La Argentina financiera es volátil. La coyuntura de la divisa, desde que se instalaron las restricciones para la compra y venta de dólares oficiales, no deja de modificarse. En esa situación fluctuante, el Gobierno recurre a la táctica financiera de enfriar el billete verde. Se analizó que si el billete verde bajó $ 1,08 en cinco días y quedó estable en torno a $9, es posible redoblar las expectativas positivas. Los operadores de la City porteña no sitúan así el problema. Observan que la divisa no está ni cerca de los $6,50 que el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno exigió a las casas de cambio días atrás. Redoblando la apuesta el Gobierno espera que siga bajando hasta llegar a $7,50 u $8 en octubre, con muy pocas operaciones y tras tres meses de blanqueo.

Al mismo tiempo, se bajó al mínimo la actividad de las “cuevas” que venden moneda extranjera. Ahí están los controles por parte de la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip), situación que se advirtió durante toda la semana.

La vigilancia en el corazón del sistema del dólar libre fue muy persistente. Los operativos tuvieron el fin de “sitiar” literalmente al tipo de cambio para que no siga escalando, en principio, más allá de $10.

El conjunto de medidas que aplica el Gobierno es un abanico duro para bajar el “blue”y recuperar reservas del Banco Central.
El control no sólo es fiscalizar a las “cuevas”, sino enviar un mensaje explícito de que el peso goza de fortaleza. Esta señal mejoraría las expectativas económicas de cara a las elecciones, razona el equipo económico.

Se trata de lograr que el blanqueo de capital se haga sin la temperatura alcista del billete libre y acumular nuevas reservas por valor, mínimamente, de US$ 4.000 millones. El resultado que se busca es toda un albur coyuntural, financiero y de política monetaria para salvar el valor del peso.

El match que tiene el Banco Central

En el Central hay varios búnkers. Uno es el del monitoreo a las “cuevas”. Tiene trabajo febril.

La mesa de control funciona día a día. Los técnicos del Central usan un cronograma de liquidaciones de los exportadores y hasta los llaman por teléfono para asegurarse de que los dólares lleguen a donde tienen que llegar: al mercado oficial.

Existe también una mesa de fiscalización pertinaz a las “cuevas” emplazadas en el microcentro porteño para formar el precio del libre, según la oferta y la demanda.

En otra de las mesas del Central están los monitores superactivados para rastrear bancos. Se les pide a las entidades financieras que ajusten la tasa que pagan por los depósitos de más de un millón de pesos, la Badlar, que ya roza el 20%. Cuanto más suben los bancos las tasas, más atrayentes resultan los depósitos para los ahorristas que, hasta ahora, sólo tenían ojos para el dólar paralelo.

Mientras tanto, en otra mesa del Central, piensan si se autorizaría a las provincias a endeudarse. Si usarían títulos que se ajusten por la cotización del dólar oficial. No falta el trabajo en el match del Central vs. el dólar.

 

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