Nos hundimos y  nos hacemos los  distraídos

Lamentablemente, en los tiempos que vivimos, quienes gobiernan la Argentina parecen no poder apreciar los efectos negativos de una serie de medidas, que han dictado y puesto en práctica, cuya consecuencia es y ha sido el deterioro de la calidad de vida de la sociedad toda, en especial aquella parte de la población que no cuenta con medios para contrarrestar los efectos negativos de tales medidas.

En efecto, estamos ante una administración que, intencionalmente o no, va desmantelando nuestro sistema económico.

"Un sistema económico es una estructura o forma de organizar la actividad económica de una sociedad, la producción de bienes y prestación de servicios, gestionando y administrando los recursos de los que se dispone". De acuerdo con el diccionario RAE en su segunda acepción sistema es "Conjunto de reglas, principios o medidas que tienen relación entre sí".

El respeto a las reglas

Entonces un sistema económico está integrado por un conjunto de reglas y principios interrelacionados que sirven para organizar la actividad económica. Esas reglas y principios están unidas e interrelacionadas no son partes aisladas, todo lo contrario. Esa interrelación lleva a que una alteración de alguna de las partes incide en las demás. No se puede considerar a los sectores que conforman el sistema como compartimentos estancos.

En una simplificación de conceptos se puede decir que en el sistema económico hay dos sectores.

1) El sector público

2) El sector privado

A su vez el sector privado está integrado, en una clasificación general por rama de actividad, por la actividad agropecuaria, la actividad industrial, la actividad comercial y los servicios.

Cuando se dictan medidas de tipo restrictivo de la libertad, que es esencial en la organización de nuestra economía conforme a lo establecido por la constitución nacional, se obtiene consecuencias negativas y contrarias a los resultados que "dicen" ser buscados por quienes dictan esas medidas.

 

El odio que obnubila

Probablemente la actividad agropecuaria es la que más ha sufrido y sufre la presión del un estado que parece no entender realmente cual es el rumbo a seguir para lograr el crecimiento de nuestra Argentina.

En un análisis, muy simplificado, de los efectos de medidas que afectan a sector agropecuario que han sido dictadas justificadas en "la defensa de la mesa de los argentinos", se puede apreciar lo negativo del resultado de aplicar esas medidas.

Las medidas de resultado negativos son, claramente, el aumento de la presión fiscal, incremento de retenciones y los obstáculos o restricciones a las exportaciones.

La posibilidad de absorber la presión tributaria, sin sufrir quebrantos, en el sector agropecuario depende del cultivo, la localización de la actividad, el rendimiento, los precios internacionales y los costos locales, entre otros.

No todos los productores agropecuarios producen soja y menos a un precio constante sobre los 500 dólares la tonelada.

Entonces es un error pensar que "los del campo se la llevan en pala".

Esta frase es parte del relato de la construcción de una "posverdad autóctona de la argentina progre actual".

La localización de la actividad actúa como un elemento sustancial en la ecuación de rentabilidad, las distancias generan costos adicionales por los fletes y estos fletes, no son baratos, son sumamente costosos porque el país carece de una red caminera adecuada y un sistema ferroviario adecuado a las necesidades de la producción.

Los rendimientos, de acuerdo al cultivo, son determinantes en la vida de las explotaciones y en su continuidad en el tiempo. Los números de cada cultivo o explotación son demasiado finos, es decir hay poco margen en la mayoría de las actividades y un bajo rendimiento puede ser determinante en el destino de las empresas.

El riesgo agrícola condiciona los resultados y la continuidad de las explotaciones. De cinco años solo uno puede ser realmente bueno dos, al menos, son malos y los otros dos son de equilibrio, según lo manifiestan los productores de la zona.

Los precios internacionales, sobre todo en los comodities agrícolas, condicionan de manera significativa la ecuación económica de las empresas agropecuarias de argentina.

No siempre son favorables o están por las nubes como hacen creer los funcionarios que ven en el campo una veta para obtener recursos sin límite. En un lapso de diez años a quince años se puede ver que la evolución de los precios es oscilante y no siempre en alza. Un ejemplo de ello es la chía.

Los costos locales, sueldos, impuestos incluidos en los precios de los insumos, el control estatal materializado en infinidad de planillas, trámites, permisos, certificaciones etc. exigidos para trabajar desequilibran al productor argentino frente al productor de otra parte del mundo.

El índice FADA de marzo de 2021 supera el 62%. Este índice mide la participación del estado en la renta agrícola.

Con lo expuesto queda claro que la actividad está muy condicionada en su existencia y continuidad a la magnitud de la apetencia recaudatoria del estado.

Camino al quebranto

Retomando el concepto de desmantelamiento del sistema, podemos hacer un rápido análisis de las medidas que dicta el gobierno y su efecto en el sistema económico.

La actividad agropecuaria es una gran generadora de divisas por vía de las exportaciones.

 Los productos agropecuarios de Argentina tienen ganados sus mercados en base a calidad y prestigio construido con mucho esfuerzo por un sector que siempre ha apostado al futuro.
Si se incrementan las retenciones o la presión fiscal, algunos productores van a quedar en imposibilidad de mantener su actividad porque la misma pasa a ser deficitaria al no poder soportar un nivel mas elevado de tributación. 
En consecuencia, caerá la producción y el ingreso. 
Por otro lado, se limitan, prohiben o suspenden las exportaciones, entonces el efecto inmediato será la disminución en el ingreso de dólares al país.
Si cae el ingreso de dólares por exportaciones, el sector industrial sufrirá las consecuencias de la escasez, las importaciones de insumos necesarios para el funcionamiento de muchos establecimientos industriales, serán limitadas y, en consecuencia, caerá la producción, el ingreso y empleo que genera la actividad industrial en el país. Si se disminuye la producción agropecuaria e industrial, el comercio sufrirá consecuencias. Entre esas consecuencias está la escasez de productos para comerciar, la caída del empleo ocasiona una caída en el consumo con efecto en la demanda, además de las consecuencias de la creación de controles de precios que afectan su renta. Es decir, el comercio sufrirá consecuencias fuera del control de los empresarios y se achicará.
El sector servicios no queda al margen de esta tendencia al achicamiento del sistema económico, también habrá menos demanda para ellos y este sector se achicará.

Perdemos todos

Con el achicamiento de todos los sectores el ingreso del fisco se verá afectado al reducirse la recaudación de impuestos, sobre producción, empleo, etc. El estado reacciona emitiendo o aumentando impuestos lo que termina agudizando la crisis del sistema.
Hasta aquí, con un ejemplo muy simplificado, he tratado de poner en evidencia que las medidas “ideologizadas” o basadas en el engaño a la población son las que generan la decadencia de nuestra economía y constituyen acciones que han de terminar desmantelando el sistema económico.
La crisis y decadencia que se ve agudizada por la pandemia tiene origen en medidas dictadas por gobiernos populistas. La pobreza no desaparece si se eliminan los ricos como la ignorancia no desaparece si desaparecen los genios.

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