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La tarde cayó con un clima distinto al de cualquier jornada de verano. En la explanada del Departamento Central de Policía, el murmullo de los chicos esperando su turno se mezcló con risas, aplausos y la ansiedad propia de un ritual que, año tras año, renueva su sentido. Así se cerró la Navidad Azul, una propuesta que volvió a elegir el lenguaje más simple y efectivo: el de la cercanía con la comunidad.
La llegada de los Reyes Magos fue el momento más esperado. Sin estridencias ni discursos extensos, la escena se construyó a partir de un gesto directo y emotivo: la entrega de regalos a los niños que asistieron junto a sus familias. Cada obsequio se convirtió en un recuerdo tangible de una tarde de lunes distinta, pensada desde lo simbólico y lo afectivo, en un espacio público resignificado para el encuentro, la Plaza Belgrano.
El escenario también aportó su propia narrativa. La Banda de Música Santa Cecilia acompañó la celebración con un repertorio festivo, mientras que la Batucada de Los Pitufos sumó ritmo y color a un cierre que invitó a quedarse un poco más. La música en vivo no fue un simple acompañamiento: funcionó como un hilo conductor que mantuvo unidos a chicos y grandes durante toda la jornada.
El evento contó con la presencia del jefe de Policía, Diego Bustos, acompañado por integrantes de la Jefatura Mayor Policial, quienes compartieron la actividad junto a vecinos y familias. La escena transmitió un mensaje claro: abrir las puertas, ocupar el espacio común y generar instancias de vínculo social más allá de lo institucional.
De este modo, la Navidad Azul cerró su calendario con una postal que se repite, pero no se desgasta. Así, entre luces, música y juguetes, la Policía de Salta bajó el telón de sus festividades navideñas, recordando que detrás de cada uniforme hay una comunidad que elige, al menos por una tarde, creer en la magia.