Gabriel Rolón: “El amor que vale es el que sostiene la dignidad plena”

 


Marita Simón 
El Tribuno

Rolón tuvo un marcado éxito con esta presentación en teatros, y con nuevos matices esta propuesta tiene mucho de divertido y también de liberador. El Tribuno mantuvo una charla con el experto para abordar su mirada sobre el amor y las pasiones.
En vista que se unen el psicoanalista con la escritora para “armar un trío” con el espectador, ¿cómo será la mecánica de este particular encuentro virtual con la gente?
Como lo describiste, es el encuentro entre dos miradas acerca del amor. La de una escritora que piensa mundos poéticos llenos de pasión y romanticismo y la de un analista que convive en su consultorio con el sufrimiento que en ocasiones genera el amor. ¿De qué se trata el amor? ¿ De qué la pasión? ¿Son lo mismo? ¿Qué papel juegan los celos? ¿Y la fidelidad? Junto a Cynthia vamos a acercarnos también al amor en los tiempos que corren. Con todos los condimentos sobre la mesa veremos hacia dónde nos llevan nuestras reflexiones.
El tema central es el amor. Y como compartís en este caso la computadora con tu esposa Cynthia (hasta ahora era un escenario), ¿la charla y la mirada al respecto es igual entre ustedes, o hay divergencias a partir de los mensajes del público?
Cynthia y yo pensamos el amor de modo diferente. Por suerte, se puede disentir y amar al mismo tiempo. Durante toda la semana miramos las consultas de la gente. Nos interesa saber qué cosas referentes al tema les interesan. A veces, mientras los leemos comenzamos a conversar, a contraponer nuestras ideas y cuando queremos acordarnos estamos envueltos en ese trajín maravilloso del pensamiento.
El tema, ¿cobra en esta etapa, es decir en pandemia y aislamiento, un matiz diferente?
Por supuesto. El amor, si es sano, resulta fundamental para atravesar un momento tan complejo. La humanidad está en duelo. Todos hemos perdido algo. Estamos ansiosos y angustiados. En medio de todas esas sensaciones el amor aparece como una luz. El placer es la mejor herramienta para disminuir la ansiedad, y pocas cosas generan tanto placer como el amor... cuando es sano. En cambio, cuando se trata de un vínculo patológico, el amor abre la puerta del Infierno. Se vislumbra la violencia, el desinterés y la falta de reconocimiento. Estas circunstancias también impactan sobre las personas en pandemia, para peor. Aumentan el nivel de tensión y la angustia crece. Es decir que, para bien o para mal, el amor tiene una gran influencia sobre nosotros.
¿Recibiste consultas en este tiempo en las que la gente se replantea la firmeza del amor en la pareja, o el compromiso de sostenerse como pareja?
Por suerte, hace tiempo que la pareja dejó de ser una obligación para ser una elección. En otras épocas estar sin pareja era sinónimo de estar solo. Y no es así. Se puede estar acompañado y feliz aún sin tener un vínculo amoroso, y también atravesar una soledad profunda en medio de un matrimonio. La pareja está siendo cuestionada, es cierto. Pero esa es una buena noticia. Significa que se amplían los modelos posibles, vivir juntos o separados, por ejemplo, tener o no tener hijos, incluso los modelos de fidelidad son diferentes. Creo que la idea clásica de pareja está en crisis. Pero las crisis no implican algo malo, sino una pérdida del equilibrio anterior que bien puede estabilizarse a partir de un nuevo equilibrio superador.
Hoy, la idea del Príncipe Azul está totalmente devaluada, y los padres ya ni mencionan ese concepto. ¿Creés que está bueno salir de ese estereotipo? O quizás observás que quedan resabios en la educación de nuestros hijos...
De algún modo siempre soñamos con alguien que nos salve la vida. De eso se trata el amor. El enamorado cree que el amado es único, que puede completarlo, que daría la vida por él, que la vida no tendría sentido si no estuvieran juntos. Todas estas creencias, estas ilusiones que el amor genera, son inevitables. No importa si soñamos con un príncipe, una princesa o una serie de ellos o ellas. El amor supone idealizar a alguien, verlo diferente y creer que tiene aquello que nos hará felices. Es una falacia, pero sin ella el amor no funciona. Después vendrá el tiempo de la construcción de un amor más real, que reconozca las diferencias acepte que los príncipes azules destiñen. Pero algo debe conservarse de la ilusión del comienzo. Sin ella, el ser amado se transformaría en un ser como cualquier otro, lo que implicaría la caída del amor.
¿Qué es lo que te parece más preocupante en este tiempo de pandemia en las relaciones de pareja, y qué es lo más positivo que le ves?
Lo que más me preocupa es cómo esta situación requiere de una mayor paciencia y tolerancia. No es fácil estar todo el tiempo juntos. A veces, nos cuesta llevarnos bien con nosotros mismos, imaginemos con los demás. Pero esta convivencia full time también permite conocer quién somos y con quién estamos. Hay parejas que se vieron fortalecidas a partir de esta experiencia. Comprobar que quien está a nuestro lado puede comprendernos, alojar nuestra angustia, darnos placer y ayudarnos a sobrellevar los momentos de ansiedad, nos une mucho más.
¿Qué rol juega la pasión en todo este contexto?
El placer es la mejor forma de disminuir la angustia. La más sana. En ese sentido, la pasión, el erotismo son dadores de placer, por lo tanto, de sanidad. Una de las formas más hermosas de enfrentar un mundo difícil es la entrega amorosa y el disfrute sexual. En esos instantes no hay pandemia, no hay miedo, solo hay vida, que late junto a esa pasión que nos conmueve. Como todo, la pasión también tiene un costado negativo. Hay pasiones destructivas que nos llevan a los extremos, a manejar a doscientos kilómetros por hora, consumir drogas o jugar la casa en una ficha. Debemos estar atentos. Así como el amor, la pasión sana es un motivo de vida. Cuando se vuelve patológica acaricia las puertas de la muerte.
Tu mensaje para los enamorados y también para los desencantados...
Tanto unos como otros deben saber que el amor es algo muy importante, pero que no lo es todo. Que no todos los amores merecen ser vividos. Solo aquellos que nos permiten amar de pie, sin perder la dignidad. Que no hay nada más parecido a la muerte que el desamor, pero que debemos estar preparados para reponernos de nuestras pérdidas. De eso se trata la vida. De amar y perder... una y otra vez.

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