Cómo sanar el vínculo afectivo

Por Bernardo Stamateas, doctor en Psicología

En la actualidad, los problemas en las relaciones de pareja, tales como la infidelidad y la violencia, se han multiplicado en todo el mundo. ¿Cuál es la causa principal de esto? Básicamente, la imposibilidad de armar el vínculo afectivo. Cuando dos personas no se llevan bien, por lo general, uno le reclama al otro: “Vos nunca me decís que me amás”.
Lo cierto es que el planteo verbal no es el quid de la cuestión, sino más bien lo no verbal. Es decir, lo que no decimos. Cuando no existe un vínculo sin palabras, aparece la demanda en palabras. Entonces la persona exige una confirmación verbal para algo que no es de la misma naturaleza. 
El anhelo por la expresión verbal se basa en la creencia de que, de este modo, la relación será mejor. Pero es necesario ser conscientes de que, en estos casos, el problema no es verbal. ¿Por qué? Porque el vínculo afectivo en toda relación de pareja consiste precisamente en “lo no verbal”. 
Dicho vínculo es un espacio donde cada uno demuestra su interés sincero por el otro. Cuando uno se enamora, resulta sencillo mostrar interés y este no suele ser fingido; por eso, buscamos acercarnos al otro todo el tiempo. En esta etapa, la actitud, que vendría a ser lo no verbal, coincide con las palabras. Entonces, basta una mirada para comprendernos. Ahora, cuando con el tiempo surgen problemas en la pareja, eso que deja de funcionar es lo no verbal. Es decir, la conexión amorosa que, al principio, nos acercó con un interés sincero. Eso es lo que tiene que ser reconstruido. ¿De qué manera? No será hablando lo que la otra persona quiere oír; tampoco haciendo lo que él o ella espera de mí. 
Como mencionamos, la unión no se basa ni en palabras ni en acciones, sino en un interés que tiene su origen en el corazón. De modo que solamente hay dos formas de reconstruir, reparar o sanar el vínculo afectivo: 
1. Trayendo al presente los momentos felices. 
2. Trayendo al presente los momentos tristes.
En el primer caso, la misma emoción que sentimos en el pasado reaparece y se siente en el cuerpo. Puede ser que recordemos el día del casamiento o el día que nacieron los hijos. Revivir los momentos agradables de nuestra vida es una herramienta poderosa. En ocasiones, necesitamos recordar o volver a experimentar esas vivencias. 
Y en el segundo caso, se vuelve a sentir corporalmente la emoción de haber atravesado y superado las dificultades que la vida nos presentó. Esto nos ayuda a acercarnos y a interesarnos por el otro sinceramente. Rememorar épocas cuando vivimos enfermedades, pérdidas o crisis no solo trae al presente el dolor sino, sobre todo, la satisfacción de haber salido adelante juntos. 
Vale la pena sanar el vínculo afectivo, eso que un día nos unió más allá de las palabras; pero podemos evitar que este se quiebre cuando nos esforzamos cada día en cuidarlo. Una conexión de esta clase nos habilita para disfrutar una relación “a prueba de balas”, capaz de capear cualquier tormenta. 

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