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13 de Enero,  Salta, Centro, Argentina
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Río Rosario peligroso: la cuenca crece sin control y la única obra, falló

Con la obra de CEOSA inutilizada y una cuenca alta sin monitoreo, las lluvias ponen al río al borde del colapso. Más de 100 mm de precipitaciones en 45 minutos ya demostraron que el sistema falló.
Martes, 13 de enero de 2026 01:58
El río Rosario muestra cómo avanza sobre la ribera.
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Las nuevas lluvias pronosticadas vuelven a encender una alarma que en Rosario de Lerma, y La Merced, nunca se apaga del todo: el río Rosario y su cuenca alta siguen sin monitoreo efectivo, sin control permanente y sin un plan serio de manejo hídrico. Lo ocurrido el miércoles pasado, con más de 100 milímetros caídos en apenas 45 minutos, no fue un hecho aislado ni imprevisible. Fue la consecuencia directa de una cuenca desatendida y de decisiones u omisiones que se arrastran desde hace años.

El problema no comienza en las localidades perjudicadas. Nace en las altas cumbres, en los ríos de montaña. El río Toro, que luego se transforma en río Rosario y más adelante en La Florida, arrastra enormes volúmenes de agua cuando llueve en la zona de Campo Quijano y sectores elevados. A ese caudal se suman arroyos secundarios y, finalmente, el río Corralito. Todo ese sistema desemboca sin control, sin alertas tempranas y sin una supervisión constante por parte del Estado.

Afecta a los barrios de Rosario de Lerma

El miércoles quedó en evidencia cómo un solo brazo del río, desviado por viejos descartes de áridos y modificaciones no controladas del cauce, fue suficiente para ingresar a barrios de Rosario de Lerma.

En la zona de Islas Malvinas, al oeste de esta ciudad, donde confluyen el río Rosario y el Corralito, el agua golpeó, retrocedió unos metros y volvió a entrar con fuerza hacia sectores poblados, alcanzando áreas cercanas a barrios periféricos, y zonas bajas que descargan hacia el viejo camino a Las Peras y la ruta 36. El resultado fue el ya conocido: calles convertidas en canales, barrios aislados y pérdidas materiales incalculables.

No hay controles visibles

La pregunta es inevitable: ¿alguien monitorea hoy el comportamiento del río Rosario en su cuenca alta? La respuesta, a la vista de los hechos, es no. No hay controles visibles, no hay seguimiento en tiempo real y no hay sanciones para quienes alteran cursos de agua o mantienen descartes que funcionan como diques improvisados y peligrosos.

En este contexto, la obra del canal de CEOSA merece un capítulo aparte. Presentada en su momento como una solución estructural de gran escala, incluso promocionada como una de las mayores obras de la región en el gobierno del exgobernador Urtubey, hoy es señalada por técnicos y vecinos como un fracaso. Lejos de resolver el problema, el viejo canal colapsó y desbordó. Solo la existencia de un canal paralelo construido por el municipio rosarino evitó un desastre aún mayor.

Según múltiples antecedentes públicos y denuncias reiteradas, la obra no solo resultó ineficiente, sino que terminó generando nuevos puntos de conflicto hidráulico. Una obra costosa que, en la práctica, aporta más problemas que soluciones.

Una falla institucional

Lo que ocurre en Rosario de Lerma, La Merced, o Cerrillos no es una tragedia natural. Es una falla institucional sostenida en el tiempo. La falta de monitoreo del río Rosario y de sus afluentes, el abandono de las cuencas altas y la persistencia de obras mal diseñadas o mal mantenidas conforman una combinación peligrosa que se activa cada vez que llueve fuerte.

El Valle de Lerma es una región estudiada, diagnosticada y conocida. Se sabe por dónde baja el agua, dónde se acumula y qué zonas están en riesgo. No se trata de lluvias extraordinarias ni de fenómenos imprevisibles.

Si las precipitaciones continúan, como indica el pronóstico, el escenario puede repetirse en cuestión de horas. El agua volverá a buscar su camino histórico, sin respetar límites administrativos ni discursos oficiales. La diferencia entre una crecida controlada y una inundación devastadora no está en el clima, sino en las decisiones políticas. Y esas decisiones, hasta ahora, siguen llegando siempre tarde.

 

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