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Un genio de la industria automotriz que hoy fabrica medialunas

El ingeniero Eduardo Sal-Lari fue el dueño de la última empresa argentina fabricante de automóviles en serie, de capitales 100% locales.
Domingo, 29 de enero de 2023 02:39

Su historia es fascinante. En diálogo con El Tribuno, Sal-Lari relató cómo llegó de ser "un empresario millonario a un exempresario pobre"; cómo vivió el duelo de perderlo todo y cómo en Orán encontró la paz que necesitaba para animarse a otro proyecto: de ser fabricante de autos, hoy hace medialunas y las vende puerta a puerta.

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Su historia es fascinante. En diálogo con El Tribuno, Sal-Lari relató cómo llegó de ser "un empresario millonario a un exempresario pobre"; cómo vivió el duelo de perderlo todo y cómo en Orán encontró la paz que necesitaba para animarse a otro proyecto: de ser fabricante de autos, hoy hace medialunas y las vende puerta a puerta.

El ingeniero industrial Eduardo Sal-Lari hoy tiene 82 años y, a pesar de perderlo todo, tiene un espíritu emprendedor y no deja de soñar en nuevos proyectos.

Eduardo cuenta que cuando tenía 30 años su primer suegro lo trajo hasta Los Toldos, al norte de la provincia de Salta. Tenía un campo y empezó a trabajar en explotación forestal; su vida transcurrió durante algunos años entre Orán, Los Toldos y Buenos Aires.

"Fue una experiencia muy linda vivir en aquella época en Orán. Allí se fue armando mi carácter, mi forma de ser. Fue allí donde conocí a Cacho Cosso; él trabajaba en un sistema de vivienda de construcción por sistema de ayuda mutua. Ese día dije si alguna vez dirijo una gran empresa voy a repetir esta experiencia y a través de los años lo logré".

Más tarde comenzó a fabricar amortiguadores Daher-Bogue y se trasformó en proveedor exclusivo de amortiguadores General Motors. El 100% de los Rastrojeros lo utilizaba, entre otras marcas de autos que se fabricaban en el país.

En el año 1979, con la retirada de Citroën y el cierre de sus plantas en Argentina, Sal-Lari compró la planta y por un convenio comenzó a fabricar nuevamente los 3CV, pero Citroën no le permitió usar la marca, convirtiéndose así en los IES (Industrias Eduardo SalLari), donde siguieron produciendo los 3CV.

El 2 de abril de 1982 comenzó la Guerra de Malvinas y entonces la Armada preguntó si podían venderle motores de 3CV para armar un vehículo para usarse en el conflicto en las Islas. El profesional puso la planta a disposición y solo cobró los trabajos de la fábrica, porque tenía que pagar a los empleados. "Vino un ingeniero de ellos y armamos el vehículo, pero se terminaron cuando la guerra finalizó", recordó.

"El 6 de enero de 1983 nos dieron autorización para fabricar automóviles y fue necesario un decreto presidencial para gozar de los beneficios de la ley de la industria automotriz para tener partes importadas. De todas formas el 3CV y el 'Gringo' eran vehículos ciento por ciento nacionales. La fábrica se construyó con fondos propios. En mayo se colocó la piedra fundamental y en noviembre empezaron a salir los autos terminados", aseguró.

La fábrica avanzó casi una década e incluso se construyó un barrio para los obreros donde se realizaron 300 viviendas, el barrio IES, en la localidad bonaerense de Mercedes, que actualmente sigue en pie (en ese entonces la planta tenía unos 800 operarios). "Me visitó en varias oportunidades Cacho Cosso, quien me ayudó a instrumentar esta construcción con su experiencia en Orán", recordó.

Los 3CV desde la fábrica de Mercedes fueron promovidos en el automovilismo nacional y el primero tuvo su propia categoría llamada primero "Fórmula IES 3CV", que fue un éxito a mediados de los años ochenta y que era soporte del Turismo Carretera cuando corría en autódromos.

Pero esto no quedó allí y Sal-Lari proyectó, siempre sobre la similitud del 3CV, dos vehículos nuevos y nacionales: "La Gringa", un utilitario urbano, y luego"El Gringo", una especie de Jeep moderno, para la época, carrozado totalmente en fibra de vidrio.

Pero todo se frustró; la quiebra de la fábrica fue decretada durante la presidencia de Carlos Menem incitada desde la fábrica Sevel. "No me supe defender y las personas que me tuvieron que defender lo hicieron mal", dijo Eduardo.

El Estado apostó a la importación y decretaron no dar apoyo financiero al desarrollo automotriz local. Y así desapareció la fábrica de autos, arrastrando también la fábrica de amortiguadores que se había fusionado. Así Sal-Lari lo perdió todo "No elegí terminar como terminé. Mi vida quebró."

