Carrera contrarreloj  de Biden para olvidar  el legado de Trump

A horas de haber asumido como nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden debe afrontar como principal objetivo la tarea de desmontar cuanto antes el legado de Donald Trump, desde la inmigración a la política exterior o la lucha contra el coronavirus y la crisis climática.

El cambio de ánimo entre los demócratas en Washington lo expresó la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, quien calificó la llegada de Biden como "un soplo de aire fresco".

Y esto se vio reflejado en que el mismo día de su asunción, en menos de 24 horas Biden firmó 17 órdenes ejecutivas, la gran mayoría dedicadas a dar marcha atrás en políticas avanzadas por su predecesor.

Entre ellas la cancelación de la emergencia nacional que Trump había decretado para desviar fondos y financiar así la construcción del muro fronterizo con México, que queda en suspenso, y el reingreso de EEUU al Acuerdo Climático de París. Asimismo, a partir de ayer se suspendieron las inscripciones en el programa "Permanezcan en México", que permitió al Gobierno de Trump devolver al país vecino a los solicitantes de asilo.

Biden avanzó también en nuevas medidas para combatir la pandemia del coronavirus, que ha dejado ya más de 400.000 muertos en el país, y ante la gravedad de la cual Trump mostró en diversas ocasiones su escepticismo.

"Lo que estamos heredando es mucho peor que de lo que podríamos haber imaginado", afirmó Jeffrey Zients, designado por Biden para coordinar la respuesta a la pandemia.

Biden ha prometido vacunar a 100 millones de estadounidenses en sus primeros 100 días en la Casa Blanca, una ambiciosa promesa que no está claro que pueda ser cumplida dados los problemas en la distribución vistos en las últimas semanas. Hasta el momento, 14,3 millones de estadounidenses han sido vacunados, lo que supone un 12,5 % de la población considerada prioritaria, y un 4,3 % del total de 330 millones habitantes del país.

Pero el poder de Biden a través de las órdenes ejecutivas tiene un límite, y para sus planes de gran escala va a tener que lidiar con un Congreso en el que si bien los demócratas controlan ambas cámaras, la mayoría en el Senado es tan ajustada que el camino se prevé complicado.

Especialmente de cara a sus dos propuestas estrella: un nuevo paquete de estímulo fiscal, por valor de 1,9 billones de dólares con nuevas transferencias directas a los ciudadanos y una reforma migratoria que abriría la senda para la legalización de más de 11 millones de indocumentados en EEUU.

Biden, que fue senador durante más de tres décadas, conoce bien el funcionamiento de la Cámara Alta y tendrá que convencer a la bancada republicana para que dé luz verde a ambas propuestas en un momento de enorme polarización política en el país.

Por si fuera poco, Pelosi pretende enviar pronto las acusaciones al Senado para el inicio del juicio político a Trump por "incitar a la insurrección" durante el asalto violento al Capitolio del pasado 6 de enero por parte de una turba de seguidores del exmandatario, que dejó cinco muertos.

Aunque coinciden en criticar las palabras de Trump, en el seno del Partido Demócrata hay inquietud acerca de que el juicio político en su contra reste capital político a Biden en el Senado para llevar adelante propuestas de la envergadura del estímulo fiscal y la reforma migratoria.

"El hecho es que el Presidente de EEUU cometió un acto de incitación a la insurrección no creo que sea muy unificador decir, oh, nos olvidamos y pasamos página. Así no es como unificas", recalcó Pelosi.

 

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