Norte Grande, el desafío federal

El 17 de diciembre último publicamos en estas páginas "Es momento de actuar", nota que proponía rescatar el proyecto estratégico para la Región del Norte Grande Argentino (RNGA), cuyos fundamentos se hallan en la Declaración para la Integración del Norte Grande Argentino (disponible en https:/ /www.argentina.gob.ar/in terior/provincias-y-municipios/región-norte-grande-argentino), firmada en Salta por nueve provincias el 10 de octubre de 1986 durante la gestión de Roberto Romero, promotor de la iniciativa.

Tal como señaláramos entonces, los diecinueve considerandos y cuatro largos artículos de la Declaración constituyen un verdadero programa de desarrollo integral e integración transversal este-oeste de una superficie de 759.883 km2 y escasos 8,5 millones de habitantes.

A la RNGA le corresponde un papel central: vertebrarnos con Sudamérica, desde la perspectiva geopolítica del Gral. Juan Enrique Guglialmelli, aún sin concretar: la Argentina es peninsular, bioceánica y antártica. Cabe recordar, además, que las provincias involucradas integran la aún más vasta región del centro oeste suramericano base de la Zicosur, de incierto derrotero por estos días.

Desde hace muchos años la RNGA -en tanto organización institucional tal fue planeada- no funciona. Cada provincia juega sus cartas como mejor puede y los resultados a la vista se corresponden con el nivel de alineamiento y docilidad hacia cada gobierno de turno.

La visión geopolítica

Careciendo de visión geopolítica y, por ende, de objetivos estratégicos, quedamos supeditados a los recurrentes auxilios coyunturales y a programas elaborados por cuadros técnicos de "Nación", lo cual no necesariamente implica conocimiento cabal de las necesidades geoestratégicas de la periferia argentina. Y al final se impone la escala económica y su lógica del mercado que solo favorece a la cabeza y hombros de Goliath.

Ya es hora de modificar una cultura política ineficaz y aprender a mirar las soluciones desde la perspectiva regionalista, sin perjuicio de que cada provincia arme su propio diseño estratégico compatible con el del conjunto.

Por más vocación federal que se proclame, una sola gestión presidencial no modificará los desequilibrios históricos de un Estado cuyo unitarismo mental está demasiado arraigado en dirigencias políticas y sociales, que cabalgan sobre un proyecto de país incompatible con los desafíos geopolíticos del siglo XXI. Con todo, basta de achacar culpas al centralismo portuario, siendo que nuestras dirigencias provinciales son principales responsables de tantos problemas acumulados e irresueltos.

Es de vital importancia hacer funcionar los mecanismos previstos en el Tratado Parcial Interprovincial de Creación de la Región del Norte Grande Argentino (suscripto también en Salta el 9 de abril de 1999, durante la gobernación de Juan Carlos Romero), habilitado por el art. 125 de la Constitución reformada que supedita tales acuerdos a la aprobación del Congreso Nacional.

Las necesidades estratégicas de la RNGA, mal que nos pese, seguirán relegadas por urgencias macroeconómicas, lo cual no inhibe elaborar una agenda regional. La norma mencionada es mandato constitucional e impulsa, por ejemplo y entre otras acciones "la construcción de ferrocarriles y canales navegables, la colonización de tierras de propiedad provincial […]".

La dura realidad salteña

Todos los días circulan noticias que presentan un duro diagnóstico de la realidad salteña, y no es ninguna temeridad extenderlo a la RNGA. La reciente declaración de emergencia sociosanitaria en Salta es igualmente aplicable a nuestras vecinas. El escenario general es, para variar, de emergencia y requiere inmediata atención, pero las soluciones de fondo pasan por otras vertientes, entre ellas, costosas obras de infraestructura física y virtual. Al tope debe estar la cuestión del financiamiento para el desarrollo, sea promoviendo ahorro interno o recurriendo al capital externo. En suma, la agenda regional está allí, a la vista, esperando que se la atienda.

En menos de un mes, El Tribuno publicó notas esclarecedoras, abordadas desde la óptica regionalista. El 10 de enero Alejandro Brown tituló la suya "El futuro productivo del Norte Grande"; once días después, Roberto Ibarguren escribió "Legumbres del Norte Grande"; el 1 de febrero Eduardo Antonelli abordó "Desarrollo de Salta: ¿Atlántico o Pacífico?" y el viernes 7 Facundo Feres escribió "El desarrollo productivo: un pilar de crecimiento". Obviamente los autores no nos pusimos de acuerdo y cada cual presentó sus opiniones según las respectivas perspectivas y experiencias. Esos distintos enfoques pivoteaban en problemáticas regionales comunes a las nueve asociadas.

No sabemos si en las otras provincias se está promoviendo lo mismo. Sí tenemos claro que Salta promovió la RNGA y, por tanto, le cabe el esfuerzo adicional de una convocatoria que incluya gobiernos y sectores sociales para iniciar los debates y elaborar acuerdos en función de documentos suscriptos hace más de dos décadas.

Tarea ímproba que requiere buena fe, perseverancia, responsabilidad y lucidez para vencer la inercia, la miopía y los preconceptos.

El mandato secular 

Benjamín Villafañe, oranense de nacimiento y jujeño por adopción, fue un gran gobernador de la provincia hermana durante la segunda presidencia de Yrigoyen. En junio de 1926 pronunció en nuestra ciudad una conferencia que tituló “Proteccionismo y libre cambio. La destrucción de la República, industrias muertas en agonía” (editada por Talleres Gráficos del Estado, Jujuy 1926); un lúcido análisis de las condiciones mundiales y nacionales de aquel tiempo, con abundantes citas históricas y datos económico-sociales.

El auditorio estaba conformado por los gobernadores de las provincias del NOA, a quienes propuso al final conformar una suerte de Liga para encarar cuestiones estratégicas y de interés común. Sorprende verificar cómo coinciden sus veinticinco propuestas con muchas de la Declaración de Salta de 1986. Pero asimismo desnuda nuestra incapacidad de acción y de pensamiento para el largo plazo. El discurso de Villafañe a 100 años de expuesto sigue interpelándonos. ¿Hasta cuándo nuestra indolencia? 

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