las noticias y te das con que ya ni informan, se polarizó de tal forma que la objetividad perdió su espacio. Hay que pegar, no importa cómo, pero hay que pegar. Aún a costa de revolver la basura del pasado, todo suma, esa es la orden pareciera.

Pegarle al otro.

Pero no solo es cosa de los medios.

Lo escuchás al Presidente y a su gabinete y da la impresión que en sus agendas estuvieran resaltadas las palabras "culpar y acusar". Y así, como niños cuando se mandan una macana. Todo el bendito día regando la grieta, de un lado y del otro...

La verdad que cansa y da pena ver tanto revanchismo dando vueltas. Unos y otros tirándose zancadillas mientras se señalan mutuamente de ser los dueños del odio. Y por detrás los fanáticos, muchas veces con la perilla del razonamiento en apagado, repitiendo como loros. Y abrís el Facebook y pareciera una red de agresión social en donde vuelan sillas de lado a lado (o de muro en muro). Un ring virtual en donde también muchos pegan o dicen alguna verdura y luego se esconden debajo del teclado. No importa, pensás diferente, te tengo que sacudir.

Por donde mires la política metió la cuchara, lo que no debería de haber sucedido si las cosas funcionaran mínimamente. Pero hoy es lo que hay. Lo que se ve a diario.

Antes las redes eran más piolas, la gente subía cosas sin esperar que le contestaran para armar un alto "bardo", como dicen los changuitos de ahora. Y esa llama enciende enseguida, muchos están de pocas pulgas e intolerantes (cada cual tendrá sus razones en este momento) y ante el primer chispazo buscan ser más y más agresivos. Te ponés en modo "cabeza de termo", ­y listo!

Y está bien, es bueno opinar y quejarse, pero opinar con respeto y altura. Aunque es difícil la verdad, este chiquero nos salpica a todos y a veces la paciencia no es amiga de la falta de sentido común. Y ver esas cosas ya cansa. Y a la vez te agota mentalmente no ver esa luz al final del túnel, lo que te hace suponer que esta realidad va para largo.

Y si abrís el Whatsapp, también. Cada tanto alguno se tira algún meme que termina en alguna agarrada colectiva en algún grupo. No importa si es real, si suma o resta, hay que copiar, pegar y mandarlo por ahí parece. Eso no es involucrarse en lo que pasa, eso ya me parece que anda rozando la opería. Qué querés que te diga ... me aburre ver amigos o parientes discutiendo por política.

Y te vas a tomar una birra a un bar y lo mismo, subís a un taxi y lo mismo, y hasta el verdulero mientras te pesa las manzanas. ­Basta loco! ¿A que estamos jugando?

Todo, pero todo percudido por algunos gobernantes que al margen de la pandemia global nos vienen sumiendo en una horrible crisis, y ya no solo económica sino también social y que, para peor, en vez de tirar para adelante se dedican a desparramar la roña por todos lados.

Y también lo digo con bronca.

Pensar que cuando empezó todo esto del virus parecía que iba a haber un poco más de unión, pero no.

Y cansa. Cansa que todo el día se hable de política. Aquí y allá. Somos rehenes de un cinismo casi increíble de algunos que parecieran que a falta de méritos propios resaltan los errores ajenos. Gente que debería dar el ejemplo e irresponsablemente trasmiten mensajes que solo sirven para agitar las aguas de la sociedad.

Ojalá no pasen muchos años para que la política pase a segundo plano. Mientras sigamos viendo en el horizonte a los mismos dinosaurios con sus fracasadas fórmulas que desde hace unas décadas, solo han multiplicado la pobreza y dividido al país, va a ser casi una utopía. Y a decir verdad, en esta montaña rusa emocional ya tengo mi esperanza a corto plazo bastante mareada.

 

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