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30 de Marzo,  Salta, Centro, Argentina
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La curiosa historia de la isla Decepción en la Antártida

Lunes, 30 de marzo de 2026 00:28

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Hace 50 años el diario El Tribuno publicaba en sus páginas que el autor de esta nota había formado parte de una expedición a la Antártida y que en su condición de miembro del "Club Amigos de la Montaña de Salta" (CAM) había escalado un pico volcánico cumpliendo con todas las reglas del arte montañero. Efectivamente se trataba del Monte Goyena en la toponimia argentina o Monte Kirkwood en la toponimia inglesa, que es parte de uno de los relieves volcánicos principales de la isla Decepción. A la distancia el hecho cobra relevancia por varios motivos. Y no solo tiene que ver con la causalidad o casualidad de los aniversarios sino con otras cuestiones del continente blanco.

Todo comienza a principios de la década de 1970 cuando se crea el "Programa Vulcantar" para el estudio del volcanismo antártico el cual fue liderado por los doctores Néstor H. Fourcade (1921-2023) del Instituto Antártico Argentino y José G. Viramonte de la Universidad Nacional de Salta y el CONICET. Se puso foco en un volcán activo como es la isla Decepción en las Shetland del Sur, península Antártica.

Una caldera excepcional 

La isla Decepción está considerada como una de las calderas volcánicas activas más importantes del mundo, comparable a Krakatoa o Santorini. Se encuentra emplazada en el océano antártico en una zona de subducción activa de placas. Fourcade, que falleció a los 102 años, pasó gran parte de su vida en la Antártida y era un enamorado de la geología de la isla Decepción. Estudió las erupciones que se sucedieron allí en 1967, 1969 y 1970. Esas erupciones cambiaron el mapa de la isla, crearon nuevos islotes y cráteres, activaron fumarolas, regaron de material volcánico negro los glaciares, destruyeron las bases chilena y británica, afectaron la vieja base ballenera noruega, entre un sinfín de cambios fisiográficos.

Fourcade quería que la Argentina se involucrara en esos estudios volcanológicos. Fue así como Salta participó activamente y por varias décadas hubo misiones a la Antártida en las campañas de verano. Entre los científicos antárticos pioneros por Salta, además de J. G. Viramonte, se encontraban Anton), Ricardoábal (f), Ricardo H. Omarini (f), Ricardo J. Sureda (f), Felipe Rivelli y Miguel A. Galliski, entre otros.

La invitación a estudiantes hizo que el suscripto fuera seleccionado en la campaña de verano de 1976. Ese año participaron también el entonces estudiante Juan A. Meregaglia y el Geól. Marcelo Brandán. Pero lo que iba a marcar un hito fue la invitación a científicos extranjeros por parte del gobierno argentino. Viramonte había realizado estudios post universitarios en la Universidad Complutense de Madrid con especial dedicación a investigaciones sobre el volcanismo de las islas Canarias y de América Central. Allí estableció relaciones académicas con prominentes científicos españoles como José María Fuster Casas (1923-2000) y con el vulcanólogo Vicente Araña Saavedra. La invitación a los españoles recayó en el Dr. Francisco Anguita Virella que precisamente había realizado su tesis sobre el vulcanismo de las islas Canarias. El punto es que Anguita se unió a la expedición Vulcantar a comienzos de enero de 1976

Sin víveres, y en el hielo 

Todo el equipo científico, víveres y equipamiento fueron despachados en el aviso "ARA Zapiola" mientras el grupo Vulcantar voló en un Hércules C130 de la Fuerza Aérea hasta Ushuaia y desde allí se embarcaría en el transporte "Bahía Paraíso" a la Antártida. Mientras se cumplía con la navegación, cruzando el siempre convulsionado mar de Drake, en donde juntan sus aguas los océanos Pacífico, Atlántico y Antártico, el aviso ARA Zapiola naufragó en el estrecho Morton. El capitán había querido ahorrar tres horas de navegación y trató de sortear un lugar con afiladas rocas submarinas que le abrieron 80 tajos al casco según me supo contar el buzo táctico que estuvo allí. Para evitar que fuera saqueado o reclamado por la "ley del mar" el barco fue dinamitado con toda su carga. Allí hubo que tomar una determinación que era o continuar la navegación antártica y regresar a Ushuaia o bien bajar en Decepción a riesgo propio. El punto es que se decidió bajar a la isla con equipaje de mano y unos pocos víveres.

La base argentina estaba deshabitada desde la campaña anterior. Por tanto, había que poner en funcionamiento la calefacción, habilitar el pozo de agua dulce, aprovechar víveres no perecederos, descartar víveres vencidos, entre otros menesteres. Además del grupo científico contábamos con dos ayudantes de la marina.