Con el "Chueco" Fangio, amistad inquebrantable y la misma pasión

El automovilismo le permitió a Sal-Lari conocer a Juan Manuel Fangio y entablar una gran amistad. En 1958 fue a correr una carrera de 2CV en La Calera (Córdoba) con autos estándar. En esa carrera lo conoció a Fangio y luego de muchos años lo volvió a ver por medio de un amigo que se lo presentó. Él era presidente honorario de Mercedes-Benz.

  Sal-Lari y el "Chueco" Juan Manuel Fangio, amigos entrañables.

Eduardo define a Fangio como un ser excepcional; lo consideraba su segundo padre y "estoy convencido de que yo para él era casi como un hijo y me lo hizo saber", dijo Eduardo. "Me dio contactos en Europa para conseguir licencias, me acompañó a Alemania. Soy la única persona en la Argentina a la que le permitió utilizar su nombre como marca de amortiguadores JMF, Juan Manuel Fangio, para exportar a Estados Unidos", recordó Sal-Lari para graficar de alguna manera el enorme vínculo que lo unía con el "Chueco" Fangio.

"Fangio era grande; tenía como 70 años y manejaba como los dioses, con los mismos reflejos de un pibe de 20 años, a 240 km/h", recordó. Con mucha nostalgia recordó que Fangio siempre sabía cuándo estaba mal. "¿Cómo andas pibe?", le preguntaba.

Inspiradora experiencia de vida

La historia del ingeniero Eduardo Sal-Lari es totalmente inspiradora. Con 82 años y tras vivir una historia personal llena de éxitos pero también de muchos fracasos, en algunos casos desgarradores, sigue reinventándose y es, sin dudas, un gran piloto en la ruta de la vida.

Desarrolló su actividad en la década de 1980. Fabricó automóviles de bajo costo, inicialmente, derivados de modelos de la marca Citroën. Desarrolló tecnología propia, hasta obtener vehículos inéditos que tuvieron participación en el desarrollo de la industria automotriz nacional al igual que en acontecimientos deportivos que marcaron el inicio de tradicionales categorías como el TC.

Hoy, después de tantas idas y vueltas de la vida, Eduardo y su esposa Silvia aseguran que no tienen sobresaltos económicos en base a su trabajo de panadería y pastelería. Tienen dos hijos, una es ingeniera en Sistemas, vive en Berlín y el otro es ingeniero industrial que los ayudan económicamente y los respalda.

Formidable capacidad para sobrevivir a "un duelo de 28 años"

Desde ese momento estuvo en la búsqueda de un trabajo que le diera estabilidad económica a su familia. Eso lo llevó nuevamente a Orán para trabajar en la madera, pero tampoco resultó. En 2018 comenzó a asesorar a una panadería y pastelería. "Como no me gustaron cómo hacían las medialunas, empecé hacerlas yo. Saqué un préstamo, compré una máquina y aprendimos junto a mi esposa Silvia", sostuvo.

  Eduardo Junto a su esposa en plena elaboración de las medialunas.

Eduardo empezó a vender las medialunas freezadas puerta a puerta y más tarde sumaron variedad de sorrentinos. "Nos fue económicamente bien como para vivir en paz y no tener sobresaltos, por eso siempre estaré agradecido a Orán". Los jueves iba al ingenio El Tabacal, tenía una gran clientela. "No dábamos abasto y trabajamos de lunes a lunes y nunca teníamos en stock. Todas se vendían", dijo.

"En Orán conocí a Fernando Crisol y su familia. A pesar de la diferencia de edad, con esa gente hice una gran amistad, los quiero mucho. Él me dijo algo muy cierto: esta ciudad nos es tan linda, pero te dio la paz que buscaste todo este tiempo".

Después de muchos años Silvia empezó a extrañar a los hijos y la distancia era demasiada. Es por ello que hace un tiempo se radicaron en Carlos Paz, donde comenzó nuevamente con la venta puerta a puerta, pero ahora tiene local comercial en la calle Azopardo 1345. "Allí seguimos trabajando los dos solos en la elaboración de medialunas y sorrentinos", comentó Sal-Lari. A pesar de los años, hace muy poco el director de una empresa le hizo una propuesta muy interesante. "Me ofrecieron para asesorar una gran empresa y me interesaría colaborar con ellos. Si EEUU tiene un presidente de 80 años, cómo no me voy a animar", dijo sonriente Eduardo. "Siento que esto es lo que me falta antes de morir; colaborar con un proyecto me va a dar la satisfacción de dar algo importante de mí para el ser humano. Quiero terminar mi vida viviendo, porque después de la quiebra se quebró mi vida, sobreviví a un duelo de 28 años".

 

 

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