Nelly Murga (1943 - 2020): Empresaria, soñadora y elegante

Ni el obligado encierro de estos días ni la pandemia ni el temor que a diario nos envuelve fueron capaces de frenar el vuelo de su ilusión: la Feria del Libro de Autores de Salta. Nelly Murga ya estaba pensando en la trigésima edición, que este año se haría en forma virtual debido a la situación.

Seguramente, esbozó los primeros borradores que alternaba con finos detalles, propios de su elegancia.

Nelly que el lunes partió dejando un vacío y un desconsuelo incontenible entre quienes la conocieron, decía: “El tiempo transcurrido desde la primera feria, inaugurada en Cafayate el 20 de julio de 1990, me inspira para poner en la balanza los cambios y permanencias que se hizo y que queda por hacer en el marco de las limitaciones de tiempo, espacio y recurso”.

Salta también notará su ausencia, recordará la lentitud de sus pasos recorriendo las calles de la ciudad que tanto amó. Esa dedicación no le impidió conocer otros mundos, países deslumbrantes, pero sus ojos volvían una y otra vez a su querido Cafayate.

Hace 29 años que la Feria del Libro de Autores de Salta recorre el camino de los juglares, itinerantes soñadores que iban de un lugar a otro, sin detenerse, intentando que otros se sumen a ese espiral de desafíos.

Nelly Murga asumió el compromiso, como una propuesta personal, pero la desarrolló con su visión soñadora, tratando de que otros la acompañen, contagiándose de esa pasión.

Entre sus principios siempre destacó: “No pretendemos reemplazar las políticas de Estado, la escuela, la familia. Solamente tendemos a coadyuvar nuestras acciones para tender a un mundo mejor”.

El sueño empezó en Cafayate, en qué otro lugar podría ser. Allí, las noches junto a la bodega eran un amanecer sin prisa, plenos de creatividad. Largas noches, junto a Ariel Petrocelli, Jorge Díaz Bavio, homenajes al “Cuchi” Leguizamón, Juan Carlos Dávalos, concursos sobre los pesebres de la zona, conciertos, muestras de cuadros, reconocimiento a poetas como Carola Briones, la biblioteca de Cafayate, ofreciendo a los visitantes, la historia de un pueblo lleno de poesía. Fueron tantas las obras, que siempre estarán en el recuerdo.

Madre compañera, abuela cariñosa, bisabuela atenta, empresaria exitosa y defensora a ultranza de los derechos del sector vitivinícola, itinerante de la cultura, mecenas de muchos escritores, creativa, solidaria y sobre todo amiga, en el mejor sentido de la palabra.

“Hermoso y bendecido día”, escribía en WhatsApp a sus amigos, todas las mañanas, aquellos que compartían esos momentos, plenos de fuego poético, explosivo en la amistad franca, tiernos en la madura complicidad. “Me rebelo a este obligado encierro, porque me impidió compartir esos momentos subordinados a la alegría de los preparativos de la próxima feria del libro”. Nelly, le prometo, la trigésima feria se hará y en ella sobrevolará su imagen corrigiendo los últimos detalles. El más mínimo, estará bajo su control y sus “huérfanos” de la cultura llorarán en silencio.

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