inicia sesión o regístrate.
A los 16 años, Lautaro Plaza Dellmans ya entendió que el karate es mucho más que un deporte. Es disciplina, constancia y carácter. Es entrenar cuando no hay ganas y sostener el objetivo incluso cuando la presión pesa más que el cuerpo.
El joven salteño fue uno de los 14 atletas convocados —siete mujeres y siete varones— a una concentración en el CeNARD, donde comenzó la preparación rumbo a los Juegos Sudamericanos Juveniles que se disputarán del 20 al 26 de abril en Panamá. Es el único representante de la provincia en ese grupo selecto.
"El campus fue para prepararnos para lo que viene en el año y evaluar cómo estamos en esta pretemporada", cuenta. Su meta es clara: clasificar a los Juegos y volver a cerrar la temporada en lo más alto del ranking nacional, tal como lo hizo en 2025.
El desafío no es menor. Su categoría natural es hasta 55 kilos, pero fue convocado para pelear el lugar en hasta 61. "La diferencia de peso es notoria, sobre todo en altura y fuerza, pero siento que tengo más velocidad que otros competidores", explica con serenidad. La apuesta del cuerpo técnico es una muestra de confianza.
Su recorrido competitivo empezó fuerte: en 2024 terminó segundo en el ranking nacional y en 2025 se quedó con el primer puesto tras ganar la mayoría de los torneos. Ahora quiere sostener esa regularidad en una temporada cargada de compromisos: Juegos Odesur, Sudamericano, Panamericano y la posibilidad latente de un Mundial.
El karate apareció en su vida casi por casualidad. Hace seis años, junto a un amigo y motivado por la curiosidad que despertaron algunas series, decidió probar. Antes había practicado defensa personal, pero el dojo Samurai de la Sociedad Española —guiado por el sensei Rolando Caliba— terminó de marcar su camino. Allí se formó y allí continúa.
Como en toda disciplina marcial, el proceso fue paciente. Durante mucho tiempo trabajó formas y bases antes de enfocarse de lleno en el combate. "Es agarrarle gusto y después entrenar con disciplina", resume. Hoy cursa el cinturón marrón —segunda fase— y el negro aparece en el horizonte como uno de sus grandes objetivos.
Su rutina no admite excusas: dos sesiones diarias de karate más gimnasio. "Es pesado, pero si te gusta se puede", dice. En esa frase hay una síntesis de su filosofía.
En 2025 vivió su primera experiencia internacional en el Panamericano de Asunción, donde terminó séptimo. Quedó a un paso de las semifinales, pero la experiencia le dejó algo más valioso que una medalla: confianza. "Me sentí bien en mi primera competencia internacional. Esta concentración en el CeNARD me dio todavía más seguridad", asegura.
Esa seguridad no llegó sola. Lautaro reconoce que el aspecto mental fue uno de los puntos que más le costó trabajar. El acompañamiento de sus padres, amigos y entrenadores resultó clave. "Tenés que creer vos mismo que podés hacerlo", afirma con una convicción que no parece propia de su edad.
Criado en La Caldera y actualmente radicado en el Huaico, encuentra en su familia el sostén indispensable. "Sin mi mamá y mi papá no podría hacer esto. Son mi apoyo emocional y también económico", reconoce. El esfuerzo que implica competir a nivel nacional e internacional no es menor, aunque hoy cuenta con el respaldo de una beca deportiva otorgada por el Concejo Deliberante de Salta.
El calendario inmediato marca una parada clave: del 10 al 13 de abril competirá en el Nacional de Mar del Plata, primer gran objetivo del año. Será la medida para confirmar que está listo para lo que viene. Pero más allá de medallas y rankings, cuando se le pregunta qué busca en el karate, no habla de títulos. Habla de disciplina. "Es lo que más noté desde que empecé. Más que el físico, busco ser disciplinado".
En esa búsqueda constante, Lautaro pelea cada día. Contra rivales más pesados, contra la presión y contra sus propios límites. Y en esa pelea silenciosa, ya empieza a ganar.