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Delcy Rodríguez asumió el mando de Venezuela tras la captura del exdictador Nicolás Maduro, en un contexto marcado por la incertidumbre política, el monitoreo de la comunidad internacional y la expectativa sobre el rumbo que tomará la transición inicial. Figura central del chavismo en la última década, su llegada al frente del proceso de reorganización institucional abre una etapa definida por la tensión entre la continuidad del modelo y la posibilidad de acuerdos que permitan encauzar una salida ordenada a la crisis.
Rodríguez, de 56 años, es una de las dirigentes con mayor conocimiento del funcionamiento interno del Estado venezolano. Su recorrido por los principales cargos del Ejecutivo le otorgó una ascendencia directa sobre los altos mandos militares y los organismos de seguridad, además de una influencia sostenida en las decisiones estratégicas del régimen. Esta acumulación de poder la posicionó como una de las pocas figuras capaces de garantizar gobernabilidad en el corto plazo tras la caída de Maduro.
Rodríguez cooperará con Estados Unidos
En los primeros pronunciamientos tras la sucesión, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostuvo que la dirigente chavista manifestó disposición a cooperar con Washington en una eventual transición ordenada. No obstante, advirtió que esa apertura deberá traducirse en hechos concretos y que, de no cumplirse, su administración no descarta una nueva escalada de presión, incluida una eventual “segunda ola de ataques”.
En la misma línea, el secretario de Estado Marco Rubio afirmó que Estados Unidos está dispuesto a colaborar con las actuales autoridades venezolanas si adoptan “las decisiones adecuadas”. En declaraciones públicas, remarcó que la Casa Blanca evaluará cada paso de la nueva conducción y diferenció a Rodríguez de Maduro, a quien describió como un dirigente con el que “nunca se pudo trabajar” por su incumplimiento sistemático de acuerdos.
Trayectoria política de Delcy Rodríguez
La trayectoria política de Rodríguez combina una adhesión explícita a los principios del chavismo con una capacidad de diálogo que, en determinados momentos, la acercó a sectores empresariales e inversores extranjeros. Abogada, hija de un militante marxista y formada en derecho laboral en Francia y el Reino Unido, comenzó a escalar en el poder tras la llegada de Maduro a la presidencia en 2013.
Su primer cargo relevante fue el de ministra de Comunicación, para luego convertirse en la primera mujer en ocupar la Cancillería venezolana. Con el paso de los años, su peso político se consolidó: en 2018 fue designada vicepresidenta del régimen y asumió el control del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), uno de los pilares del aparato de seguridad del Estado. Dos años después, sumó la cartera de Economía, desde donde impulsó contactos con el sector privado en medio de la crisis financiera.
El entramado familiar también refuerza su influencia. Su hermano, Jorge Rodríguez, preside el Parlamento chavista y fue uno de los principales negociadores en los frustrados diálogos con la oposición, lo que le permitió a Delcy mantener un canal indirecto con distintos actores políticos internos.
A nivel internacional, Rodríguez enfrenta un escenario complejo. Fue sancionada por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea por su rol en la supervisión de la represión contra la disidencia y por su cercanía con las decisiones más duras del régimen. Pese a ello, se mantuvo leal al poder y sostuvo una postura confrontativa frente a los organismos internacionales que denunciaron violaciones a los derechos humanos en Venezuela.