El debate consumo vs. exportación

No se puede tener todo a la vez... Un concepto clásico es que "no se puede tener todo a la vez", que, trasladado a la economía, se proyecta a la también "evidente" restricción entre el consumo y la exportación: "obviamente", si la economía exporta más, queda menos para el consumo interno, que es otra forma de interpretar el principio de Economía que aplicaba un exsecretario de Comercio: "Tengo que darle de comer a tres millones de peronistas...".

La idea de que existe un "trade-off", o sea, un intercambio, entre el consumo y la exportación que obliga a restringir uno si se quiere aumentar la otra, ya se había planteado en una nota anterior en la que este "juego de suma cero" (lo que uno gana es a expensas del otro) se planteaba en términos de consumo e inversión, considerando una economía que no tiene comercio exterior.

En esa oportunidad, en una crítica a los puntos de vista de los economistas austríacos, se demostraba que no existe tal intercambio entre el consumo y la inversión, porque ambos conforman el PBI, junto a la exportación y el gasto del gobierno.

Expresado de otra forma, cuando, en condiciones normales (o "excepcionales", en el caso de la Argentina), el PBI se expande regularmente, como ocurre en todas las economías del mundo, todos sus componentes aumentan, esto es, se incrementa el consumo, pero también la inversión y los demás componentes del PBI. Cuando se piensa en términos solamente del consumo y la exportación, o sea, suponiendo que el PBI se compusiera nada más que de estos dos rubros, por supuesto, la idea se mantiene: si crece la economía, vale decir, el PBI, estará aumentando "tanto" el consumo, "como" la exportación.

El PBI que no aumenta...

Seguramente, tantos años de estancamiento del PBI en la Argentina explican bastante bien por qué aumenta la pobreza, ya que, como la población es cada año mayor, el PBI por habitante necesariamente se reduce en el tiempo.

Esta dificultad para que el PBI aumente tal vez explicaría por qué muchas personas están convencidas del mencionado "trade-off" entre el consumo y la exportación y, en particular, explicaría también por qué el Gobierno actual pone tantas trabas para la exportación, especialmente de carne vacuna ("hay que darle de comer a tres millones de peronistas").

Sin embargo, claramente el estancamiento del PBI no es una condición que deba cumplirse inexorablemente. De hecho, en las economías del mundo crece en forma sistemática, con obvias diferencias en el ritmo entre unas y otras, y todas consumen y exportan, ¿verdad? ¿Por qué entonces la preocupación porque tres millones de peronistas se queden sin comer?

Es evidente que el PBI de la Argentina está estancado, no porque haya alguna ley económica o de otro tipo que así lo indique, sino porque los gobiernos son lo suficientemente torpes e ignorantes para "lograr" este objetivo, más allá de que nunca quedó lo suficientemente claro por qué los peronistas se reducen a tres millones, cuando los resultados electorales indican que superan esa cifra, aun siendo minoría: veinticuatro millones de votos en total, con un porcentaje de voto peronista de aproximadamente el 34%, da algo más de ocho millones de peronistas (por otra parte, tampoco es creíble que sólo los peronistas consuman carne vacuna...).

Otro mito en relación con la carne vacuna es que la exportación, al ser los precios internacionales superiores a los internos, trasladaría esos precios encareciendo el menú de los tres millones de peronistas. Ese mito se derrumba al observar que los cortes de exportación no representan la totalidad de la carne que se extrae de los vacunos. Dicho de otra forma, la exportación se orienta a los cuartos traseros y/o carne sin hueso, quedando el resto del animal para el consumo interno, con lo cual, si se exporta "mucho", también queda "mucho" para el consumo, y si se tiene en cuenta que se podría exportar a muchos países cuya población y poder adquisitivo es muy superior al nuestro, resulta claro que, por ley de oferta y demanda, la única forma de que esa enorme cantidad de carne vacuna sin exportar se consuma es... ­con precios reducidos! La extraordinaria conclusión es que exportar más significaría que los cortes de consumo interno serían más baratos, y si no parece creíble esta conclusión, echemos una ojeada a la etapa en que vendíamos carne vacuna a Europa y tomemos nota de por qué el asado de costilla se hizo tan popular: su carne está próxima al lomo del animal y era, por lo ya señalado, muy barata a la vez que sabrosa.

Los extremos se tocan

Otro "locus classicus" propone que los extremos se tocan. En el caso del consumo y la exportación, o, si se prefiere, la idea de que el PBI es inmodificable, esto se cumple entre la ortodoxia y los distintos populismos, ya que ambos se basan en la misma idea de la imposibilidad de que el PBI crezca.

Ejemplos del absurdo: En el caso de la ortodoxia, como se mencionó en párrafos anteriores y en una nota reciente, se propone la desopilante idea de que, al ser el PBI supuestamente reducido a consumo e inversión, la única forma de incrementar este último es disminuir el primero, proposición que representaría, en el caso de Biafra o Haití (junto a muchas otras economías de consumo mínimo), la directa inanición de la población, absurdo que debería llamar la atención sobre la enorme capacidad de proponer conceptos completamente ingenuos e inaplicables de la ortodoxia, que dan lugar a que se tome a la Economía y los economistas muy poco en serio muchas veces.

Por su parte, los populismos, aplicando esta vez el “trade-off” entre el consumo y la exportación, se oponen a expandir esta última para que el consumo no se reduzca, lo que provoca el resultado contrario: los ganaderos, al no poder exportar, deben entregar toda la producción al mercado interno, lo que “achata” los precios (el lomo y el asado deben venderse a precios similares, porque, en este caso, “la vaca es una sola”). Sin embargo, si, como es el caso de la soja, otras alternativas ofrecen precios más rentables, entonces “se desaloja” la producción de vacunos y en su lugar se cultiva soja, por ejemplo, lo que provoca, al principio, una avalancha de vacunos y un abaratamiento de su carne. El problema es que este envío masivo de reses reduce el stock ganadero (se faenan novillos pero también vacas madres) y cuando este se empequeñece, las entregas a la faena también son ahora menores y, nuevamente, por oferta y demanda, el precio de la carne vacuna aumenta. En conclusión, los tres millones y los demás argentinos debemos pagar la carne más cara: ¡ni consumo, ni exportación!...

Aprender economía 

Aprender economía, o aprender de los errores. Si se permite una reflexión, podría recomendarse a los economistas ortodoxos mostrar menos soberbia (“dime de qué alardeas...”) y a los populistas, aceptar que las ideas de Marx, más allá de que siempre fueron erradas, se demostró que no son aplicables y que produjeron pérdidas humanas y de todo tipo, a la vez que los populismos “del siglo XXI” ni siquiera disponen de ideas equivocadas al carecer de todo tipo de ellas.

Sin duda, es cierto que no todos disponemos de conocimientos en todas las áreas (“todos somos ignorantes, aunque de distintas cosas”, decía Einstein). Sin embargo, también todos reemplazamos nuestra ignorancia con el aprendizaje por prueba y error (no solemos meter el dedo en los tomacorrientes por segunda vez). No estaría mal, entonces, tomar nota de la infinita cantidad de errores cometidos desde hace ochenta años para empe zar a dejar de reiterarlos, ¿verdad?

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