El Nuevo Orden algorítmico mundial

El mundo asiste hoy a una áspera disputa entre grandes potencias por el control de la tecnología 5G, pero el vertiginoso avance de la inteligencia artificial (AI) promete transformaciones globales de implicancias geopolíticas aún mayores, y con impactos económicos y sociales de alcances imprevisibles en cuestión de años.

La AI nació hace casi 80 años, de la mano de la informática, aunque hoy se ha complejizado en extremo y puede resumirse en "el estudio de los métodos para hacer que las computadoras se comporten de forma inteligente", tanto desde el aprendizaje y el razonamiento como la planificación, la percepción, la comprensión del lenguaje y la robótica.

En 2016, el campeón surcoreano de Go, Lee Sedol, fue derrotado por el programa de inteligencia artificial AlphaGo (de la británica DeepMind), que aprendió el juego de estrategia milenario, orgullo nacional de China, practicando consigo mismo, sin humanos. Beijing tomó nota y anunció en 2017 una Estrategia Nacional financiada con 15.700 millones de dólares para desarrollar un centro de innovación para 2030.

Para entonces, el gigante de comunicaciones chino Huawei escalaba en la agenda de preocupaciones occidentales, por temores de espionaje industrial y tecnológico, que ahora alcanzan a la esfera privada. Hoy, esa tecnología de Red 5G divide al mundo en dos, entre los países que la incorporan y los que se resisten a depender de ella, y también está en el trasfondo de la guerra comercial Washington-Beijing.

La economía digital de Estados Unidos ya representa un 7% de su PIB, el 6% del de China, el 8% de Japón y el 10% de Corea del Sur (OCDE). Es el avance de la Internet de las Cosas, de los algoritmos y de los robots. Para 2023, habrá 30 mil millones de dispositivos conectados y la mitad de las conexiones serán ... entre máquinas, en fábricas, hogares y automóviles (Cisco).

Hoy, el proceso de automatización tecnológica que permite la AI avanzó fuera del hogar y llegó hasta el sistema de producción, los servicios y el comercio, donde derrocha productividad, pero amenaza también el empleo y el sustento de muchas personas. En términos de desarrollo, la automatización puede dañar más de lo que mejora. Las sucesivas revoluciones industriales consolidaron y fueron transformando una clase trabajadora, cuyo protagonismo a su vez moldeó la política y la geopolítica mundial. Pero por primera vez, con los algoritmos imponiendo sus términos en la economía, asoma una clase de "descartados", como diría el Papa Francisco. En 2017, la OIT estimó la creación de 900.000 empleos hasta 2020 (sin contar la pandemia) relacionados con internet y las nuevas tecnologías. Software, robótica, Big Data y AIl destruirían millones de empleos, pero también generarían nuevas profesiones muy cualificadas. En el ámbito de la OCDE, el 9% de los empleos corre un alto riesgo y el 50-70% de las tareas van camino de automatizarse. Según el Foro Económico Mundial, unos 75 millones de empleos podrían desaparecer ya para 2025, aunque se crearán otros 133 millones de nuevos puestos de trabajo. El Instituto Global McKinsey proyectó que la automatización ocupará 800 millones de puestos de trabajo para 2030. Toda una revolución.

Los dos grandes rivales en la carrera por transformar la economía, Estados Unidos y China, eligieron sus propios caminos. Detrás, Europa.

La estrategia de Beijing está determinada desde su férreo poder político, a través de conglomerados tecnológicos públicos y privados que se despliegan en el mundo con la meta de consolidar el ascenso de la potencia emergente. Su Estrategia Nacional de AI estima consolidar un sector de US$150 mil millones para 2030, con un plan de desarrollo que crecerá hasta los US$60 mil millones anuales en 2025. Esos conglomerados (Alibaba,Tencent, Huawei, Xiaomi, Baidu y otros) se dividen campos de desarrollo: vehículos autónomos, ciudades inteligentes, imágenes médicas, inteligencia de voz, visión artificial, inteligencia de mercado, video detección, cadenas de suministro inteligentes, ciberseguridad, hogares inteligentes, cadenas de suministro inteligentes, educación inteligente y reconocimiento de voz.

Estados Unidos, en cambio, mantiene su apuesta por el predominio de la iniciativa privada, sin excluir la ejecución de su propia estrategia geopolítica a través de los gigantes tecnológicos y digitales: Google (Alphabet), Amazon, Facebook, Apple y Microsoft, líderes globales de capitalización bursátil, con negocios por USD 899.000 millones en 2019, gastaron ese año USD 110.000 millones en I+D. Mientras, el Pentágono abrió un centro en Silicon Valley, cerca de los in novadores.

El tercer jugador de fuste es la UE: las inversiones en el sector tecnológico comunitario alcanzaron los 11.200 millones de euros en 2017, cinco veces más que en 2011. Europa tiene 32 instituciones de investigación entre las mejores 100, contra 30 de Estados Unidos y, por ahora, 15 de China, pero carece de grandes corporaciones como las las GAFAMI (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft, IBM) o las BHAT (Baidu, Huawei Alibaba, Tencent, Xiaomi).

El presidente ruso, Vladimir Putin, reconoció en 2017: "Quien se convierta en el líder en inteligencia artificial será el gobernante del mundo".

Por eso, Estados Unidos lanzó en 2014 su Tercera Estrategia de Compensación (las anteriores, en 1950 y 1970), centrada en las tecnologías emergentes, como la IA, para contrarrestar el creciente poder militar de Rusia y China. En 2018, el Congreso creó la Comisión de Seguridad Nacional sobre Inteligencia Artificial y la Administración Obama fijó como metas mantener el liderazgo en AI, proteger el empleo interno y liberar todos los obstáculos a la innovación.

La dinámica de fuerzas asociadas o gestionadas por los grandes jugadores del tablero mundial (EEUU, China y la UE) deja ver los primeros indicios de una "geopolítica del algoritmo", en la que el actual "soft power" de la AI eclipse a la capacidad nuclear en la puja interestatal. Está en juego influenciar percepciones de la realidad, nuestras opciones, comportamientos y hasta nuestros intereses.

 

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