Los límites de nuestra provincia

Dado que la geografía es de naturaleza fractal, la línea recta nunca puede ser un límite natural. De allí entonces que la delimitación de territorios haya seguido desde muy antiguo accidentes fisiográficos tales como ríos, playas, montañas, cordilleras, divorcio de las aguas ("divortium aquarum"), abras, entre otros.

Los territorios arcifinios son aquellos que tienen límites naturales. La palabra arcifinio provine, según Corominas, del latín tardío y su etimología derivaría de "arca" que es igual a mojón y de "finis" que es igual a límite.

Arcifinio es entonces un adjetivo que se aplica al territorio que tiene límites naturales y que en general son fácilmente identificables.

La Cordillera de los Andes es un límite arcifinio que nos separa de Chile ya sea a través de las altas cumbres, como también en la divisoria de las aguas y que convierten a la Argentina en un país con hidrología de la cuenca del océano Atlántico y a Chile en un país con hidrología de la cuenca del océano Pacífico.

Esas altas cumbres, según el caso, pueden estar representadas por montañas (ejemplo provincias de San Juan y Mendoza) o por volcanes tal como ocurre en el noroeste argentino.

El río Pilcomayo es el límite arcifinio de Argentina con Paraguay, el río Paraná de Chaco y Formosa con Paraguay, así como el río Uruguay es el límite arcifinio con Brasil y Uruguay.

Hay veces en que no es posible encontrar rasgos naturales del relieve que puedan servir de límites. Por ejemplo ¿Cómo podemos trazar un límite en una llanura interminable como lo son el Chaco o la pampa? Se recurre entonces a trazados artificiales tal como la línea recta.

Una de esas líneas rectas es la que separa Salta de las provincias del Chaco y Formosa y que fuera trazada en 1911 por el ingeniero geógrafo Mariano Sixto Barilari (1863-1947), con lo cual quedó en la historia como la "Línea Barilari".

Algo parecido ocurrió con las líneas rectas que se eligieron para separar tramos importantes de Jujuy y Salta con Bolivia. En el tramo de Salta, y especialmente en el departamento Santa Victoria, hay numerosos accidentes geográficos propios del ambiente morfotectónico de la Cordillera Oriental, tales como altas cumbres, abras y ríos de montaña fuertemente encajonados.

En cambio hacia el Este de Yacuiba se sigue a rajatabla el paralelo de 22 grados sur hasta el Fortín D'Orbigny sobre el río Pilcomayo.

En Abra de Santa Cruz

Donde el territorio es llano no se generan grandes inconvenientes. Ahora bien en el terreno montañoso, donde las altas cumbres, los divorcios de aguas y las abras son atravesados por líneas rectas imaginarias pueden presentarse problemas como ha ocurrido recientemente en Abra de Santa Cruz, en el límite entre Salta y Bolivia.

Allí una nueva demarcación geodésica dejó para Bolivia la cabecera de un valle ciento por ciento salteño y argentino por su geografía, fisiografía, hidrografía, demografía, raíces, historia, infraestructura, y un largo etcétera. Salteños que han vivido allí por generaciones, que han votado en Salta, que se atendieron en hospitales de Salta, que enviaron sus hijos a escuelas de Salta, que tienen enterrados a sus deudos en Salta, de la noche a la mañana pasaron a ser bolivianos por la magia de un mojón artificial y no arcifinio.

Arcifinia es la cabecera del valle, son las aguas que drenan hacia la Argentina, es el filo del cerro, es el abra en el paso de la montaña. Lo demás queda librado a una interpretación del último tratado de 1925.

Digamos que históricamente las guerras de territorio como la que libró Chile contra Bolivia y Perú; las imprecisiones de los viejos mapas usados como base y referencia (entre ellos el del geógrafo y naturalista francés Víctor Martin de Moussy o los del geólogo alemán Ludwig Brackebusch); los laudos arbitrales, entre otros aspectos, dejaron un manto de dudas e imprecisiones en la definición de los límites. Así pasaba con el Tratado de 1889 donde se mencionaban accidentes geográficos inexistentes o que estaban desplazados decenas de kilómetros (ej., Porongal, Esmoraca).

 

Las intensas negociaciones que se llevaron a cabo en la década de 1920, fueron prolijamente reunidas por su principal artífice el Dr. Horacio Carrillo (1887-1955), quién luego de ejercer como gobernador de Jujuy fue designado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la República Argentina en Bolivia.

Allí le tocó una ardua tarea de negociaciones con respecto al límite internacional lo que dejó plasmado en el libro "Los límites con Bolivia" (Buenos Aires, 1925), del cual atesoro la copia que perteneciera al geógrafo Romualdo Ardissone. Carillo aborda con lujo de detalles los aspectos históricos, antecedentes, negociaciones y otros asuntos que llevaron a la firma del tratado de límites en el cual, tanto Argentina como Bolivia, tuvieron que ceder y compensarse mutuamente para llegar a un acuerdo definitivo. Yacuiba, por ejemplo, es una ciudad de Bolivia dentro de territorio argentino, con lo cual hubo que generar una zona especial para que Bolivia ejerza allí su soberanía.

Igualmente Argentina cedió soberanía a Bolivia sobre los pueblos de Salitre, Sococha (muy cerca de Abra de Santa Cruz), Yanalpa, Cuevas, Lagunillas y otros, mientras que Bolivia lo hizo por Los Toldos a favor de Salta.

Bolivia se quedó con la famosa “V” arcifinia que forman los ríos Bermejo y Tarija, una región muy apreciada por su riqueza en petróleo. Recordemos que el propio Juan Domingo Perón llegó a la zona en 1931 como capitán del ejército argentino y pasó dos meses a lomo de mula colocando hitos fronterizos con Bolivia.
La anécdota refiere que Perón llegó tan cansado y enfermo a Salta de uno de esos viajes que para sostener su rutina de entrenamiento subió al San Bernardo y se “apunó”, según se relata en la biografía que escribió Pavón Pereyra.

Tierra salteña

Es importante señalar quiénes fueron los hombres que tuvieron a su cargo la dura misión de lograr un acuerdo. Por un lado el ya mentado Horacio Carrillo, distinguido abogado, escritor y político jujeño, y por otro el doctor Severo Fernández Alonso, expresidente de Bolivia y tal como sostiene Carillo un “político experimentado, internacionalista sobresaliente, diplomático de primera fila y uno de los más hábiles representantes que Bolivia ha revelado” (p.140).
Estamos hablando de hombres estudiosos, de cancilleres eruditos. Invito a devorar las doscientas páginas del libro de Carillo para ver cuál fue la filosofía que orientó a estos notables juristas en donde primó el sentido común, el conocimiento geográfico y el patriotismo sin tacha luchando ambos por la integridad holística de sus respectivos territorios.
Con respecto a la cuestión actualmente en boga simplemente me remito a la página 174 donde dice: “Queda para la Argentina toda la zona de Toldos y el valle y cuenca de los ríos Santa Cruz y Santa Victoria”.
Las palabras valle y cuenca zanjan cualquier discusión a favor de Argentina. O sea que más allá de la línea recta virtual e imaginaria se impone la filosofía lógica del límite arcifinio fisiográfico que es el que debe primar absolutamente en este caso.
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