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El histórico vuelo transpolar que unió la Argentina con Australia

Hace 50 años un avión argentino unió por la ruta del Polo Sur las ciudades de Buenos Aires y Canberra.    
Domingo, 03 de diciembre de 2023 01:24

Mañana se cumplirán cincuenta años del día en que la Fuerza Aérea Argentina logró unir exitosamente las ciudades de Buenos Aires y Canberra, Australia, mediante un vuelo transpolar. Fue un hito que sirvió para que años después Aerolíneas Argentinas abriera una ruta comercial que luego abandonó en 2014.    

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Mañana se cumplirán cincuenta años del día en que la Fuerza Aérea Argentina logró unir exitosamente las ciudades de Buenos Aires y Canberra, Australia, mediante un vuelo transpolar. Fue un hito que sirvió para que años después Aerolíneas Argentinas abriera una ruta comercial que luego abandonó en 2014.    

Aquella histórica expedición fue seguida por el periodismo nacional con gran atención. En nuestro medio, El Tribuno, en su edición del 5 de diciembre informó bajo el título "Histórico viaje transpolar" "que la noche anterior había partido del aeroparque metropolitano el Hércules C-130 (TC) de la Fuerza Aérea con la misión de unir las ciudades de Buenos Aires y Canberra, (Australia)".

Ese vuelo transpolar antártico, encabezado por el comandante general de la Fuerza Aérea, brigadier general Héctor Fautario, fue despedido con una ceremonia que presidió el entonces ministro de Defensa, Ángel Federico Robledo. Se recalcó en la ocasión "que la misión tenía un doble propósito: afirmar la soberanía argentina sobre el sector antártico y demostrar con este vuelo, la posibilidad de abrir una ruta aérea para el tráfico civil y comercial, que resulta aproximadamente un 50 por ciento más corta que la que lleva actualmente a Australia vía San Francisco (EEUU) y Hawái, como así también hacia países de Oriente".

El 6 de diciembre, El Tribuno anunció según la agencia NA, que a las tres de la mañana el avión Hércules había arribado a la base antártica "Vicecomodoro Marambio", luego de recorrer 3.302 kilómetros en seis horas, bajo condiciones atmosféricas excelentes. La información agregaba que en Marambio la nave permanecería hasta la 7 de la mañana cuando, luego de reaprovisionarse, partiría rumbo al Polo Sur cumpliendo la segunda y última etapa de 8.893 kilómetros hasta alcanzar la ciudad de Camberra.

Y así fue que de acuerdo a lo programado, a la 7 de la mañana del 5 de diciembre, el Hércules pudo despegar de Marambio gracias a la ayuda de cohetes impulsores especiales que se debieron accionar por la total ausencia de vientos. Estos impulsores denominados "jatos", habían sido acondicionados al fuselaje de la máquina en los talleres de El Palomar.

Ya sobre el mar de Wedell, la máquina sobrevoló el rompehielos "Gral. San Martín" que por esos días operaba en esa área. A las 12.09 alcanzó el Polo Sur volando a 8.200 metros de altura, con una temperatura de 49° bajo cero y a una velocidad crucero de 550 kilómetros por hora. Casi siete horas más tarde, el aparato por fin logró abandonar la zona antártica para proseguir su vuelo sobre las aguas del océano Pacífico.

La información de aquel 5 de diciembre concluía brindando detalles sobre cómo sería el viaje de regreso: "Desde la ciudad de Camberra -decía el informe oficial- el Hércules C-130 viajará a Wellington, capital de Nueva Zelandia, y desde allí regresaría a Buenos Aires haciendo una escala técnica en la base Marambio".

En Canberra

Siguiendo los servicios brindados por la agencia NA, El Tribuno continuó informando que "el Hércules argentino había aterrizado en el aeropuerto internacional de Canberra, capital de Australia, a las 0.44 del 6 de diciembre, concretándose de esta forma, el primer vuelo transatlántico internacional. La tripulación de la nave Argentina -proseguía el cable- fue recibida por representantes del gobierno y de la Fuerza Aérea de Australia, que había previsto un operativo para brindar apoyo logístico al avión en la última etapa de su viaje".

La distancia que había cubierto el Hércules C-130 desde Buenos Aires a Canberra era de 12.200 kilómetros, viaje que había cubierto en 23 horas y haciendo una única escala técnica en la base Comodoro Marambio, en el Sector Antártico Argentino.

El regreso

Según lo informado días antes, la nave argentina debía hacer el viaje de retorno volando desde Canberra hasta la capital neocelandesa de Wellington, sin embargo ese plan fue desechado y el Hércules aterrizó en el aeropuerto de Chistechurch de Nueva Zelanda el 7 de diciembre cuando eran las 0.51. En esa ciudad, el comandante de la misión, brigadier general Héctor Fautario, informó que la nave emprendería su viaje de regreso a Buenos Aires, el lunes 9 de diciembre haciendo una escala técnica en la base Marambio.

Por su parte en Buenos Aires, se anunció que dado el éxito de la misión, en el aeroparque metropolitano la máquina sería aguardada por el presidente de la Nación, general Juan Domingo Perón, su esposa, el ministro de Defensa y autoridades civiles y militares. Y agregaba un informe oficial que "Una escuadrilla de aviones Mirage de la Fuerza Aérea saldrá al encuentro del Hércules cuando éste se aproxime a destino y lo escoltará".

El arribo

El 10 de diciembre y a seis días de su partida, el gigantesco avión Hércules de la Fuerza Aérea Argentina (matrícula TC Tango Charlie) 66, aterrizó a las 11.21 en la plataforma militar del aeroparque de la ciudad de Buenos Aires. De esta forma se completaba con éxito el doble vuelo transpolar que demostraba en los hechos que las rutas aéreas entre Sudamérica y Oriente podían acortarse en un 50 por ciento con relación a los viajes convencionales que se hacían por entonces.

Tres un corto carreteo, la máquina se detuvo frente a una formación de 120 hombres de la compañía de la Policía Militar, formados para rendir los honores de práctica. Aun no se habían detenido los motores cuando el presidente Perón en compañía de los comandantes de las tres fuerzas armadas, se desplazó hacia la escalerilla de la máquina donde personalmente saludó a cada uno de los miembros de la tripulación. Luego de observar que en la cola del Hércules se habían pintado un canguro y un kiwi (ave nacional neocelandeza), se dirigió en compañía de los expedicionarios hasta el casino de la base militar, donde se sirvió un vino de honor. En esa recepción, el presidente Perón resaltó el valor de la misión aérea señalando que "constituye un eslabón más en el camino ascendente de la Fuerza Aérea, que seguramente servirá de estímulo para la concreción de otros hechos trascendentes, a la vez que nos enorgullece a todos los argentinos. Más adelante subrayó el valor histórico de la hazaña realizada por los tripulantes del Hércules, "quienes demostraron -dijo- poseer el temple y la capacidad profesional necesaria para una empresa de esta envergadura".

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