Los barbijos revolucionan la moda

En 2007 lapidaron al director creativo Marc Jacobs cuando le dedicó un show especial al barbijo para presentar sobre la pasarela la colección Primavera-Verano 2008 de Louis Vuitton. Todo su material, con el que había homogeneizado los rostros de top models como Naomi Campbell, Eva Herzigova y Stephanie Seymour, se transformó en memes. 
Pero a través de estos años, desastres climáticos y polución ambiental mediante, este accesorio fue colándose en los eventos de moda más lujosos y apareciendo entre los habitantes de las ciudades más contaminadas del planeta. 

Este 2020 será recordado como el año del barbijo. Es acertado asegurar que previo a la pandemia del Covid-19 ningún salteño pensaba en su funcionalidad o siquiera en su existencia, salvo que perteneciera al sector de la salud o tuviera en su círculo familiar a alguien inmunodeprimido. 
Desde el 13 de abril es obligatorio el empleo de barbijos en Salta como requisito de ingreso y permanencia en espacios públicos, privados de acceso público, el transporte público de pasajeros y en autos particulares. La medida busca evitar que los portadores de Covid-19 asintomáticos o presintomáticos contagien a personas sanas y que dispersen el virus por las superficies con las que tomen contacto. Incluso para los infractores se fijó una multa de 1.000 pesos. Por ello, a mediados de marzo los ciudadanos agotaron en horas todos los que hubiera disponibles en el mercado y por ello los diseñadores vieron una oportunidad de negocio en su fabricación. 


En esta producción organizada por Roxana Liendro para El Tribuno muestran sus creaciones la cooperativa de Vaqueros Diseños de mi Pueblo, Cecilia Beltramino (BC Diseños), Lucrecia Zubieta (AWA), Ana Guantay Briones (Guantay), Roxana Vilte (Adel Alta Moda) y la propia Roxana con su hijo León (Santos Liendro).
Para Ana Guantay Briones su propuesta transmite el espíritu de base de su marca conformado por la tríada: originalidad, comodidad y expresión. 
“Para hacerlos usamos telas con estampas propias a partir de ilustraciones combinadas unas con otras. La idea es que sea cómodo, funcional, suave al tacto, divertido, que no sea tedioso de usar”, definió. En el mismo movimiento buscaron mitigar el impacto ambiental, aprovechando retazos de tela que tenían como sobrantes. 


“Siempre en un nuevo producto trato de congeniar la funcionalidad con el diseño. Es algo que uno trae innato, porque piensa en la necesidad del usuario. Hay cosas que pueden ser más vistosas o bonitas, pero siempre trato de equilibrar lo expresivo con la comodidad. Por este motivo usó telas de punto, elastizadas, suaves al tacto, sobre todo la de adentro, que está en contacto permanente con la piel. Así también, las tiritas son elastizadas y suaves para que no generen dolor después de muchas horas de tener puesto el barbijo. 
“La idea (en estas fotos en particular) era explorar las posibilidades expresivas del barbijo. Si es que se va a instalar, le busquemos el lado divertido”, afirmó con convencimiento. 
Al iniciarse el aislamiento social preventivo y obligatorio Ana tuvo que parar su producción. “No sé si tenía ganas de hacer barbijos, pero empecé por necesidad, porque no podía vender otros diseños y porque sé que toda situación extrema y desconocida demanda mucha flexibilidad, abandonar el miedo y la preocupación, y adaptarse, buscar otra forma de continuar por más que no sea la planeada”, expresó. 

Un trabajo que se inició como voluntariado

Varios proveyeron de implementos a empleados de la salud.

 

Como AWA realiza tejidos, no se propuso fabricar un barbijo funcionalmente adecuado, sino capuchas francesas, a las que definen como “elegantes, abrigadas y que pueden actuar como cubrebarbijos”. 
“Crear objetos útiles y agradables, buscar un equilibrio entre utilidad y belleza es lo que hacemos los diseñadores. Ese sería el cóctel perfecto. El resultado de cualquier tipo de diseño es solo la puntita del iceberg de todo el trabajo que hacemos. Lo que no se ve es muy laborioso, de intenso desarrollo y depende mucho del contexto”, instruyó la diseñadora Lucrecia Zubieta. 
De acuerdo con ella el diseño de moda se puede entender como un proceso, donde el producto resultante no es lo que más importa y aunque también se presenta como una solución funcional y con belleza, prima resolver necesidades a situaciones concretas. Luego se adicionan otros aspectos como el tecnológico, el expresivo y el comercial.
“Esta cuarentena impacta sobre la actividad comercial. Pero dentro de las pálidas, la cuarentena puso a los emprendedores a explorar su faceta más creativa y muchos supieron reinventarse y volcar su modelo de negocios a las redes y a las plataformas de ventas. También disparó los niveles de resiliencia y de solidaridad entre los emprendedores”, comentó. 
Por su parte Roxana Vilte señaló que como el barbijo se volvió imprescindible compete a los diseñadores poner a prueba la creatividad para combinarlo con diferentes equipos y lograr la unión exitosa entre este, las prendas y demás accesorios que una persona porte. 
“El barbijo en si ya es funcional, solo tenemos que marcar la diferencia en diseño y creatividad. Cuando diseño un barbijo pienso en el outfit y el lugar donde es llevado, y así logro la satisfacción del cliente”, enunció. Añadió que su camino en esta línea se inició con el trabajo voluntario, haciendo barbijos e indumentaria quirúrgica para los médicos y personal exceptuado que los requerían. “Después me llegó la propuesta de hacer los kits quirúrgicos para los odontólogos y en estos momentos me encuentro trabajando con pedidos de terceros y armando mi propia indumentaria para sacar al mercado. Mi meta es crear una red textil en Salta y dar la oportunidad a diseñadores de mostrar sus productos y no tener que buscar indumentaria en otras provincias”, contó.

La producción se frenó 

Las colecciones deberá esperar a que pase la pandemia.

Cecilia Beltramino compartió con El Tribuno que sus barbijos, en sintonía con la identidad de su marca, son cómodos, prácticos y combinables, y que en ellos resalta un detalle que revaloriza lo artesanal. “Traté de que tengan calidez para sentirnos más humanos y cercanos en estos tiempos que estamos tan distanciados”, definió, a la par que contó que debió postergar la presentación de su colección, con la que iba a relanzar su marca. A Santos Liendro le ocurrió algo similar. “Pararon grandes industrias, fábricas y talleres y también pequeños talleres como los nuestros. Las diseñadoras que pudieron fabricar barbijos e indumentaria de trabajo para el sector de la salud de acuerdo con los protocolos que se van dejando por cada rubro pudieron estar activos solo haciendo este tipo de productos. Las colecciones y las colecciones cápsula se pararon”, dijo Roxana, que desarrolló varias líneas de barbijos, con los sublimados artesanales que la caracterizan, los engomados y telas customizadas a las que les da terminaciones en metal, bronce, cobre y plata.


 

 

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