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Luciano Benavides, flamante campeón del Rally Dakar, fue recibido por una multitud de fanáticos en el microestadio Delmi, donde compartió su emoción y repasó el largo camino que lo llevó a consagrarse en la competencia más exigente del mundo, en una definición histórica que se resolvió por apenas dos segundos.El campeón estuvo acompañado por su hermano Kevin, quien se alzó con el trofeo del Dakar en dos oportunidades.
“Lo peleé durante nueve años y nadie me va a quitar ese récord. Cuando me enteré que había ganado fue el momento más feliz de mi vida”, expresó el piloto salteño ante la prensa, visiblemente conmovido por el reconocimiento de su gente, que se acercó pese a la lluvia para saludarlo.
El motociclista recordó los años de esfuerzo, caídas y frustraciones hasta alcanzar el objetivo soñado. “Todos los años la peleé y no se me daba. Por eso quiero agradecer a todos los salteños que me esperaron. Para mí es lo más grande que podía vivir como piloto”, afirmó.
Benavides destacó que la victoria se dio tal como la había imaginado y subrayó la imprevisibilidad que caracteriza al Dakar, donde cada segundo cuenta. “Se dio tal cual quería, era mi sueño. En un Dakar puede pasar cualquier cosa. Yo lo veía venir desde el otro lado, llegar y esperar ese momento”, relató, al describir la tensión de una definición ajustadísima que terminó consagrándolo por apenas dos segundos de diferencia.
Uno de los instantes más significativos, según contó, fue la ceremonia en el podio. “El momento del himno es el más importante de mi carrera, lo que se siente ahí arriba es único”, sostuvo.
Finalmente, el campeón reconoció el desgaste físico tras semanas de competencia y el viaje de regreso. “Ahora tengo que recuperarme. Vengo sin dormir desde hace dos días”, concluyó, antes de recibir un nuevo y prolongado aplauso de los presentes.