Femicidio de Graciela Flores: el calvario que vivía la víctima antes de ser asesinada por su expareja

En la Sala IV del Tribunal de Juicio comenzó la audiencia de debate por el femicidio de Graciela Carolina Flores. Por el hecho está acusado, Mario Dardo Balverdi (49), su expareja, a quien se le imputan los delitos de homicidio doblemente calificado por el vínculo y la relación de pareja previa y por mediar violencia de género (femicidio), en concurso ideal con desobediencia judicial.

Durante el primer día de audiencia el imputado se abstuvo de declarar y, seguidamente, comparecieron ante el tribunal una hermana y un hijo de Graciela Carolina Flores. La víctima tenía cuatro hijos en común con el imputado, tres varones y una mujer (menor de edad).

En primer término habló la hermana de la damnificada. Dijo que Graciela y el acusado se conocían “de toda la vida” - eran vecinos- y que habían comenzado a convivir cuando la damnificada tenía alrededor de 17 años.

Contó que Graciela era psicopedagoga y que en diciembre de 2020 estaba trabajando en una institución ubicada cerca de la comisaría de barrio Castañares. Mencionó que su hermana se había cansado de la irresponsabilidad de Balverdi. Quería que él cambie, que deje de tomar alcohol y que colabore con la casa, porque era ella la que trabajaba y llevaba adelante la familia. La testigo manifestó que sabía que la pareja tenía problemas económicos, pero nunca imaginó que él podía lastimarla.

Graciela le comentó que le había planteado a Balverdi que ya no quería saber nada de él, que estaba cansada, mientras que el acusado siempre le respondía lo mismo: que se iba a matar.

La testigo señaló que Graciela alquilaba una vivienda en Castañares y residía ahí con sus hijos. Cuando ocurrió el hecho, Balverdi estaba viviendo en casa de sus padres.

La mujer comentó que su hermana le había dicho que trabajaría la noche del 31 de diciembre porque una compañera le había pedido que le cambiara la guardia.

Por último, la testigo señaló que su cuñado tenía prohibición de acercamiento a su hermana, pero nunca cumplía la orden.

Las amenazas, desde el 2019

A continuación declaró uno de los hijos mayores de Flores y Balverdi. Dijo que su papá se fue de la casa en diciembre de 2019 y que, a partir de ese momento, no cesaron las amenazas y el acoso hacia su mamá. Contó que el acusado se retiró del domicilio recién cuando sus tres hijos varones le exigieron que se fuera o, caso contrario, toda la familia se iría a otro sitio. Su mamá ya se lo había pedido en varias oportunidades pero él la ignoraba.

Dijo que la familia quería que se vaya porque tomaba mucho y se ponía violento con él y con sus hermanos.

Contó que Balverdi le mandaba mensajes a su mamá diciéndole que se iba a matar y que "la iba a llevar con él". Le mandaba fotos donde se veía una soga y un árbol. Sostuvo que su madre bloqueaba los números desde donde él se comunicaba y siempre cambiaba de línea, pero él conseguía su nuevo número y volvía a hostigarla. El joven hizo referencia a dos episodios puntuales en los que su padre se presentó en la casa con un cuchillo y amenazó a su madre. En una de esas ocasiones, Balverdi se encerró en una habitación ella y uno de sus hijos logró entrar para detenerlo.

El testigo dijo que después de ese episodio el hostigamiento de Balverdi recrudeció. Su mamá vivía asustada. Mencionó que él le reclamó a su papá en más de una oportunidad que cambiara de actitud, pero no le contestaba nada. Indicó que, como vivían muy cerca, el acusado siempre andaba por la zona y lo cruzaban permanentemente.

Sobre la noche del 31 de diciembre de 2020, el joven precisó que ese día estaban todos un poco desanimados porque su mamá no iba a pasar Año Nuevo con ellos. Se despidió de todos y salió de la casa como a las 20.

Sostuvo que él estaba preocupado porque esa mañana su papá había interceptado a su mamá en la calle y había querido llevársela por la fuerza al sector de los departamentos.

Cuando su mamá se retiró esa noche rumbo al trabajo, él presintió algo malo y fue a la casa de sus abuelos paternos, donde estaba viviendo el imputado. Estando ahí lo vio salir, lo saludó pero Balverdi no le contestó.

“No, no, Mario, pensá en los chicos”

Decidió regresar a su casa y ahí recibió la llamada de un amigo de su mamá que le contó, con preocupación, que acababa de llamarla y en medio de la charla ella había exclamado: “No, no, Mario, pensá en los chicos”. Y que después de eso la comunicación se cortó.

El hijo de la víctima tomó su bicicleta y condujo rápidamente por el camino que solía hacer su mamá. A una cuadra de la comisaría observó los móviles de la policía y una ambulancia. Se acercó y vio a su madre tendida en el suelo, ensangrentada. La gente que estaba reunida allí comentaba que Balverdi se había prendido fuego en la canchita, pero él no prestó mucha atención y se subió a la ambulancia para acompañar a su madre al hospital. A las 6 de la mañana le informaron que había fallecido.

Según consta en la causa, el 31 de diciembre de 2020, el acusado interceptó a su expareja en avenida Jaime Durán de barrio Campo Castañares, frente a un predio deportivo ubicado a metros de la subcomisaría. Flores se dirigía caminando a su trabajo (Hogar Niño Jesús).

Balverdi atacó a la damnificada con un arma blanca (cuchillo tipo sierrita) provocándole lesiones en distintas zonas del cuerpo, como tórax, muslo, cabeza y cuello. La víctima fue asistida por profesionales pero el 1 de enero de 2021 a la madrugada se produjo su deceso. El acusado tenía prohibición de acercarse a su expareja y de ejercer actos de violencia contra ella.

El juicio es presidido por el juez Maximiliano Troyano. Por el Ministerio Público interviene la fiscal Mónica Poma. La defensa del imputado está a cargo de Carlos Genovese. En la parte querellante interviene Liza Medrano. Está previsto que la audiencia se extienda hasta el 14 de diciembre.
 

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