Una maravilla geológica 

La isla Decepción es una caldera volcánica que colapsó unos diez mil años atrás. Antes hubo allí un gran volcán que se formó en los últimos 200 mil años. El volcán se hundió en sí mismo al no soportar el peso sobre la cámara magmática.

Los magmas ascendieron desde unos 20 km de profundidad, desde el manto o bien desde el límite entre la corteza y el manto. Hoy la isla tiene forma de herradura con un anillo de 15 km de diámetro y está rota en uno de sus bordes llamado los "Fuelles de Neptuno".

Por allí el mar ingresó y formó un estanque interior de unos 10 km de ancho conocido como "Puerto Foster", una delicia para los navegantes por sus aguas calmas que alcanzan los 190 m de profundidad.

La misión Vulcantar tenía el objetivo de recopilar información sobre la evolución volcánica de la isla, la variación en la temperatura de las fumarolas, la formación de minerales por sublimación, recolección de muestras de lavas y cenizas, entre otros asuntos. También el análisis de la estratigrafía glaciaria, ya que las cenizas volcánicas que caen sobre el hielo quedan incorporadas a los glaciares y se las puede ver intercaladas donde esos glaciares rompen en el mar. Uno de los divertimentos era ver quien encontraba el hielo más antiguo para sacar trozos y agregarlos al whisky. Se encontraban hermosos ejemplos de un hielo fósil de intenso color azul.

Había lugares en la isla donde las aguas del mar se calentaban hasta el hervor. La vida marina moría allí y los pingüinos salían con las patas llagadas. El vapor en la arena de las playas formaba una cortina y un baño turco natural.

Decepción es el único lugar de la Antártida donde es posible bañarse. Todos visitaban ese lugar. Allí estuvo Jacques-Yves Cousteau (1910-1997) con su barco "Calypso" y allí perdió a uno de sus hombres, el paleontólogo Michel Laval (f. 1972), cuando la hélice del helicóptero le partió la cabeza. Un monolito recordaba el incidente. Decepción atrae también por su variada fauna y una flora muy particular de musgos, líquenes y - rarísimo - hasta una especie de clavel.

Desde la base Argentina había una vista al Monte Goyena o Kirkwood, un pico volcánico que se eleva 452 m sobre el nivel del mar y está rodeado por glaciares que bajan desde la cumbre hasta el océano. Se dice que el topónimo inglés hace referencia a Harry Kirkwood (1910-1977), capitán del buque que participó en la expedición antártica liderada por el explorador británico Vivian Fuchs (1908-99) y en la que también participó el renombrado Edmund Hillary (1919-2008), el conquistador del Everest. Ello ocurrió y fue parte de las actividades llevadas a cabo durante el célebre "Año Geofísico Internacional" (1957-1958).

El doctor Anguita pensó que era una buena idea subir el monte Goyena o Kirkwood. Se planificó la ruta, se preparó un testimonio de cumbre y se hizo un primer intento el domingo 18 de enero de 1976 que resultó fallido. El siguiente domingo 25 se avanzó por un glaciar que llegaba hasta el mar y luego de una pesada marcha se alcanzó la cumbre del Goyena dejando constancia del ascenso y regresando al campamento base por un filo del monte Irizar, lugar de nuestro primer intento de escalada.

Uno de los tantos problemas fue la acumulación de nieve fresca que ocultaba algunas grietas profundas de los glaciares que se desprendían del pico volcánico. Hubo percances, pero fueron superados con suerte y energía. La excelente vestimenta antártica ayudó a superar el frío y a sortear la abundante nieve que en algunos lugares llegaba hasta las rodillas. De todo ello quedó constancia fotográfica y el testimonio publicado oportunamente gracias a la crónica que escribiera el periodista Roberto G. Vitry (f. 2021), entonces presidente del CAM.

El periodista e historiador Luis A. Borelli descubrió la nota y la publicó en las efemérides de su quincuagenario. El CAM se hizo eco a través de su presidente Dr. Carlo Clerici y lo publicó en su página de internet destacando la coincidencia de aniversarios de la fundación del CAM en 1956, los 20 años de esa ascensión antártica de 1976 y el actual 70° aniversario de 2026. Más allá de estas felices coincidencias y aniversarios no deja de ser importante señalar que el Dr. Francisco Anguita Virella, prestigioso académico y científico español hoy retirado, fue el primer español en llegar a la Antártida invitado por Argentina a permanecer en nuestra base. Luego se sumarían decenas de otros científicos españoles en cada campaña antártica.

España decidió en 1989 construir su propia base en la isla Decepción a la que bautizó como: Base Antártica Española "Gabriel de Castilla". Lleva el nombre del almirante español Gabriel de Castilla (aprox. 1577-1625) que alcanzó las Shetland del Sur en 1603. Cada dato, escrito o fotografía suma al genuino corpus documental de nuestro país para sostener la soberanía sobre aquellos remotos territorios polares de acuerdo con la ley y el espíritu del Tratado Antártico.

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