Los capitanes de  Güemes

Repasando la historia, resulta inexorable una conclusión: ninguna proeza de los jefes legendarios se alcanzó sin que un entorno excelso haya colaborado a que esa figura sea el vértice de la pirámide. La base piramidal en que se sostiene el éxito se sustenta en un núcleo que con acción y pensamiento coadyuva la elevación de quien la conduce. Martín Miguel de Güemes no escapa a esa regla. Hubo hombres y mujeres fundamentales que contribuyeron en su proyecto geopolítico inconcluso como en esa gesta incomparable que fue la Guerra Gaucha. Todo esto, sin menguar mérito alguno al caudillo, quien como conductor y director de voluntades supo ganarse la voluntad de todo un pueblo en armas.

Hace exactamente cincuenta años, Jacinto B. Yaben publicaba un libro esencial, titulado: "Los capitanes de Güemes". Allí el autor esboza pequeñas reseñas de algunos de esos protagonistas. Bernardo Frías, en su colosal historia, amplía esa nómina. Y conmemorándose el bicentenario, resulta un imperativo de justicia recordarlos a todos. Intentaremos sacar del fondo del tiempo a los principales.

 

José Ignacio Gorriti, dos veces gobernador de Salta, fue sin duda el numen que asesoró al jefe gaucho, tanto en la política como en la guerra. Su hermano Pachi, José Francisco Gorriti, fue un guerrero incomparable, vestido con sayal de franciscano por una vieja promesa, artífice de inolvidables triunfos en la guerra de guerrillas.

Don Luis Burela y Saavedra había iniciado la Guerra Gaucha ya antes de que Güemes fuese reivindicado por San Martín. Combatió con denuedo al igual que su hermano Alejandro Burela. Los cuñados de Güemes, Dionisio y Manuel Puch, el primero gobernador de Salta también en dos oportunidades, fueron dos líderes indispenables en la conducción y los diferentes frentes en que luchaban las huestes gauchas.

Eusebio Martínez de Mollinedo mostró una entrega absoluta a la causa de la independencia y fue uno de los jefes de máxima confianza de Güemes, al igual que Manuel Álvarez Prado y Bartolomé de la Corte. Don Pedro José Saravia, uno de los americanos más condecorados por los reyes de España, recibió distinciones de Carlos IV y Carlos III. Pese a esto, además de haber tenido una fluida correspondencia con el libertador San Martín, fue un combatiente tenaz y aguerrido en la Guerra Gaucha, al igual que su hijo Apolinario Saravia, el Chocolate, sin cuya advertencia a Belgrano, la Batalla de Salta hubiese sido un fracaso. Apolinario Saravia fue el célebre vencedor del combate de Sauce Redondo.

Zacarías Antonio Yanci se alistó en las filas gauchas a los catorce años. La vida lo llevó a radicarse en San Juan, donde formó su familia y llegó a ser gobernador. Cuando el Ejército Argentino se organizó institucionalmente, se le otorgó el grado de general, tenía por entonces 83 años y junto con ese reconocimiento los gauchos de Güemes dejaron de ser considerados una fuerza irregular, sino soldados de la independencia argentina.

Jorge Enrique Vidt, fue un coronel alsaciano que luchó en la famosa batalla de Waterloo, luego guerreó en los Estados Unidos hasta que vino a Buenos Aires e inmediatamente partió hacia Salta, donde se puso a las órdenes de Güemes. En su lecho de muerte el héroe gaucho le encomendó expulsar hasta el último invasor que pisara Salta y cumplió lealmente. Después de la muerte de Güemes y pese a cumplir su mandato, fue perseguido e incluso intentaron asesinarlo. Terminó sus días en la ciudad francesa de Estraburgo. El intrépido coronel Bonifacio Ruiz de los Llanos fue junto al marqués de Yavi, Juan José Feliciano Fernández Campero, el primer jefe de la División Infernal de Gauchos de Línea, grupo de elite, conocido popularmente como Los Infernales. También gozó de la máxima confianza del líder salteño y fue famoso por su coraje en batalla.

La Historia está en deuda con un grupo de comandantes gauchos. No solo por su valentía y bravura, sino por las diferentes victorias que alcanzaron en múltiples frentes. Algunos de ellos, como Pastor Padilla, pagaron con su vida la arriesgada misión que habían emprendido. Julio César Luzzato lo inmortalizó en un poema excelso. Así se destacan Juan Antonio Rojas; Mariano Morales, "El Costeño"; Sinforoso Morales; Santiago Morales; Luis Borja Díaz; Bernardino Olivera; Angel Mariano Zerda; Mateo Ríos; José Gabino Sardina; José Toribio Tedín; Pedro Zavala y Gregorio Victoriano Romero. Una especial mención merece el coronel Manuel Eduardo Arias, triunfador de la Batalla de Humahuaca, uno de los guerreros más indómitos a quien los españoles nunca pudieron doblegar. Arias fue de una probada lealtad a Güemes, hasta que perfidias e intrigas lo alejaron e hicieron que se pasara a las filas de sus más enconados enemigos. Es preciso a esta altura formular una aclaración. Los relatos históricos nacionales han omitido sistemáticamente destacar las acciones realizadas por las mujeres. En la historia boliviana, por ejemplo, heroínas como Juana Azurduy o Bartolina Sisa, ambas combatientes, fueron realzadas desde antaño con el mérito y reconocimiento que les corresponde. En Salta, además de Macacha Güemes, que no fue combatiente, pero sí la principal consejera y operadora política de su hermano, se formó una red de espionaje, prácticamente única en su tiempo. Esa red le permitió al caudillo, por caso, conocer los movimientos exactos que el mariscal La Serna preparaba en la tercera invasión realista a Salta. Sin ellas es posible que esa invasión hubiese tenido una suerte diferente. Tampoco se conoció nunca el nombre de gauchas combatientes, que ciertamente las hubo y muchas. Por eso es preciso recordar especialmente a Juana Moro, Gertrudis Medeiros, Martina Silva, designada capitana de los Ejércitos de la Patria por Manuel Belgrano por su acción en combate durante la Batalla de Salta; Loreto Sánchez Peón y Andrea Zenarruza. Cada una de ellas debería tener un sitial diferente, porque sus aportes fueron decisivos al poder develar con una fina inteligencia y particular astucia los planes de los enemigos. A todas ellas y a todos los capitanes gauchos, la gloria eterna.

 

 

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